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Construcción sostenible no es cara y retorna inversión, aseguran expertos

Permite tener menores costos de servicios públicos y sistemas que funcionen más eficientemente y con una vida útil más elevada, según especialistas del Green Building Council (GBC)

La cantidad de construcciones sostenibles en el país va en aumento y no únicamente por intentar cuidar el ambiente, sino por el ahorro que puede representar levantar edificaciones de esta manera. Transnacionales, oficinas estatales y empresas locales han optado por certificar la sostenibilidad de sus instalaciones con el fin de acceder a bonos verdes, al tiempo que mejoran la productividad laboral en estructuras duraderas.

Especialistas señalan que existe el mito de que esta construcción es cara, pero aseguran que en la práctica más bien se vuelve rentable y puede retornar inversión, ya que permite tener menores costos de servicios públicos y sistemas que funcionen más eficientemente y con una vida útil más elevada.

De acuerdo con Green Building Council (GBC), organización internacional que promueve la construcción sostenible y desempeña el rol de certificador oficial en Centroamérica, “se estima que Costa Rica previo a la pandemia aumentó un 25% anual sus construcciones sostenibles, los costos operativos se reducen un 10,5% cada año y se espera que durante los próximos cinco años este ahorro aumente a un 16,9%”.

“Estos proyectos ahorran a nivel energético 4.994,39 MWh/al año, en consumo de agua 132.944,80 m3/al año y el ahorro de energía incorporada en los materiales es de 171.563,81 GJ, con un ahorro en emisiones CO2 de 731,11 ton/al año”, agregó la firma, al detallar que un edificio sostenible o verde es uno que, en su diseño, construcción u operación, reduce o elimina los impactos negativos y crea impactos positivos en el clima y ambiente, preserva los recursos naturales y mejora la salud y calidad de vida de sus ocupantes.

Para ser consideradas como estructuras “sostenibles”, deben ser fruto de procesos de conceptualización y diseño integrados (y muchas veces multidisciplinarios) como parte de un enfoque de sistemas, permitir la adaptación a un medio ambiente cambiante y la resiliencia ante el cambio climático, usar fuentes de energía renovables, hacer un uso eficiente de los recursos y tener medidas para reducción de desechos.

Nicolás Ramírez y Elías Robles, director ejecutivo y presidente local de la organización, aseguraron a La Nación que empresas multinacionales del tamaño de Intel y servicios públicos como los ebáis de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ya son parte de las construcciones sostenibles del país que logran ahorrar mes a mes en las facturas de agua y electricidad, mediante el uso eficiente de los recursos.

Los expertos comentaron que, en sondeos realizados por el GBC, se ha identificado que un 60% del sector construcción pensaba que el sobrecosto de una construcción verde o sostenible ronda el 20% y 40% de la obra, “lo cual es completamente falso”. Por eso, ellos se han enfocado en trabajar los últimos años para desmitificar esta idea errónea, ya que sostienen que “más bien se pierde plata” al no construir así.

Además, desde el 2017 han ayudado a 37 empresas y organizaciones en el país ha obtener la certificación EDGE (Excellence in Design for Greater Efficiencies), que ayuda a obtener un empuje extra en la inversión externa para proyectos, por lo que la puesta en marcha es rápida y reduce los riesgos financieros de construcción. También aumenta el valor de la propiedad y da un ahorro sustancial en costos de operación.

“¿Cuál es el mito? Creer que esto es un lujo, un accesorio o que es una tendencia. O sea, las empresas transnacionales no construyen y no alquilan edificios que no estén certificados. Y no es solo porque tengan alguna obligación sostenible, es porque quieren ahorrar. Y no solamente eso, porque un edificio certificado ha demostrado ser un 20% más satisfactorio para los usuarios y eso aumenta la productividad.

“Yo he tenido proyectos que, cuando le meto todos los datos de cómo lo vamos a hacer, de repente me doy cuenta que el valor incremental es negativo, porque estoy ahorrando al hacerlo de esa manera. Se pueden utilizar materiales más baratos que el tradicional y, además, pueden ayudar con las facturas; entonces, las familias pueden tener un 40% de ahorro en gastos de agua y energía al mes”, explicó Robles.

Ramírez manifestó que, como no existe una única receta para hacer estas construcciones, el GBC tiene como misión principal ser ese punto de enlace para que las empresas sepan cómo orientar sus esfuerzos para darle sostenibilidad a sus proyectos. De hecho, señaló que incluso imparten charlas en universidades para que los estudiantes entiendan la relevancia de este proceso y la efectividad económica.

“En esto desafortunadamente no hay un machote como para decir ‘todo mundo compre esta herramienta o este artefacto y ya se soluciona’. No, va a ser muy diferente la estrategia que se implemente en cada lugar de acuerdo a las necesidades. No es un kit que viene listo para esto. Es de acuerdo a la cultura y clima de donde se está, incluso el estado económico. Es importante buscar la estrategia para la realidad local”, dijo.

Por último, Robles apuntó que, en el marco de la meta de descarbonización que se plantea el país, la certificación puede ayudar a medir la carbono neutralidad a nivel residencial, algo que ahora solo se hace a nivel gobierno o en proyectos grandes. Además, recordó que estos certificados incluso otorgan beneficio a la hora de solicitar créditos o fondos, principalmente en el contexto económico actual del país.

“Son pocos los bancos que entienden que hay fondos disponibles de entes internacionales a una menor tasa para los bancos que reciban proyectos certificados. Las certificaciones en realidad el costo es ínfimo comparado a los ahorros que van a tener desde el inicio de la operación del edificio. Es una economía más lógica, no solo es verde, es por lo que la gente debería estar optando.

“En este momento el libor ha subido y pensamos cómo hacemos para bajar ese libor, pues optemos por créditos verdes. Digamos que lleguemos a balancear un libor pre-crisis por medio de un bono verde y, si tenemos ese balance, resulta ser muy lógico que yo quiera tener un préstamo al mismo valor que lo tendría hace uno o dos años y además un detrimento en el costo mensual de agua y energía. Esto no es una opción, es la única opción, porque esa es la forma de bajar tasas de interés y ahorrar todos los meses”, finalizó.

José Andrés  Céspedes

José Andrés Céspedes

Periodista en la sección Sociedad y Servicios de La Nación, graduado de la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre vivienda y trabajo.

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