
Cada noche su cerebro limpia, organiza y evalúa su vida, pero ¿le está dando el tiempo necesario para hacerlo? Muchas personas aseguran haber cumplido con el horario recomendado de descanso que va desde las 6 hasta las 8 horas, pero aun así experimentan fatiga, irritabilidad o dificultad para concentrarse. La explicación no siempre está en la cantidad, sino en la calidad y en la fase del sueño en la que ocurre el despertar.
Jerry Castro, especialista en psiquiatría y neuropsiquiatría, explicó que el sueño es un proceso biológico activo con distintas etapas esenciales para el equilibrio del organismo, y que la percepción de descanso depende de múltiples factores biológicos.
Lo que debe saber:
1- El sueño nos ayuda a filtrar y regular la memoria.
2- Mejora el metabolismo del cerebro.
3- Ayuda a normalizar las emociones.
“El sueño es el periodo que tiene el cerebro para regularse, calibrarse y mantenerse”, señaló el especialista.
Castro detalla que existen grandes mecanismos biológicos que permiten tener diferentes ciclos y fases del sueño.
El ciclo circadiano (CC) está relacionado con la luz y la oscuridad. Ante la ausencia de luz, el cerebro activa la liberación de melatonina, favoreciendo el inicio del sueño.
El ciclo homeostático (CS) funciona como una “presión de sueño”: entre más tiempo permanecemos despiertos, mayor es la necesidad de dormir.
El médico aclara que cuando ambos ciclos están sincronizados, se facilita un sueño adecuado.
Mientras tanto, Castro, especialista en psiquiatría y neuropsiquiatría, explica que durante la noche, el cerebro atraviesa distintas fases que conforman lo que se conoce como “arquitectura del sueño”. La primera fase es la vigilia y la segunda es la denominada vigilia en reposo. Luego se establecen las fases que entendemos como propias del sueño, que básicamente se llaman N1, N2, N3 y REM.
Según el especialista, la fase de vigilia consiste en estar despierto, mientras que la vigilia en reposo básicamente es cerrar los ojos.
N1: Es la fase de transición, donde el sueño es ligero. Aquí somos propensos a despertarnos con algún estímulo que se pueda producir.
N2: Es la etapa más prolongada del sueño.
N3: Abarca el sueño profundo, que es fundamental para la recuperación física, ya que disminuye la frecuencia cardíaca, baja la presión arterial y el metabolismo se vuelve más basal.
REM (Movimientos Oculares Rápidos): fase asociada con mayor actividad cerebral y consolidación de recuerdos.
“Todos atravesamos las mismas fases del sueño, pero el porcentaje de cada una puede variar”, asegura el médico.
El 2023 dejó claro que los problemas para dormir siguen siendo una realidad, ya que 7.758 personas acudieron a los servicios de Consulta Externa de la Caja Costarricense de Seguro Social buscando soluciones. De ese total, 4.217 correspondieron a mujeres y 3.541 a hombres.
“Después de los 60 años disminuye el porcentaje de sueño profundo. Es un cambio fisiológico”, explica Castro.
Uno de los principales factores que afecta el sueño actualmente es el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir. La exposición a pantallas, el trabajo nocturno en la computadora o el uso del celular en la cama interfieren con la producción de melatonina y dificultan la conciliación del sueño.
“El sueño no es negociable. A veces le queremos quitar o robar horas al sueño sintiendo que así somos más productivos o que disfrutamos más, pero esa factura se paga y se paga caro”, advirtió Castro.
Hábitos saludables del sueño
- Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.
- Crear una rutina previa al descanso.
- Limitar el uso de pantallas antes de dormir.
- Cuidar la alimentación nocturna.
La higiene del sueño no es complicada, pero sí requiere disciplina. La productividad de una persona depende de un cerebro descansado.
