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Cuando la pereza manda

No todo lo que nos enseñó la pandemia es bueno. Rechazar reuniones presenciales por pereza no es una buena idea, a menos que consideremos a los demás asistentes un desperdicio de espacio, en cuyo caso tampoco deberíamos asistir de manera virtual.

No todas las reuniones son mejores cuando se llevan a cabo de forma virtual. Si bien la virtualidad nos permite ahorrar tiempo, combustible y salud, la calidad de la experiencia podría justificar perder esos ahorros.

Es bastante obvio que la experiencia en una reunión con 10 o 20 personas no puede simularse durante una videoconferencia. La tecnología no nos provee suficiente ancho de banda.

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