Editorial

Editorial: Garantía de la desigualdad

La administración de Luis Guillermo Solís, con deliberada determinación, descarriló la propuesta legislativa de Mario Redondo de eliminar el “enganche” médico. A cambio, planteó la falacia de un decreto ejecutivo, cosa que a nadie convenció, pero que sirvió para congraciarse con algunos sectores públicos.

06/08/2018, San José, Parroquia de San Pedro, misa del funeral de don Fredy Solís, padre del ex presidente de la república Luis Guillermo Solís. Fotografía José Cordero
06/08/2018, San José, Parroquia de San Pedro, misa del funeral de don Fredy Solís, padre del ex presidente de la república Luis Guillermo Solís. Fotografía José Cordero Jose Cordero

La ley de “enganche”, a cuyo tenor el sector público está obligado a aumentar los salarios de los profesionales en ciencias médicas, como mínimo, en el mismo porcentaje aplicado al salario promedio de los empleados del Gobierno Central, es una de las aberraciones más vergonzosas del sistema de privilegios que carcome las finanzas públicas, pero si le creyéramos a la administración pasada, el problema ya no existe.

Para descarrilar la enmienda legislativa propuesta por el diputado Mario Redondo con el objeto de derogar el “enganche”, Luis Guillermo Solís firmó un decreto y declaró el asunto resuelto. No es cierto, como tampoco son verdad las explicaciones ofrecidas inicialmente para defender la irresponsable emisión de bonos sin contenido presupuestario o aquel otro decreto, supuestamente capaz de moderar la primera versión de la Reforma Procesal Laboral al limitar sus disposiciones sobre las huelgas en los servicios esenciales.

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