Quiéranlo o no, los próximos diputados del Partido Liberación Nacional (PLN) cargarán un gran peso sobre sus espaldas.
En un cuatrienio que amenaza con convertir al Congreso en una arena de fuertes refriegas ideológicas en torno a asuntos muy controversiales, el peso de los 17 votos verdiblancos será decisivo para inclinar la balanza hacia un lado u otro.
Así lo entienden tirios y troyanos. Por ello, no es gratuito que el presidente Rodrigo Chaves haya salido en público a decir que el oficialismo buscará “diputados buenos” dentro del PLN para aprobar “reformas profundas”.
¿Diputados buenos para qué fin? Las posibles respuestas generan inquietud, si se toma en cuenta que el chavismo ha expresado abiertamente interés en impulsar una serie de iniciativas que huelen a peligro.
El levantamiento de las garantías individuales, la reelección presidencial continua o la venta del Banco de Costa Rica (BCR) son propuestas que, necesariamente, deben recibir 38 votos para ser aprobadas en la Asamblea Legislativa.
La simple matemática confirma que a la futura bancada del Partido Pueblo Soberano (PPSO) no le alcanzan sus números para hacer lo que quiera. La realidad política indica que necesitará, al menos, siete votos para alcanzar sus objetivos.
Al echar un vistazo a la futura conformación del plenario legislativo, inevitablemente todos los ojos apuntan a la acera liberacionista como un frente que podría ser sometido a intensas ofensivas desde Zapote en busca de voluntades reclutables.
La cohesión partidaria mostrada por el Frente Amplio en anteriores periodos parece blindar, en principio, a los próximos siete diputados de esa agrupación ante posibles fracturas.
En tanto, las fracciones unipersonales de Claudia Dobles (CAC) y Abril Gordienko (PUSC) no parecen ser un objetivo numéricamente tentador ni ideológicamente compatible para que el oficialismo invierta esfuerzos en “desplegar sus encantos”.
De nuevo, las miradas recaen en las tiendas liberacionistas. Ni el excandidato presidencial Álvaro Ramos fue capaz de descartar que algún diputado se salga del canasto, aunque marcó una “línea roja” en contra del levantamiento de las garantías individuales.
La presencia de figuras jóvenes y sin callo político podría ser una desventaja a la hora de mantener la línea de fracción. Pero también podría darle al PLN un ímpetu y una rebeldía a prueba de balas para enfrentar tentaciones o presiones.
Sin duda, la principal fuerza de oposición estará bajo constante rayería y escrutinio durante los próximos cuatro años, en una etapa que también será crucial para la supervivencia de su proyecto electoral. Ya veremos si estará, o no, a la altura del momento histórico.

