
Desde niña es apasionada por los números, la matemática y la física, y hoy, brilla en Noruega al ser la única mujer costarricense que integra Revolve, un grupo élite universitario que construye un carro de carreras para una competencia.
Y no es para menos, Ana Gabriela Guillén Hernández recibió desde pequeña el apoyo de su familia para fomentar la curiosidad y el interés por su pasión, esa que ahora la hace destacar a nivel internacional.
La joven de 20 años, oriunda de Cartago, contó a La Nación cómo ha sido su trayectoria, su experiencia en el programa y las brechas que como mujer y extranjera ha tenido que superar desde los 13 años, cuando se fue a vivir a Noruega con su madre, su padrastro y sus dos perritos.
“La matemática es universal, ¿no? Llegando a un país nuevo con otro idioma, la matemática es lo mismo y es un idioma que todo el mundo sabe, en cierta manera", comenta la joven, que ahora vive con su novio en otra ciudad y estudia Física y Matemática en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), ubicada en Trondheim.
Su madre, Anita Hernández, confiesa lo orgullosa que se siente al analizar el camino que le ha tocado recorrer a la joven.

“Para mí la verdad es que como mamá es un orgullo enorme, indescriptible. (...) Llegar a una cultura tan distinta, aprender un idioma desde cero y aún así ponerse al día con los chicos de su edad, sacar adelante el colegio, entrar a una universidad, la universidad más prestigiosa aquí en Noruega, y la carrera que ella eligió tiene uno de los cortes más altos para entrar”, dijo.
Según cuenta Anita, el amor por los números viene de familia, pues su madre (abuela de la joven) es matemática, y su hermana (tía de la joven) es física y oceanógrafa y también representa a Costa Rica en otros países.
Su labor en la construcción del carro
Ana Gabriela trabaja en el corazón del carro de carreras: el paquete de baterías. Según explicó, el programa Formula Student consiste en que los estudiantes participantes diseñan y construyen un auto de carreras para luego competir.
En el programa participan universidades de todo el mundo, pero el equipo que ella integra, llamado Revolve, es de 70 personas, de las cuales solo ocho son mujeres y ella es la única costarricense.

“Estamos divididos en diferentes grupos (dentro de Revolve). Entonces está el grupo eléctrico, el grupo mecánico... de todo un poco. Yo estoy en el grupo eléctrico, trabajando con la batería del carro”, explicó la joven, cuya labor dentro del equipo mezcla el área mecánica con la eléctrica.
Pero formar parte de este grupo no es algo sencillo, pues le demanda entre 60 y 70 horas a la semana, por lo que debe hacer un gran esfuerzo para poder cumplir al mismo tiempo con su carrera universitaria y con su trabajo voluntario en Revolve.
“En las épocas más complicadas, tal vez son hasta más de 100 horas por semana. Yo la verdad pienso que estoy aprendiendo muchísimo más desde esta experiencia, de poder hacerlo todo en práctica, y siento que estoy aprendiendo demasiado rápido y de un montón de cosas que me van a servir después. Entonces, la verdad, pienso que después puedo retomar materias, pero no voy a poder retomar esta experiencia”, comentó.

Para ingresar al programa, el equipo realizó un quiz sobre física y aspectos teóricos. Aquellos que logran el mejor puntaje son los que califican, es decir, el equipo que integra Ana Gabriela quedó en uno de los mejores lugares a nivel mundial y por eso participa en Formula Student.
Así quedó el auto
En cuanto al proceso de construir el auto de carreras -que empezó en setiembre de 2025-, cuenta que la duración es de un año aproximadamente. Durante los primeros meses, aprendieron las reglas para participar y diseñaron el auto en la computadora, en tercera dimensión (3D) para luego armarlo.
Actualmente, el auto ya está construido y están a la espera del verano (agosto) que es la última competencia.
“Tenemos planeado ir a tres competencias, una en Austria, una en Chequia y una en Alemania. Y los que manejan (el auto) son gente del equipo”, explicó la joven.

