Editorial

Editorial: Defensa de un privilegio

Ningún salario por encima de ¢862.000 está exonerado, salvo el escolar. Los defensores de la discriminación ni siquiera explican por qué la diferencia con el resto de la sociedad

Pedro Muñoz, del PUSC, dijo que la guillotina se debe cumplir a rajatabla y adujo que, para demostrar el riesgo del portillo que atrase proyectos, había presentado 46 mociones de audiencia que podrían bloquear un proyecto como el de exoneraciones. Foto: Captura.
Pedro Muñoz, del PUSC, dijo que la guillotina se debe cumplir a rajatabla y adujo que, para demostrar el riesgo del portillo que atrase proyectos, había presentado 46 mociones de audiencia que podrían bloquear un proyecto como el de exoneraciones. Foto: Captura.

No le harán caso, y la ministra de Planificación Pilar Garrido lo sabe, pero su insistencia ante los diputados sobre la necesidad de reponer ¢43.000 millones anuales a las arcas del Estado, si persisten en exonerar el salario escolar del impuesto sobre la renta, enfatiza el costo de conservar un privilegio tan indefendible como inexplicable.

Ningún salario por encima de ¢862.000 está exonerado, salvo el escolar. Los defensores de la discriminación ni siquiera explican por qué la diferencia con el resto de la sociedad. Intentaron, en algún momento, decir que no es realmente un salario, pero lo es desde su nombre y la Sala Constitucional no dudó antes de confirmarlo. Luego, pretendieron hacer creer que el impuesto se cobraba en cada “retención” mensual, pero el desmentido está en la propia ley y su explícita exclusión del beneficio.

Es salario y no se cobra un cinco a quienes lo perciben. Si la reforma se aprueba, quienes ganan menos de ¢862.000 seguirán exonerados, como cualquier otro ciudadano de ese nivel de ingresos. No obstante, los diputados de la Comisión de Asuntos Jurídicos Franggi Nicolás, José María Villata, Paola Vega, Pedro Muñoz y Walter Muñoz lo defienden en nombre de la justicia social.

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