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El cucharón del CNP

Según una reciente investigación de la Universidad Nacional (UNA), el Consejo Nacional de la Producción vende sus productos a precios mayores a los del mercado y gana jugosas comisiones en el proceso

Recuerdo que en mi niñez había un juego en el que a uno le preguntaban si quería cucharita o cucharota, y si uno se atrevía a pedir cucharón, ay Dios mío, tenía que irse corriendo a toda prisa.

Claro, lo que sucedía es que la chiquillada estaba atenta a escuchar la dichosa palabra, para salir en estampida a cosquear al goloso que se había atrevido a pedir el utensilio más grande para servirse.

Hoy, muchos años después, considero que detrás de este juego infantil hay una importante lección que se le debería aplicar al Consejo Nacional de la Producción (CNP) por su voracidad.

Según una reciente investigación de la Universidad Nacional (UNA), esta institución vende sus productos a precios mayores a los del mercado y gana jugosas comisiones en el proceso.

El estudio halló, por ejemplo, que el CNP vende frijoles a un precio hasta un 96% más caro que la suma que cobran los pequeños productores de este grano.

Lo anterior obedece a la existencia de una cadena de intermediarios y al margen de comercialización que percibe la institución por llevar los productos hasta sus clientes.

¿Y quiénes son los que compran ese frijol encarecido? Pues las escuelas, las cárceles, los hospitales, la Fuerza Pública y los Cen-Cinaí con el dinero de los contribuyentes.

El problema es que hay elementos para sospechar que esta dinámica se extiende al resto de frutas, verduras y legumbres que estas entidades están obligadas a comprarle al CNP por ley.

De hecho, 15 Juntas de Educación consultadas por la UNA para su investigación consideraron que los sobreprecios están presentes en todos los alimentos que le compran al Consejo.

Ya la Contraloría General de la República lo había advertido en el 2019, cuando señaló que el 60% de los productos que el CNP surtía para consumo de escolares tenía un costo mayor al que cobraban los negocios ubicados cerca de los centros educativos.

¿Cuál es el sentido de esta práctica abusiva? ¿Llenar los bolsillos de los intermediarios a costa del esfuerzo de los pequeños y medianos productores? ¿Financiar los pluses que recibe la planilla de CNP?

Para contestar estas preguntas resulta necesario intervenir al Consejo Nacional de la Producción y revisar si se justifica que siga usando el cucharón para comerse los fondos públicos.

El pasado 15 de setiembre, el presidente Carlos Alvarado llamó a tomar medidas valientes en lo que falta de su mandato. Podría empezar, entonces, por entrarle a fondo a este tema.

Hasta los chiquillos de mi época habrían sabido que ya es hora de socollonear al CNP.

rmatute@nacion.com

Ronald Matute

Ronald Matute

Tiene amplia experiencia en la cobertura de temas políticos y sociales. Hasta el 2009 se desempeñó como editor de la sección de Sociedad y Servicios. Es licenciado en Periodismo por la UCR. Recibió el premio de La Nación como "Redactor del año" en 1999.