Uber: ¿Cuál es tu problema? Al enfocar el enfrentamiento entre esta novedosa plataforma tecnológica con los aguerridos taxistas, ambivalente gobierno y los consumidores estrujados, voy a invocar la simbología musical de una de las mejores creaciones de Ricardo Arjona: El problema. Dice así: “el problema no es problema, el problema es que me duele; el problema no es que juegues, el problema es que es conmigo; si me gustaste por ser libre, ¿quién soy yo para cambiarte?”.
El problema no es inopia del servicio de taxi, el problema es que es muy caro; el problema no es falta de regulación, el problema es que no es libre; el problema no es ausencia de demanda, es que estaba reprimida; el problema no es falta de voluntarios, es que los tráficos y taxistas los persiguen; el problema no es vacío de norma fiscal, es que no la hacen cumplir; el problema no es saber cómo liberar el mercado, es que el gobierno no se atreve.
Quisiera poder decir que dio un buen paso al proponer el proyecto de Reforma al Sistema de Transporte Remunerado de Personas y Regulación de las Empresas de Plataformas Tecnológicas de Transportes, pero no. Lejos de promover, como pregona, la sana competencia y abaratar el costo, más bien lo encarece y –peor aún– incurre en un nuevo proteccionismo clientelista para los taxistas, a quienes teme por su poder de paralizar ciudades.
No está bien que el MOPT o el Congreso exijan a Uber un canon de ¢8.299 millones a cargo del supuesto impuesto de renta de los últimos tres años sin un debido proceso en donde demuestren sus ingresos brutos y gastos deducibles (domicilio de hecho para efectos tributarios), como manda la ley actual. Exigir el 13 % del IVA que, por definición, se traslada al usuario y un 3 % adicional sin que tales cargas se cobren a la competencia, afectaría a Uber. Más ahí no cesa el calvario. Limitar arbitrariamente el número de unidades dañaría la cobertura, empleo y oportunidades de muchos jóvenes que solo pueden laborar a tiempo parcial.
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Los taxistas, en cambio, pueden adquirir sus unidades sin impuestos, están exentos del IVA (no sé si declaran renta), su clientela no tendría que pagar ese 3 % y recibirían una jugosa ayuda financiera para renovar su flotilla. Arjona, de taxista, zigzaguea libremente en Reforma para recoger a la rubia en el mismo lugar; los “uberistas”, por desdicha, no se podrán dar ese lujo. El proyecto ayuno de “justicia y equidad” del titular de Transportes, Méndez Mata, casi los mata.