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Editorial: Obstáculo a la formalización

Es necesario refinanciar las cotizaciones de forma que no pesen exclusivamente sobre las planillas para que la Caja deje de obstaculizar el empleo y no solo la formalización.

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La Caja Costarricense de Seguro Social goza de mucha estima y las razones son fáciles de comprender. El restablecimiento de la salud propia o de un ser querido es causa de duradera gratitud y el solo hecho de saber que existe una institución adonde acudir en caso de una enfermedad, especialmente si es grave, produce tranquilidad. En consecuencia, la institución constituye un puntal de nuestra paz social.

Esos méritos son fruto de las funciones asignadas a la Caja, no necesariamente de su óptima administración y ni siquiera del cumplimiento pleno de su cometido. Hay listas de espera, escándalos de corrupción, excesos presupuestarios, trato deficiente de los asegurados e infraestructura necesitada de mejoras. También hay un costo elevado para el aparato productivo, incluidos los trabajadores marginados de su operación formal por las altas cargas sociales.

A menudo, el reconocimiento de las contribuciones de la Caja precluye el examen de sus debilidades. La burocracia institucional es la primera en confrontar la crítica, argumentando el trascendental papel de la seguridad social, como si el señalamiento de deficiencias convirtiera a quien lo hace en enemigo del concepto mismo.

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