Editorial

Editorial: Nuestra marca país ahora tiene barrotes

La presidenta Laura Fernández dijo durante la inauguración del Cacco que nuestro país se convertirá en un referente mundial en seguridad penitenciaria. Durante décadas, Costa Rica se dio a conocer ante el mundo con dos palabras: pura vida. Hoy corre el riesgo de quedar retratada por otras dos: alta contención

Cacco
Las imágenes del nuevo centro penal han llegado hasta Londres, Madrid y Pekín, a través de medios de prensa de esos países. La imagen que proyectamos ante el mundo es inequívoca. Ministerio de Justicia

El 14 de octubre anterior, Costa Rica inauguró el Centro de Alta Contención contra el Crimen Organizado (Cacco), una cárcel para 5.100 reclusos, cifra equivalente a cerca de una quinta parte de la población penitenciaria actual. El penal se inspira en el Cecot salvadoreño y medios internacionales como Reuters, Al Jazeera y Bloomberg cubrieron la noticia destacando que Costa Rica se suma al modelo de Nayib Bukele. Pocas informaciones sobre el país han circulado tanto internacionalmente en los últimos años.

Este interés viene de la paradoja de que un país que durante décadas se caracterizó por la abolición del ejército, la apuesta por la naturaleza, la estabilidad democrática y el turismo, ahora recibe atención internacional por una megacárcel.

Como dijimos en este espacio en días anteriores, la inauguración del Cacco es una buena noticia desde el punto de vista de infraestructura penitenciaria, pero la seguridad del país comienza antes de la celda. Aquel editorial se enfocaba hacia dentro; en este, dirigimos la mirada hacia el exterior. Nadie discute que el sistema penitenciario necesitaba espacio, ni que el Estado debe recuperar el control de cárceles que el propio Ministerio de Justicia ha admitido que están infiltradas por el crimen organizado.

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