Editorial

Editorial: Brecha entre pueblo y sindicatos

Sin importar el desenlace de la huelga, el movimiento mostró su debilidad y que recurrió al cierre de calles y al amedrentamiento para surtir presión. Sin embargo, la población ha repudiado sus exigencias, pues se sabe que no pelean contra los impuestos, sino por mantener sus privilegios.

El exatleta olímpico y guía turístico Róger Madrigal protestó en Turrialba por lo bloqueos en las calles de los manifestantes contra el combo fiscal, que no le dejan que los turistas puedan llegar a los ríos Pacuare y Pejivalle.Cortesía: Olman Mora
El exatleta olímpico y guía turístico Róger Madrigal protestó en Turrialba por lo bloqueos en las calles de los manifestantes contra el combo fiscal, que no le dejan que los turistas puedan llegar a los ríos Pacuare y Pejivalle.Cortesía: Olman Mora

La huelga convocada por los sindicatos del sector público no guarda relación alguna con el aumento de impuestos. Es un movimiento de defensa de los privilegios obtenidos a lo largo de los años por una minoría alojada, especialmente, en las instituciones autónomas y empresas del Estado. Los empleados públicos son apenas el 15 % de la fuerza laboral y, de ellos, pocos disfrutan los excesos defendidos por los huelguistas.

El 85 % de la población, además de buena parte de los empleados del Gobierno Central, ni siquiera sueña con 20 años de cesantía, pago de prestaciones en caso de despido justificado, lujosas pensiones y exorbitantes anualidades, entre muchos otros beneficios. Sin embargo, el costo de los privilegios se carga en hombros de esa mayoría.

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