Columnistas

No es momento de echar culpas, sino de actuar

Pilar Cisneros y Stephan Brunner no son del mismo criterio sobre el estado del país porque Costa Rica no está en quiebra

Según Pilar Cisneros, jefa de fracción del partido del gobierno electo, el país está en quiebra. Según Stephan Brunner, vicepresidente y coordinador designado del equipo económico de Chaves, el país no lo está.

La diferencia de criterio podría obedecer a la función que cada uno ejercerá dentro del equipo del presidente Chaves, así como a sus antecedentes profesionales.

A la diputada le toca enfrentar y negociar con los partidos de oposición en la Asamblea. Imagino que dentro de su estrategia podría estar el querer pintar una situación del país lo más grave posible para, con ello, “forzar” a los diputados a que aprueban los proyectos que presentará el nuevo gobierno, ante la amenaza de ser declarados culpables del eventual descalabro. Además, como comunicadora, podría estar intentando resaltar la imagen de su presidente, culpando al gobierno de Alvarado por lo que pueda pasar en adelante.

El vicepresidente Brunner, imagino, debe estar pensando en cómo hacer para que no se detenga el flujo de dinero que el gobierno necesita para seguir operando. Para eso, y como economista, debe tener muy claro que hay que generar confianza ante la comunidad financiera, nacional e internacional, y que por eso no se deben decir barbaridades como lo que dijo doña Pilar.

La realidad es que el país no está en quiebra. Es más, se puede decir que está en mejor situación financiera que hace cuatro años. En aquel entonces, aunque la deuda pública era menor que ahora y el gobierno enfrentaba vencimientos de deuda en su primer año muy parecidos a los actuales, no había muchas fuentes de financiamiento disponibles. Ahora el gobierno cuenta con proyectos de financiamiento para ser aprobados por la Asamblea, cercanos a los $2.600 millones, así como con la posibilidad de nuevas emisiones de eurobonos que acaba de presentar el gobierno saliente.

En el 2018, el gobierno enfrentaba una situación de gasto y déficit crecientes, mientras que el gobierno entrante maniobra con un gasto que casi no crece (gracias a la regla fiscal) y un superávit primario previsto para el 2022, en lugar de déficit, que disminuye significativamente las necesidades de financiamiento adicional.

La situación no es de quiebra, pero sí de cuidado. No es para alarmarse, sino para ocuparse. No es el momento de echar culpas al aire, sino de actuar para solucionar.

lmesalles@ecoanalisis.org

El autor es economista.

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.