Editorial

Editorial: La inaceptable invasión de Ucrania

Bajo ningún concepto es tolerable la flagrante violación de otro Estado, con su pavoroso costo en vidas. Las pretensiones imperiales de Putin deben ser frenadas con unidad y firmeza, aunque reclame sacrificios

An Ukrainian Military Forces serviceman checks his weapon as he stands in a trench on the frontline with the Russia-backed separatists near Zolote village, in the eastern Lugansk region, on January 21, 2022. - Ukraine's Foreign Minister Dmytro Kuleba on January 22, 2022, slammed Germany for its refusal to supply weapons to Kyiv, urging Berlin to stop "undermining unity" and "encouraging Vladimir Putin" amid fears of a Russian invasion. (Photo by Anatolii STEPANOV / AFP)
An Ukrainian Military Forces serviceman checks his weapon as he stands in a trench on the frontline with the Russia-backed separatists near Zolote village, in the eastern Lugansk region, on January 21, 2022. - Ukraine's Foreign Minister Dmytro Kuleba on January 22, 2022, slammed Germany for its refusal to supply weapons to Kyiv, urging Berlin to stop "undermining unity" and "encouraging Vladimir Putin" amid fears of a Russian invasion. (Photo by Anatolii STEPANOV / AFP) AFP

Hasta octubre del pasado año, cuando los servicios de inteligencia estadounidenses alertaron sobre el inicio de movilizaciones militares rusas en la periferia de Ucrania, resultaba impensable una invasión de ese país, una exrepública soviética que, como otras, se separó del fallido imperio comunista en 1991. ¿Cómo, a estas alturas de la historia, se le ocurriría al gobernante de una potencia violentar el concepto de respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados, principio básico de la convivencia internacional, desatar el peor conflicto bélico en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y abrir una caja de Pandora de muertes, destrucción, represalias y tensiones geopolíticas exacerbadas?

Ya para entonces Vladimir Putin parecía haber construido en su mente una respuesta. En ella, puso a un lado, con total irresponsabilidad y desdén por la vida, estas y otras terribles consecuencias. La concentración de tropas y una gran parafernalia bélica continuó sin cesar y se extendió también a Bielorrusia, cada vez más sometida a los designios de Moscú. Así, lo impensable se convirtió en posible. Muy pronto, pese a las negativas del autócrata ruso, una cadena de ingentes gestiones diplomáticas de Estados Unidos y sus aliados europeos, y reiteradas advertencias sobre graves consecuencias económicas, la intervención se volvió inminente.

El jueves en la madrugada sucedió lo peor posible: aviones, helicópteros, misiles, tanques, vehículos blindados y miles de soldados se volcaron masivamente sobre el territorio ucraniano, en una operación brutal sin precedentes en siete décadas. Las bajas militares y civiles han comenzado a acumularse ominosamente, aunque aún no existen cifras confiables. La destrucción se extiende más allá de los objetivos militares o logísticos. La impotencia del gobierno democrático de Kiev es patente ante la superioridad rusa. Aún así, la resistencia ha sido férrea y el avance de los invasores ha debido reducir su ímpetu, aunque ya han llegado a la capital.

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