
El cierre de la campaña previa a las elecciones de este 2026 viene acompañado de encuestas electorales con múltiples datos que pueden ser confusos. Por eso, en La Nación presentamos los 10 elementos clave que debe tomar en cuenta en este ejercicio.
Este análisis se hace tomando en cuenta material de la Universidad de Costa Rica (UCR), la información entregada al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), así como entrevistas con dos coordinadores de estas encuestas: Ronald Alfaro, del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR, y José Andrés Díaz, del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) de la Universidad Nacional (UNA).
1- Una encuesta no es un sondeo
Hay dos tipos de estudios principales, muy diferentes entre sí: la encuesta y el sondeo.
Ambos parten de un cuestionario que pregunta sobre diversos temas de interés; en este caso, la política (particularmente, intenciones de voto). También pueden explorar las emociones ante las candidaturas, partidos políticos y la situación del país.
Sin embargo, las diferencias son muchas.
En un sondeo puede responder cualquier persona. El investigador no tiene control de cuántas participan, dónde viven, grupos de edad o niveles de estudio. Un ejemplo son los programas de televisión o radio que lanzan una pregunta al aire y le piden a la gente que vote.
“Esa audiencia puede ser muy diferente a una población”, precisó Alfaro.
En cambio, una encuesta parte de una muestra aleatoria y representativa. En este caso, tienen al padrón de todo el país como marco de referencia, por lo que deben representar de manera fiel la cantidad de habitantes por sexo, provincia, grupos de edad y nivel educativo, entre otros. En las entrevistas hechas a teléfonos celulares, también debe tomarse en cuenta el operador del servicio.
“Esto no tiene que ver con la cantidad de participantes. Pueden participar muchísimas personas en un sondeo. Usted puede captar a varios miles de personas a la salida del estadio de Alajuela, que probablemente a todos les guste el fútbol, casi todos sean liguistas y no haya representatividad de otros equipos. Serán miles, pero no son representativos del país. En una encuesta son menos personas, pero con una muestra aleatorizada y representativa bien hecha, de 1.000, 1.200, 1.500, puede tenerse esa idea país”, expresó Alfaro.
2- No todas las encuestas son iguales

En la familia de las encuestas hay muchas variedades.
Está la encuesta tradicional, en la que se toma una muestra y se le hacen las preguntas del cuestionario, que después serán analizadas y difundidas. Esta muestra solo se utilizará una vez.
Esta se diferencia de los estudios tipo panel, en los que se toma el mismo grupo de personas y se les hacen las mismas preguntas en diferentes momentos, para ver si hay cambios de opinión.
También están los de tracking, que pueden ser sondeos o encuestas, con seguimientos regulares que se realizan en periodos muy cortos, con preguntas puntuales en cuestionarios pequeños, para determinar los sentimientos y formas de pensar de un grupo y sus cambios.
También hay categorías según las formas de realizar la encuesta. Mientras que Idespo y CIEP utilizan llamadas telefónicas a números celulares, OPOL y Demoscopia las hacen de manera presencial, cara a cara.
3- ¿Quién hizo la encuesta?
Para tomar en serio los datos de intención de voto u otras variables electorales, se debe tener una firma responsable, tanto de una encuestadora como del coordinador de la investigación. Si no aparecen, desconfíe de los datos.
El TSE tiene inscritas nueve firmas encuestadoras:
- Opinión y Política C y C (OPOL Consultores)
- Borge VGBF Grupo Consultor S. A.
- Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo)
- Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR
- CID Gallup
- Investigaciones Psicosociales S. A.
- Universidad Latina
- Demoscopia
- CX Global Solutions Sociedad de Responsabilidad Limitada
Todas ellas deben presentar, una vez concluido cada estudio, la ficha técnica al TSE, además de seguir otras normas.
4- ¿Cómo se diseña el muestreo?
Las formas como se obtienen los encuestados también son claves.
El CIEP parte de un conocimiento del padrón electoral y de la composición de la población, según datos tanto del Registro Civil como de encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
“Al utilizar un sistema de telefonía que tiene penetración en todo el país, ya usted tiene una muestra representativa de esa población, solo por efecto del azar”, explicó Alfaro.
Tanto el CIEP como Idespo utilizan la ponderación para optimizar la muestra. José Andrés Díaz explicó que se trata de un proceso estadístico mediante el cual se aumenta o disminuye el peso de ciertas variables para ajustarse a las características demográficas.
“Supongamos que hay un 51% de mujeres en la población, y me salieron 50,3%. Entonces, se hace una ligera ponderación para que el peso sea del 51%”, puntualizó Díaz.
El muestreo de Demoscopia se hace por cuotas proporcionales a la población de los distritos, por sexo y edad. La muestra de 1.200 personas se divide en determinado número de encuestas a hombres, a mujeres, a individuos de cada grupo de edad y a personas en determinados distritos, según su peso en la población nacional.
OPOL indicó que la primera fase del muestreo fue estratificar según cantón y distrito, y de ahí se partió a hacer rutas, escoger hogares y el miembro del hogar que respondería.
La duda común en alguna gente que dice “a mí nunca me han llamado” radica en la poca cantidad de población encuestada.
“La Sutel tiene inscritas 7,5 millones de líneas celulares y cualquiera puede ser llamada; no sabemos cuáles son de empresas o cuáles las tienen personas menores de edad. Si una muestra tiene 1.000 personas, las probabilidades son de una en 750.000 de que su número telefónico salga. Creo que es una probabilidad menor que la de ganar el Gordo navideño”, señaló Díaz.
5- ¿Cómo interpretar las intenciones de voto?

