Editorial

Editorial: Convenio con el FMI

Un objetivo clave es que el endeudamiento del Gobierno descienda al 50 % del PIB en el 2034. Eso exige un amplio acuerdo porque también comprometería a las tres próximas administraciones.

En esta foto de archivo tomada el 10 de febrero de 2020, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, escucha durante un evento en el Banco Mundial en Washington, DC. Fotografía: AFP.
En esta foto de archivo tomada el 10 de febrero de 2020, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, escucha durante un evento en el Banco Mundial en Washington, DC. Fotografía: AFP. BRENDAN SMIALOWSKI

Las medidas para enfrentar la pandemia de la covid-19 redundan en una caída significativa de la producción, el recrudecimiento del desempleo y el aumento de la pobreza, con grave deterioro de las finanzas públicas, maltrechas desde antes de la crisis. El país está obligado a recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), entidad multilateral de la cual Costa Rica es miembro, para obtener un préstamo en condiciones blandas como apoyo presupuestario y también como refuerzo de la balanza de pagos. El monto estimado de ese préstamo es de $1.750 millones, a ser desembolsados a los largo de los próximos tres años.

Costa Rica hizo ya el primer contacto con Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI. El presidente del Banco Central, Rodrigo Cubero, calcula que la negociación podría tomar dos semanas. La estimación es un tanto optimista, pues el FMI no concede un préstamo de esa magnitud sin un conjunto aceptable de condiciones que garanticen mejorar la situación económica del país receptor y su capacidad de pagar el crédito.

El FMI ofrece apoyo para atender problemas de inestabilidad temporal, que demandan rápidas soluciones administrativas, es decir, bajo el control del Poder Ejecutivo. Los convenios de este tipo se denominan stand-by. Los convenios stand-by normalmente tenían un plazo de ejecución coincidente con el plazo de la administración del país suscriptor. Para enfrentar debilidades estructurales, necesitadas de respuesta a mediano y largo plazo, y hasta de reformas legales, los países solían recurrir al Banco Mundial.

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