
“Que a nadie le arrebaten el derecho de soñar”. Con esa frase, Luis Bermúdez Guzmán, un costarricense de 30 años que vive en Reino Unido y que asumirá como investigador asociado en la Universidad de Oxford, busca enviar un mensaje positivo a los jóvenes que desean superar adversidades y alcanzar sus metas académicas.
Crecer entre balaceras, enfrentar limitaciones económicas y caminar con miedo por las noches es la realidad de muchos jóvenes en Costa Rica y de la que Luis no escapó.
Su historia comenzó en Alajuelita, en un entorno que describe como complejo a nivel socioeconómico. Creció en San Felipe, asistió a la escuela pública y continuó su formación en el sistema educativo estatal, hasta que obtuvo una beca para estudiar en el colegio CEDES Don Bosco, donde se graduó con un técnico en dibujo arquitectónico.
Más adelante, ingresó a la Universidad de Costa Rica (UCR) con una beca completa. Inicialmente, optó por una carrera en el área de la salud, pero su camino dio un giro cuando descubrió su interés por la biología, influenciado por docentes y otros profesionales que marcaron positivamente su formación.
El cambio lo llevó a especializarse en biología, genética humana y bioinformática, con el objetivo de dedicarse a la investigación científica.
Dos universidades en Reino Unido y un sueño
En 2020, participó en un concurso internacional que le abrió una puerta clave: una beca para cursar un doctorado en Ciencias Médicas en la Universidad de Cambridge, específicamente en el Cancer Research UK Cambridge Institute.
Antes de eso, ya había tenido una experiencia en el extranjero gracias a una pasantía en la Universidad de Bristol, lo que, según explica, le permitió ampliar su perspectiva y fortalecer su perfil académico a nivel internacional.
Tras cinco años de formación —iniciados de forma remota por la pandemia—, finalizó su doctorado en diciembre de 2025.
“La razón por la que yo decidí estudiar biología y estudiar la biología del cáncer es porque tuve influencia de diferentes profesionales en la UCR, como el doctor Warner Alpízar. Mi doctorado tiene mucho que ver con las bases moleculares del cáncer, sobre todo los cánceres que están principalmente originados o que son promovidos por alteraciones en las células que terminan por generar daños”, relató en entrevista con La Nación.
Durante su paso por Cambridge, investigó las quinazas, proteínas clave en la regulación celular. También estudió la resistencia a los tratamientos, analizando por qué algunos tipos de cáncer dejan de responder a los fármacos bloqueadores (inhibidores de quinasa).
Ahora, en mayo de 2026, Luis iniciará una nueva etapa como investigador asociado en la Universidad de Oxford. Allí se integrará a un centro especializado para estudiar como factores ambientales, principalmente la alimentación, influyen en el desarrollo del cáncer de colon y cuáles son los mecanismos biológicos detrás de esa relación.
Aunque estas asociaciones ya han sido identificadas, el objetivo de Luis es ir más allá y entender los mecanismos detrás de esa relación, es decir, qué ocurre en el organismo para que esos factores incidan en la aparición del cáncer.

Desafíos actuales que no deben ignorarse
Detrás del éxito académico, Bermúdez insiste en que no se puede ignorar el contexto social. Durante sus años de estudio en Costa Rica enfrentó brechas profundas que dependen, muchas veces, del lugar de nacimiento.
“En Costa Rica, lamentablemente, existe un tipo de lotería de código postal, si se quiere, una lotería cantonal: dependiendo del cantón en el que usted nace, así le va a ir”, comentó.
El científico señala que el acceso a colegios técnicos, la calidad educativa y el apoyo económico son filtros que excluyen a quienes viven fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM) o en barrios con problemas socioeconómicos.
A esto se suma un problema estructural: una gran cantidad de jóvenes no logra terminar el colegio o acceder a la universidad, muchas veces por razones económicas, presión familiar para trabajar o entornos sociales complejos. En ese sentido, recuerda que las historias de éxito no son rectas.
“No podemos ignorar primero que todo éxito se construye bajo una serie de fracasos. Por cada sí que yo he obtenido en mi vida, he obtenido muchísimos no“, agregó.
En su caso, precisó, pudo avanzar gracias a una combinación de becas, esfuerzo personal y apoyo familiar, especialmente de su madre —jefa de hogar sin estudios formales—. Sin embargo, Luis reconoce que su caso es una excepción en un entorno donde la inseguridad es la norma.
Durante su etapa universitaria, además, cuenta que tuvo que enfrentar condiciones de inseguridad que también afectan el proceso educativo. Las largas jornadas de estudio terminaban con regresos nocturnos a su casa, en medio de un entorno marcado por la violencia y en las que, incluso, caminaba con dos celulares: uno para entregar por si lo asaltaban y el suyo personal escondido.
“Uno sabe distinguir si son bombetas o son balaceras, eso obviamente no constituye el ambiente ideal para que uno pueda desarrollar sus capacidades cognitivas, para que uno pueda estudiar sin miedo, y eso luego genera traumas. Yo ahora vivo en una zona muy segura, en donde las casas no tienen verjas, las ventanas son gigantes, entonces uno todavía vive con ese estrés postraumático, de si se le van a meter a la casa", contó.
¿Cómo puede un estudiante tico destacar en el exterior?
A partir de su experiencia, el genetista también deja un mensaje directo para quienes enfrentan condiciones similares. Reconoce que no siempre basta con el esfuerzo individual, pero insiste en que el primer paso sigue siendo atreverse a aspirar a algo más.
“No siempre querer es poder, pero el primer paso siempre es querer”, afirma. “Que nadie les quite el derecho a soñar”, recalcó.
Sin embargo, también deja claro que ese mensaje no debe interpretarse como una fórmula simplista de superación personal. Más bien, plantea que el camino requiere insistencia, búsqueda constante de oportunidades y, en muchos casos, tocar puertas.
“Las oportunidades hay que crearlas, hay que hacerlas visibles y hay que hacerlas accesibles, a veces hay que ir hasta tocarle la puerta a la gente, y eso está bien”, agregó.
Al mismo tiempo, dirige su mensaje a quienes tienen capacidad de generar cambios, desde instituciones públicas hasta empresas y organizaciones. Considera que el reto no es solo motivar a los jóvenes, sino crear condiciones reales para que puedan avanzar.
“Todo mundo tiene que contribuir un poquito para que esos sueños no sean solo disparates, sino hacerlos realidad”, explica.
En ese sentido, insiste en que el país debe apostar por ampliar las opciones educativas, fortalecer la formación técnica y generar más apoyo para estudiantes en condiciones vulnerables.
Su historia, asegura, no debería verse como una excepción, sino como una muestra de lo que podría lograrse si más personas tuvieran acceso a las mismas oportunidades.
