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Emprendedores que escaparon del desempleo creando sus negocios cuentan sus historias, retos y expectativas para 2021

Dos familias de Santo Domingo y Desamparados decidieron vencer la crisis económica emprendiendo un negocio que nunca planificaron; ahora miran con ilusión el crecimiento de sus proyectos y esperan un año nuevo más generoso para crear fuentes de empleo

Ellos nunca habrían pensado que terminarían este año 2020 con un negocio en marcha.

Tenían trabajos con salarios estables y no pensaban, al menos en un corto plazo, en dejarlos para comenzar un proyecto propio.

La pandemia, sin embargo, cambió sus planes de este año y debieron iniciar una travesía luego de recibir malas noticias.

Héctor Garita se quedó sin trabajo, mientras que su primo Vladimir Bonilla vio reducidos sus ingresos al mínimo.

Entretanto, José Antonio Avilés afrontó la suspensión de su contrato laboral, por lo que Mauren Acosta, su pareja, tuvo que asumir todo el peso del hogar.

Las historias pudieron tener un desenlace distinto, pero ellos decidieron reponerse para emprender y escapar así del desempleo, pese a todos sus miedos y limitaciones.

Los primos decidieron abrir una pizzería artesanal de entrega a domicilio en Santo Domingo de Heredia. La pareja optó por una barbería con una tienda de ropa para hombres, ubicada en Fátima de Desamparados.

Ahora, sus negocios no solo llevan el sustento a sus hogares, sino también a los de sus colaboradores.

‘La misma pandemia nos empujó a esto’

El camino para abrir “Romi’s Pizzería Artesanal” no fue sencillo; requirió de sacrificios, riesgos y mucho apoyo familiar.

Garita, un mercadólogo de 26 años de Santo Domingo de Heredia, cuenta cómo nació el proyecto que administra junto a su primo.

“Él trabaja en la venta de membrecías en un supermercado. Su salario base era bajo, pero se compensaba con las comisiones de las ventas. Yo trabajaba en una empresa de tecnología, como coordinador de Mercadeo.

“Los dos experimentamos algo muy parecido porque lo que vendíamos no era una necesidad básica, la gente estaba muy asustada en los primeros meses; entonces, postergaba compras.

“Las ventas se fueron de pique y a mí me despidieron de la empresa, y mi primo renuncia porque el salario base era muy bajo y, al no vender, las comisiones se cayeron y ya no salía con lo que estaba haciendo”, dijo Garita.

El negocio comenzó a tomar forma, de repente, cuando otra familiar que tiene pizzerías en la costa de Guanacaste, les ofrece prestarles un horno.

Los conocimientos de publicidad de Garita sirvieron para desarrollar la marca y posicionar el negocio en redes sociales. Entretanto, Bonilla, puso su receta familiar a cocinar.

Su padre, cuenta Héctor, les cedió una casa en el centro de ese cantón herediano para que pusieran el horno a operar y empezaran a hacer entregas del producto.

“Fuimos por el horno hasta Tamarindo. Lo trajimos y en ese momento yo aprendí a hacer todo”, afirmó Garita.

Entre sus metas, aunque tenía en mente otro tipo de emprendimientos futuros, nunca pensó en abrir una pizzería.

“Tenemos deudas, tarjetas y muchas obligaciones que teníamos que cubrir. Casi que la misma pandemia nos empujó a esto, ninguno de los dos teníamos esto planeado, pero para nada estábamos bien donde estábamos”, dijo Garita.

Además de él y su primo, hoy en Romi’s trabaja la madre de Héctor. Ella fue otra persona golpeada por la pandemia, pues se desempeñaba como profesora de Artes Plásticas y vio recortadas sus clases por la virtualidad.

Este emprendimiento también le da sustento a las familias de tres repartidores y ayuda económicamente a un asistente de cocina ocasional, quien colabora en los días de mayor demanda.

‘Nunca lo habíamos pensado’

La apertura de Ñotos Store & Barbershop nunca estuvo entre los planes de esta pareja vecina de Desamparados.

Un año económico complicado, así como el surgimiento de emprendimientos en medio de la pandemia, fue lo que motivó a Mauren Acosta y su pareja a “arriesgarse”.

Igual que en el caso de la pizzería de Héctor y Vladimir, esta barbería surgió entre las malas noticias, según cuenta Mauren.

“Él trabaja para el Museo de los Niños, pero a partir de marzo lo empezaron a notificar de que le suspenderían el contrato. Primero, le redujeron la jornada laboral, luego un poco más y de último le suspendieron el contrato”, narró Acosta.

Para entonces, José Antonio tenía una tienda virtual de ropa para hombres. Cuando la pandemia empezó a golpear los ingresos de su familia, apostaron por colocar una ventana en otra barbería.

Sin embargo, no toparon con suerte. “No nos fue como muy bien. El lugar no era céntrico y era poco transitado”.

Un día, cuando pasaron por donde hoy se encuentra su barbería, en Fátima de Desamparados, Mauren motivó a José Antonio a preguntar por el alquiler del local.

Después de hacer números y meditarlo durante algunas semanas, finalmente decidieron abrir el negocio en noviembre.

Además de José Antonio, quien atiende el local, trabajan tres barberos.

“Sinceramente, nunca lo habíamos pensado, pero vimos que la gente empezó a emprender en medio de la pandemia y les iba bien. Entonces nos tiramos al agua para ver qué tal nos funcionaba y, gracias a Dios, en lo que tenemos de haber abierto nos ha ido muy bien.

“Vamos poco a poco, trabajamos en atraer gente, siempre entendiendo que la situación económica para muchas personas no está para invertir en un corte”, afirmó Mauren.

Trámites, crecimiento y enseñanzas de vida

Los emprendedores señalaron los trámites de permisos municipales y sanitarios como su principal tormento previo a la apertura de sus negocios.

Esa fue una labor mucho más difícil para Mauren y José Antonio.

“Lo sentimos con los trámites, se dura mucho, piden muchísima documentación. La verdad, fue muy complicado. Siento que a los pequeños emprendedores nos deberían ayudar un poco por tanta traba para patentes y permisos de salud. Creo que por eso mucha gente no ha podido emprender”, afirmó Acosta.

Ese proceso fue menos tormentoso para Héctor y Vladimir, pues el local donde operan ya contaba con una patente comercial.

Además, aún no reciben público, por lo que los trámites y el tiempo de espera se acortaron.

Pero más allá de eso, los emprendedores esperan un año nuevo más generoso para hacer crecer sus pequeños negocios y poder contratar a más personas en desempleo.

Sus aprendizajes de un año difícil superado, coinciden los dueños de ambos negocios, están más allá de la cocina o el salón, de las ganancias o las obligaciones.

“Nos ha dejado aprender a apoyarnos en las buenas y en las malas, a no tener miedo a los retos para crecer. Nunca llegamos a pensar en tener un negocio, ni él ni yo. Más que todo fue mucha unión de pareja y dejar atrás el miedo”, dijo Acosta.

La adaptación humana a los cambios es lo que más rescata Garita al cerrar este 2020.

“Tenemos que estar preparados para lo que pueda suceder, intentar tomarlo de la mejor manera. Porque a veces lo que uno planea se borra en segundos. Entonces, tampoco se puede amarrarse a un solo plan”, afirmó Garita.

Juan Diego Córdoba González

Juan Diego Córdoba González

Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Estudiante de la Maestría en Comunicación y Mercadeo. Periodista de la mesa de Sociedad y Servicios de La Nación.