Editorial

Editorial: Carreteras estratégicas

No es difícil imaginar, en un invierno intenso, la interrupción del paso por Cambronero mientras un deslizamiento en el kilómetro 44 impide utilizar la ruta 27

A eso de las 11:20 a. m de este lunes el bus sinistrado en Cambronero volvía a la calzada gracias al remolque con grúas. Foto: Cortesía Pegando Porte.
A eso de las 11:20 a. m de este lunes el bus sinistrado en Cambronero volvía a la calzada gracias al remolque con grúas. Foto: Cortesía Pegando Porte.

La falta de inversión en infraestructura, la imprevisión y las reparaciones temporales, apenas útiles para posponer las peores consecuencias, conspiran con la violencia de la temporada lluviosa para pasarnos la cuenta. En ocasiones cuesta dinero y, en otras, como en Cambronero el fin de semana, las pérdidas son inestimables por tratarse de vidas y daños a las personas.

El paso de la Interamericana norte, donde sucedió la tragedia, no recibe atención desde hace más de 18 meses. Como en la mayor parte del país, no hay un contrato de conservación vigente para vigilar y restaurar la vía, pese a la reconocida peligrosidad de sus taludes y hundimientos.

En la principal vía hacia el Pacífico, la ruta 27, un hundimiento entre Orotina y Atenas, en el kilómetro 44, se hace cada vez más profundo. Aparte del peligro presente y los embotellamientos causados por la disminución de la velocidad para sortear el obstáculo, existe el peligro de un deslizamiento mayor, capaz de causar una tragedia y cortar la vía en dos.

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