La exdiputada Marulin Azofeifa pronunció una fuerte frase en la entrevista que le concedió a la periodista Natasha Cambronero, de La Nación, para hablar sobre las presuntas agresiones sexuales que sufrió durante ocho años de parte del congresista y excandidato presidencial, Fabricio Alvarado.
Azofeifa explicó que sentía miedo de denunciar porque muchos no le creerían, en vista de la imagen religiosa que se había construido alrededor del líder del Partido Nueva República (PNR).
“El miedo es tanto y también la culpa que se siente, porque una se siente mal. Y la otra es que le vayan a creer a una. Porque la gente dirá: 'Eso es mentira, ¿cómo él va a hacer eso, si es hijo de Dios?’”, comentó la exlegisladora.
En términos de opinión pública, este tipo de imagen es un factor preponderante y sí puede funcionar como un escudo, el cual se acrecenta cuando se mezcla con el poder político.
La popularidad funciona como una suerte de inmunidad. Muchos tienden a no creer cuando el cuestionado está en las puertas o en las esferas del poder, aunque esa condición no siempre es perpetua.
En Costa Rica, afortunadamente, existe el principio de inocencia y hasta los políticos lo defienden cuando les conviene. Le corresponde al Ministerio Público hacer una investigación objetiva de cada caso, en busca de la verdad real, pero ni la Fiscalía ni los jueces pueden aceptar sesgos religiosos.
Al ver comentarios en redes sociales, es fácil constatar que el temor de la exdiputada estaba fundamentado. Muchos optan por juzgarla a ella y por estimar imposible su versión a partir de convicciones personales.
Azofeifa concluyó su frase diciendo: “Yo no voy a cuestionar si es hijo de Dios o no es hijo de Dios. Él sabrá. Porque a mí no me toca juzgarlo. Lo que sí lo va a juzgar a él es la justicia terrenal de aquí, de Costa Rica”.
Esteban Oviedo es jefe de Redacción de ‘La Nación’.
