Juan Fernando Lara. 10 junio, 2018
Parte de la instalación de un sistema de gas en un carro, incluye otra toma de combustible (gas) junto a la de gasolina. / Diana Méndez.
Parte de la instalación de un sistema de gas en un carro, incluye otra toma de combustible (gas) junto a la de gasolina. / Diana Méndez.

Los arreglos informales para adaptar vehículos que funcionen con gas licuado de petróleo (GLP) explicarían una crecida en las cifras de incidentes reportadas al Cuerpo de Bomberos de Costa Rica (BDCR) en los últimos meses.

En lo que va del año, los equipos de socorro atendieron 354 episodios de fuego en automotores. De ese total, 25 (7%) corresponden a carros que funcionan con GLP.

En todo el 2017, de 856 emergencias con fuego en vehículos, 46 (5%) resultaron ser de automóviles adaptados a gas.

Basado en estas estadísticas, Bomberos denuncia que el negocio de modificaciones empíricas y la ausencia de controles estrictos para hacer las adaptaciones estimulan el problema y ponen el riesgo a los ciudadanos.

Su director, Héctor Chaves, califica las cifras como "importantes", si se considera que en el país aún circulan pocos vehículos adaptados. Precisamente, la empresa de revisión técnica vehicular Riteve SyC apenas reporta 3.300 vehículos modificados.

"Sin condiciones mínimas, hay peligro. Ni siquiera hay un registro de talleres acreditados para transformaciones, ni normas mínimas. Nada se regula. Queda en cada persona cómo adapta su carro y esa decisión no puede quedar a criterio de particulares porque se expone a todo mundo", señaló.

El Manual de Procedimientos de Revisión Técnica Vehicular de Consejo de Seguridad Vial sí especifica en la sección 9.5 qué debe revisarse en estos vehículos híbridos para recibir permiso de circular.

Este dicta una verificación general del estado de los tanques de gas, las mangueras por dónde este circula, cómo está el sistema que inyecta el gas al motor, las uniones de piezas y el estado de las válvulas.

Sin embargo, no incluye requisitos como certificados de calidad de los tanques, de su instalación y la del sistema, o documentos de respaldo de dónde pagó el trabajo de adaptación u otros aspectos como calidad de materiales.

Contradictoriamente, tales requisitos de seguridad ya existen, pero su acatamiento no es obligatorio.

Costa Rica posee cuatro normas elaboradas por el Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (Inteco) que, en conjunto, siguen toda la cadena comercial del GLP ligada a vehículos y todos los requisito stécnico y de seguridad para instalarles tanques de gas.

Las normas INTE-E6-2016, INTE-E7-2016, INTE-E9-2016 e INTE-E8-2015 especifican mínimos de calidad del sistema a adaptar, reglas de operación para talleres que brinden el servicio, cómo debe ser la instalación, qué tipo de tanques, sus accesorios y hasta reglas a seguir en estaciones de servicio donde se vende GLP a los vehículos.

El problema es que la adopción de dichas normas es voluntaria, recordó Alexandra Rodríguez, directora de normalización Inteco.

“Sí existen normas y, si se quisiera mejorar calidad y seguridad a nivel país, sería implementarlas y asegurar su cumplimiento. Si no vemos aún más accidentes, es porque aún no hay tantos carros con GLP porque el fenómeno de arreglos informales es real", aclaró Rodríguez.

José Manuel Chávez Cordero, encargado de Fiscalización Técnica Vehicular del Consejo de Seguridad Vial, aseguró que no ha recibido ninguna comunicación formal de Bomberos de Costa Rica al respecto del problema. No obstante, considera viable introducir ajustes.

"Si tal comunicación existiera, es viable introducir el cambio para que el nivel de exigencia en términos de revisión vehicular sea mayor, pero es evidente que debe tenerse por probado el problema y debe existir tal comunicación como principio para valorar y activar tal modificación", explicó.

Cuestión de precio

Eddy Mora Castro, gerente de Romano Autogas, explicó que quienes adaptan vehículos a gas persiguen ahorro, sin embargo, estos cambios oscilan entre ¢500.000 y hasta ¢1 millón en su empresa.

En talleres informales, comentó, el cambio cuesta menos de ¢300.000 pero sin garantía o respaldos.

"Tenemos 20 años en esto y he visto ir y venir al menos 10 empresas que compran mercadería sin soporte, asesoría o respaldo a largo plazo. Creen que es un negocio multimillonario pero no es así. Cuando lo descubren, abandonan a los clientes que entonces buscan en la informalidad el mantenimiento y los repuestos", explicó.

Mora insistió en que estas adaptaciones requieren mucha calibración y mediciones para que todos los componentes trabajen en armonía. Todo el sistema, insistió, debe tener una misma antigüedad al instalarse; no puede ser una mezcla de partes con distintas edades que, afirma, "es lo que ocurre en muchos sitios".

Según el empresario, hay sistemas para carros y repuestos de origen turco, polaco, chino e incluso de Bangladesh, India y Argentina que calificó de "copias ,de copias, de copias, de estándares europeos serios". Ahí radica la inseguridad y el riesgo.

"La gente le apunta al precio bajo con estas instalaciones de mala calidad hechas en casa de particulares. Eso es un riesgo" insistió el empresario quien, asegura, acondiciona unos 100 vehículos al mes desde hace año y medio. Según dice, "porque ahora tenemos mucha demanda de conductores de Uber".