La competencia no solo consiste en manejar el automóvil y ganar una carrera, sino que también integra eventos estáticos, donde los participantes explican por qué el auto es rápido y otros aspectos relevantes. Otra de las etapas es responder preguntas del jurado sobre el diseño del vehículo.
La joven, además, tuvo la oportunidad de ser la maestra de ceremonias en el evento de presentación.
“Verla brillando en este escenario es un orgullo enorme, ver una mujer tica, además tica, representando en este campo, me parece maravilloso”, reconoce su madre.

Ese día, la joven fue presentada con unas emotivas palabras que hoy su madre recuerda con mucho entusiasmo:
“Les presento a Ana Hernández. Ella trabaja en Powertrain, con el corazón del carro: el paquete de baterías. Ana aplicó a Powertrain porque pensó que sonaba como un superhéroe. Ella también estudia Física y Matemáticas. Ana no tiene hobbies, porque cree que ya no tiene tiempo libre. Pero hace mucho tiempo le gustaba escalar y le gustaba el teatro. Ana sonríe... todo el tiempo. Y se ríe... todo el tiempo. Es considerada y muy querida por todo el equipo, tanto por su personalidad como por su ética de trabajo. ¡Simplemente es un componente invaluable del equipo!“, dijeron.
Una tica en Noruega: las brechas que tuvo que enfrentar
Hoy, Ana Gabriela siente orgullo de representar a Costa Rica en un espacio donde hay poca participación de mujeres, pero para eso tuvo que enfrentar algunas brechas.
“Siento que es muy bueno representar y también representar bien, siendo buena en mi trabajo y enseñando que las ticas (pueden), o sea, el carro no nota la diferencia entre un hombre europeo y una tica, ¿no? pero también es más difícil, es la realidad", comentó.

“Simplemente por estar en un lugar en donde uno no es la mayoría, pues la cultura de ese lugar va a ser diferente a la propia, y creo que también es algo como que las mujeres en todo lado básicamente están acostumbradas a tener que atreverse más a hacer cosas que para los hombres son más fáciles”, agregó.
Como ejemplo, contó que cuando llegó a estudiar a Noruega, por ser de un país de tercer mundo, la ubicaron en una clase para aprender la cultura y el idioma de ese país. Así, hay dos clases: una para migrantes de tercer mundo y otra para migrantes europeos o de primer mundo.
En su clase, recuerda, estaba con compañeros de Somalia y otros países que no podían leer ni escribir. La norma era estar varios años en ese grupo, pero ella se atrevió a insistir hasta que pudo ir a una clase con noruegos, ya que tenía un nivel avanzado.
Su mayor consejo
“Yo digo que se manden, ese es mi mayor consejo”, comenta Ana Gabriela, para quienes desean destacar en el exterior, pueden hacerlo, y todavía tienen dudas.
“Si hay algo de los ticos, es que los ticos la pulsean, y si siguen con eso, creo que pueden llegar largo”, comentó.
Por su parte, su madre recuerda la importancia de que las mujeres puedan soñar y participar en espacios tradicionalmente ocupados por hombres.
“Valoro muchísimo este espacio de visualización, siento que las niñas pueden soñar con estar en espacios de innovación, tecnología, incluso en carros. (...) Darles esa oportunidad de abrirles esa puerta como mamás, como familias, apoyarlas, y también como en sociedad, tenerles espacios en donde puedan a hacerlos de modo seguro, guiadas, orientadas”, expresó Anita.
“Espero que de verdad (la historia) inspire a a otras niñas que tal vez de pronto en su familia no han tenido ese tipo de ejemplos, pero que los vean y se sientan que también pueden salir a comerse el mundo”, agregó.
Finalmente, la joven también le envía un mensaje a quienes tienen una mujer en su familia: “que para Navidad les regalen un carro de carreras en vez de una Barbie”.