Este es un punto clave, afirmaron Alfaro y Díaz. Si se ven diferencias marcadas entre las intenciones expresadas entre una encuesta y otra, hay que ver a qué se refiere cada porcentaje de apoyo.
Hay tres formas de presentar este dato, y deben analizarse para ver si son comparables:
- Entre todas las personas que participaron de la encuesta, incluso las que expresamente dijeron que no votarán.
- Entre todas las personas que dijeron que están decididas a votar. Esta categoría incluye a los indecisos.
- Entre todas las personas que ya tienen su voto definido por determinada candidatura, lo que elimina a los indecisos.
En la primera categoría, los porcentajes de apoyo a cada candidato serán menores, porque reflejan a todos los participantes. En la última, los porcentajes de apoyo son mayores, porque excluyen del juego a abstencionistas e indecisos.
6- ¿Cuándo fue hecha la encuesta?
Diferentes momentos en los que se aplicó el cuestionario pueden dar diferentes resultados. No es lo mismo el pensamiento en octubre, cuando muchas personas todavía no comenzaban a analizar su voto, que a finales de enero, ya muy cerca del día electoral.
Incluso, de una semana a otra podrían darse cambios pequeños, que deberían tomarse en cuenta al leer una encuesta.
Por ello, a Díaz no le agrada la frase de que una encuesta es la “fotografía de un momento”.
“Da a entender que las encuestas son instantáneas, como si en cuestión de segundos pudiera obtenerse la información. Si hubiera que dar un ejemplo, yo diría que es un GIF, con un pequeño movimiento; porque yo empiezo una encuesta un jueves, la termino una semana después, y en el transcurso de esa semana pudieron haber sucedido eventos que cambiaran las tendencias de si van a votar o por quién”, explicó.
7- ¿Qué se preguntó?

Las preguntas también pueden variar y esto debe tomarse en cuenta al analizar los datos.
Por ejemplo, no es lo mismo preguntar intención de voto que preguntar por quién nunca se votaría.
También hay preguntas, especialmente si son abiertas, que pueden ser interpretadas de diferente forma.
8- ¿Quién pagó por la encuesta?
Cada casa encuestadora debe ser transparente en cómo se financió. Esa información deben remitirla al TSE. Ahí deben establecer si se utilizan fondos propios o si estas fueron hechas para determinado grupo, como medios de comunicación o partidos políticos que los financiaron.
9- El margen de error
Este número habla de las probabilidades de error en los datos. Un margen menor implica mayor fiabilidad, y uno mayor indica más variabilidad y una menor certeza en los hallazgos de la encuesta.
Este número nunca podrá ser cero.
10- Las dinámicas humanas
Alfaro y Díaz coinciden en que las encuestas no tienen como rol predecir el resultado electoral. Hay muchas dinámicas que confluyen en la toma de decisiones, y pueden darse cambios en la decisión incluso minutos antes de emitir el voto.
“Es un gran mito. El objetivo es entender el comportamiento de un fenómeno con la mayor profundidad posible. El que tengan que ‘pegar’ un resultado electoral es un mito, especialmente cuando hay una alta incertidumbre en el panorama electoral. El estudio panel reduce esa incertidumbre porque enfoca los cambios y las direcciones en las que se da, pero no la elimina”, destacó Alfaro.
Díaz recalcó que la veracidad de las encuestas depende de la información que los participantes proveen.
“Hay elementos donde la ‘deseabilidad’ social pesa mucho. Por ejemplo, las personas saben que es mal visto decir que no van a votar. Entonces, puede haber abstencionistas que indiquen que sí tienen disposición de votar para no sentirse juzgados por el encuestador”, concluyó.
