Columnistas

Mundo híbrido en pañales

Las actividades que combinan la virtualidad con la presencia deben facilitar la participación igualitaria de todos

Hace 18 meses el mundo era básicamente presencial y me costaba que aceptaran las reuniones virtuales. De repente, se tornó virtual. Cientos de millones de personas se quedaron en sus casas y continuaron trabajando de manera remota, utilizando herramientas para videoconferencias. Ahora todas las reuniones se llevan a cabo a distancia, algunas más eficaces que otras.

Al quedarnos los trabajadores de oficina en nuestras casas, se redujo el consumo de combustible, aumentó la productividad, mejoró la calidad del aire y se incrementó el tiempo disponible. También, se complicó la administración del personal que no tenía métricas de productividad, los jefes no sabían cómo ser jefes en remoto y los jóvenes perdieron el ejemplo, guía y ayuda de los mayores. Asimismo, la formación de nuevos equipos de trabajo cayó en dinamismo y también la separación entre la vida en el hogar y en la oficina. El agotamiento tecnológico se reveló en muchos casos.

Las actividades también se virtualizaron. Eso trajo mayores audiencias con mucho mayor alcance geográfico, pero menos tiempo de transmisión (rápidamente aprendimos que la audiencia no pasa varias horas frente a un monitor como en un teatro o auditorio). Las actividades por Internet facilitan la presentación de artistas y conferencistas de todas partes del mundo a través de sistemas de traducción más eficientes, y todo por una fracción del costo. La interacción entre los miembros de la audiencia es más difícil, a pesar de las novedosas herramientas diseñadas para ello.

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