
El legislador José Jerí Oré fue censurado como presidente del Congreso de la República este martes 17 de febrero, luego de que las siete mociones en su contra, que fueron acumuladas en una, prosperaran con amplia mayoría en un pleno extraordinario. Con ello, culmina también el gobierno interino que durante apenas cuatro meses acumuló escándalos que hicieron imposible su permanencia en el cargo.
Las denuncias por presunto tráfico de influencias, las reuniones clandestinas con empresarios chinos captadas en video mientras ingresaba encapuchado a un chifa (cocina de fusión chino-peruana) en San Borja, las contrataciones irregulares de personas que lo visitaron en Palacio de Gobierno y una larga lista de cuestionamientos éticos terminaron por socavar cualquier vestigio de legitimidad de alguien que había empezado con un sólido respaldo ciudadano.
Cuando un presidente pierde la confianza de la gente a tal velocidad, la caída política se vuelve inevitable. José Jerí lo sabía, pero persistió en justificar lo injustificable, cambiando de versión conforme aparecían nuevas evidencias que lo comprometían.
El Congreso de la República optó por la censura cuando múltiples constitucionalistas advirtieron de que el mecanismo correcto era la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, conforme al artículo 113 de la Constitución. La censura es una figura de control político diseñada para ministros o autoridades del Parlamento, no para un jefe de Estado en ejercicio.
El proceso se llevó a cabo al caballazo, atropellando consideraciones constitucionales elementales. Diversos especialistas han señalado que la censura era improcedente e inconstitucional en este caso. Pero el Legislativo eligió el camino más expedito: la mayoría simple, en lugar de los 87 votos que exige una vacancia. El resultado es un precedente pésimo que debilita la institucionalidad y genera incertidumbre jurídica.
Si hoy se puede censurar a un presidente en funciones bajo el argumento de que mantiene un cargo parlamentario, mañana cualquier Congreso podrá derribar a un mandatario interino sin cumplir con las exigencias constitucionales que garantizan estabilidad a un régimen presidencial que la ha perdido hace ya mucho tiempo, pues se trata del octavo presidente en la última década.
Hoy miércoles, el Parlamento debe elegir un nuevo presidente interino que asuma la conducción del Estado en estos meses críticos previos a las elecciones. Se requiere un perfil de consenso, con autoridad moral en un momento de profunda desconfianza institucional. La responsabilidad de los congresistas es mayúscula: deben escoger con sensatez, pensando en el interés nacional y no en cálculos electorales de corto plazo.
La salida de José Jerí de la presidencia es consecuencia de sus propios actos. Pero el Congreso comparte responsabilidad por haber optado por una alternativa que deja al país con un precedente constitucional cuestionable. El Perú necesita estabilidad. El récord de presidentes en la última década es digno de vergüenza. Pero es también una lección: los peruanos debemos pensar muy bien nuestro voto en estas elecciones. Debemos informarnos con responsabilidad y criterio antes de ir a las urnas. No podemos repetir los errores que nos han llevado a esta crisis política que parece no tener final.
Editorial del diario ‘El Comercio’, de Perú, publicado este miércoles 18 de febrero. Reproducido con autorización del medio y gracias a acuerdo con el Grupo de Diarios de América (GDA).