
Como responsable de la sección de Opinión de La Nación, deseo ofrecer una disculpa sincera a las personas autistas, a sus familias y a quienes se sintieron ofendidos por un artículo publicado este lunes, titulado “Autismo político: nuestro peor infortunio”.
Utilizar el autismo como metáfora para describir la resistencia de distintos actores políticos e institucionales a comprender y aplicar integralmente el marco constitucional y legal del Estado fue un error de criterio y una ligereza que lamentamos.
Aunque no hubo intención de ofender ni estigmatizar a las personas autistas, reconocemos que apelar a una condición del neurodesarrollo como metáfora de una deficiencia, resistencia o incapacidad resulta desafortunado y puede alimentar estereotipos y causar dolor.
Por eso corregimos el contenido. Este miércoles cambiamos en la versión digital el título del texto por “La resistencia política a entender el Estado” y eliminamos de él todas las referencias al autismo y al término “autismo político”. La discusión que el artículo propone –sobre la necesidad de aplicar rigurosamente el marco constitucional y legal existente, en vez de plantear nuevas “refundaciones” del Estado– se sostiene plenamente sin recurrir a esa expresión.
Somos conscientes de la responsabilidad que tienen los medios en la construcción de una sociedad más respetuosa e inclusiva y La Nación ha procurado contribuir a esa tarea mediante contenidos que ayuden a comprender el trastorno del espectro autista y a combatir prejuicios.
En abril de 2025 publicamos en esta misma sección el artículo “La melodía silenciosa del trastorno del espectro autista”, que explicaba que el TEA no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo. En octubre, incluimos el texto “De las lunas de Júpiter al autismo”, que abordó el aumento de los diagnósticos y explicó por qué este fenómeno no constituye una “epidemia de autismo”. Y en noviembre, compartimos “Carlo, mi nieto autista, y los dos señores del Teatro Nacional: el amable y el que lo trató mal”, un texto profundamente humano sobre inclusión y trato digno, contado desde la experiencia de un abuelo.
Estos antecedentes no excusan nuestro error. Al contrario, nos comprometen a ser aún más cuidadosos. Precisamente porque creemos en la importancia de informar sobre el autismo con rigor y respeto, reconocemos que en esta ocasión no estuvimos a la altura de ese compromiso.
Personas con autismo y sus familias nos han hecho ver que no se trataba simplemente de una palabra ni de una metáfora. Lo entendemos y lo lamentamos.
Ofrecemos nuestras disculpas y agradecemos a quienes nos señalaron el error. Corregir también es parte de la responsabilidad periodística.
En La Nación seguiremos defendiendo el debate abierto de las ideas y, al mismo tiempo, procurando que ese debate se dé con respeto, rigor y responsabilidad en el uso del lenguaje.
