
Pasar horas frente al mar, contemplar el brillo del sol sobre el agua y sentir la brisa en el rostro es, para muchos, la definición perfecta de descanso y desconexión de la rutina. Pero ese mismo escenario puede convertirse en un riesgo silencioso para la salud visual.
De acuerdo con Johann Fernández, cirujano oftalmólogo de la Clínica Burstin, parte de la red médica Medismart, la radiación ultravioleta, el viento, la arena y los microorganismos presentes en el agua forman una combinación que, sin protección adecuada, puede provocar desde irritaciones leves hasta daños permanentes.
Lo que debe saber:
- La radiación ultravioleta (UV) atraviesa las nubes y su efecto es acumulativo: el daño de hoy se suma al de años anteriores.
- Arena, viento y sal pueden causar abrasiones, resequedad e infecciones oculares.
- Nadar con lentes de contacto aumenta significativamente el riesgo de infecciones graves.
Arena, viento y sal: el combo irritante
La playa no solo implica sol. También hay partículas microscópicas que pueden convertirse en un problema.
- Arena: funciona como un cuerpo extraño. Si entra en el ojo y la persona se frota, puede rayar la córnea y generar abrasiones dolorosas.
- Viento: Provoca que la lágrima se seque con mayor rapidez, lo que aumenta la resequedad, el ardor y el enrojecimiento, especialmente en personas con ojo seco.
- Sal: tanto la sal suspendida en el aire como el agua marina irritan la superficie ocular, causando picazón y enrojecimiento.
En actividades como andar en cuadraciclo, motocicleta acuática o lancha, el riesgo aumenta por la velocidad y la exposición directa a partículas.
“En la playa los ojos no solo reciben sol directo, también el que se refleja en el agua y la arena”, indicó Fernández.
Radiación UV: el enemigo invisible
Cuando hablamos del sol, hablamos de radiación ultravioleta. Esta no solo está presente en días despejados; atraviesa las nubes y puede afectar los ojos incluso cuando el cielo está parcialmente cubierto.
Mirar directamente al sol puede causar una quemadura en la retina —estructura encargada de captar las imágenes— y provocar daño permanente en la visión.
“Ver el sol directamente puede lesionar planos profundos del ojo y el daño puede ser irreversible”, explica el especialista.
Pero no hace falta mirar fijamente al astro para sufrir consecuencias. La exposición repetida a lo largo de los años favorece problemas como:
- Queratitis actínica: una “quemadura” dolorosa en la superficie del ojo, similar a la quemadura solar en la piel.
- Pterigión: crecimiento anormal de tejido sobre la córnea, conocido popularmente como “carnosidad”, asociado a exposición prolongada al sol y ambientes secos.
- Cataratas: la radiación UV acelera la opacificación del cristalino con el paso del tiempo.
- Lesiones acumulativas en la retina que pueden afectar la visión a largo plazo.
El agua también afecta
Aunque el mar luzca cristalino, contiene bacterias, microorganismos e incluso parásitos. Si el ojo ya está irritado por el sol o la arena, la probabilidad de infección aumenta.
El riesgo es aún mayor en personas que usan lentes de contacto.
“No hay que meterse ni a la piscina ni al mar con lentes de contacto. (...) El agua no es estéril para los ojos, aunque se vea limpia”, enfatiza el oftalmólogo.
Las lentillas pueden atrapar microorganismos contra la superficie ocular y facilitar infecciones que, en casos severos, comprometen la visión.

Señales de alerta que no debe ignorar
Consulte a un especialista si presenta:
- Dolor ocular intenso.
- Enrojecimiento persistente.
- Sensación continua de tener “arena” en el ojo.
- Visión borrosa o sensibilidad marcada a la luz.
“Si el ojo duele, no es normal: hay que revisarlo”, subraya Fernández. Además, nunca se debe frotar el ojo ante molestias, ya que podría empeorar una lesión.
Cómo proteger sus ojos en verano
Así como protege la piel con bloqueador solar, debe proteger sus ojos.
1. Use gafas con 100% protección UV
No basta con que sean oscuras. Deben estar certificadas como UV400 o con protección total contra radiación ultravioleta. Un lente oscuro sin filtro UV puede ser peor que no usar nada, ya que dilata la pupila y permite mayor entrada de radiación.
2. Prefiera modelos grandes o envolventes
Cubren mejor los laterales y reducen la radiación indirecta.
3. Sombrero o gorra
Un sombrero de ala ancha puede reducir hasta en un 50% la radiación directa que llega a los ojos.
4. Evite nadar con lentes de contacto
Si es imprescindible, utilice gafas herméticas de natación y nunca enjuague las lentillas con agua del grifo o del mar.
5. Lágrimas artificiales
Ante resequedad o irritación leve, pueden ayudar a hidratar la superficie ocular. Evite usar gotas con antibióticos o esteroides sin indicación médica.
6. Higiene de manos
Lávese bien las manos antes de tocarse los ojos.
Los niños y adultos mayores son especialmente vulnerables. En los más pequeños, el cristalino permite el paso de mayor cantidad de radiación hacia la retina; en los mayores, el riesgo de cataratas y deslumbramiento aumenta.
