“Me sentí como secuestrada”, afirmó Enid Alfaro Segura mientras recordaba los nueve días que pasó sentada en una silla, en el servicio de Emergencias del Hospital Enrique Baltodano, en Liberia.
"Habíamos diez personas en un cuartito muy pequeño, sin ventana ni nada. Solo una puerta de vidrio. Es cierto que había aire acondicionado, pero eso no impedía que nos sintiéramos mal.
“Nunca me permitieron tener acompañante. Ir al baño con un pie quebrado era algo muy duro. Quedé traumatizada. Cuando por fin llegué a la casa, quería ponerme a llorar. No podía dormir”, aseguró.
Alfaro llegó al hospital guanacasteco el 12 de junio, pocas horas después de fracturarse su pie izquierdo.
Esta vecina de Guayabo de Bagaces se cayó de un banco mientras tendía ropa en su casa, cerca de las 10:30 a. m. de ese día.
“Unos amigos me llevaron al CAIS de Cañas, donde me hicieron una placa y concluyeron que necesitaba una operación. De ahí salimos hacia Liberia, adonde llegamos a las 6 p. m. Me atendieron hasta las 11 p. m. y a la una de la mañana me dejaron internada. Ahí empezó todo”, relató esta ama de casa, de 46 años, quien también se dedica a trabajar como doméstica.

Su calvario no es exclusivo. Decenas de pacientes en condiciones similares pasan por lo mismo en ese hospital: deben esperar varios días sentados en una silla de Emergencias mientras se desocupa una cama en hospitalización para que le realicen el procedimiento que necesitan.
A Alfaro la dejaron en una silla de ruedas, a la par de una pared, en las primeras horas que pasó en ese servicio.
Tres horas después de su internamiento en Emergencias, dijo, “me pasaron a un asiento más duro”. “Yo no hallaba cómo poner ese pie”, contó.
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Enid se había quebrado el quinto metatársico del pie izquierdo.
Cuando empezó a sumar días sin que la ingresaran a Ortopedia para corregir la fractura, el personal le decía que ella “estaba cruda” comparada con otras personas que sumaban más tiempo esperando atención.
“Me decían que tenían muchos casos de gente de Ortopedia: ‘hay muchos adelante de usted’. Cuando tenía cuatro días, me dijeron que estaba cruda porque había gente con 12 o 13 días de esperar.
"El ortopedista nunca apareció y yo pedía que me dejaran ir a la casa. Lo que me contestaban es que si lo hacía perdería el espacio. Me tuve que aguantar”, comentó.
Sola con un yeso pesadísimo
Durante nueve días con sus noches, Enid Alfaro tuvo que valerse prácticamente por sí misma para hacer sus necesidades más básicas, como ir al baño.
En el hospital, le colocaron una férula de yeso pesadísima para inmovilizar temporalmente el pie, mientras se liberaba un espacio en Ortopedia y la operaban.
"Sentía que la pierna me iba a explotar. Se me hincharon los dos pies de estar sentada, aunque me ponían una inyección para que no me diera trombosis. Era lo que me decían.
“Estuve embarazada, tuve tres hijos y nunca se me hincharon los pies… Tuvo que pasarme esto”, comentó.

“¿Pero qué me tienen haciendo aquí?, le pregunté a los doctores. Yo les decía que iba a salir peor de como entré. Y se me hizo. Yo, que era una persona sana, salí con dolor de todo”, comentó.
Cuando finalmente le dijeron que la iban a sacar de Emergencias para llevarla a una cama, en el servicio de Ortopedia, fue como si le dieran la mejor noticia del mundo, asegura.
“Cuando le dicen que está internada, uno siente la mayor felicidad del mundo. La verdad, no sé por qué reciben tantos enfermos día y noche y saben que no tienen capacidad para verlos a todos”, agregó.
Nueve días después, la internaron en piso y la operaron. La cirugía no tardó nada. Lo que sí está tardando en sanar son las secuelas de los nueve días que se sintió “secuestrada” en Emergencias.
Por ahora, está recuperándose en su casa, esperando la cita con el ortopedista, que quedó programada para el 20 de julio.
Poca capacidad instalada
Autoridades del Hospital Enrique Baltodano, consultadas sobre este caso, reconocieron que la cantidad de pacientes atendidos en Emergencias “se ha incrementado en forma importante”.
Aunque no dieron cifras, aseguran que ese incremento los obliga a trabajar a su máxima capacidad todos los días.
"El salón de Cirugía tiene una tasa de ocupación muy alta y, durante el mes de junio, los niveles de ocupación fueron los más altos, lo cual incidió en hospitalización y en Emergencias.
“Este servicio manejaba, en promedio, 16 a 20 pacientes en espera de cupo. De estos, un 50% correspondían a la especialidad de Ortopedia y el otro 50 por ciento por ciento la especialidad de Cirugía General”, informó el hospital por medio de un correo electrónico enviado por la oficina de prensa de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
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El hospital asegura hacer los mayores esfuerzos por mantener la comodidad de los enfermos mientras esperan.
“Estamos trabajando en (mejorar) la condiciones de la Infraestructura. Esperamos mejorar con el inicio del proyecto de ampliación y reestructuración del servicio de emergencias. El área de sillas cuenta con sillones reclinables y aire acondicionado adecuado”, informó el hospital.
“Es importante mencionar que, aunque un usuario se encuentre en Emergencias esperando un cupo en el salón, siempre se le brindan los cuidados y tratamientos que necesite y tiene indicados. Además, los especialistas pasan a valorar aquellos casos donde se presente algún cambio en su condición de ingreso”, agregó el hospital.
Servicios colapsados
La situación de Emergencias no es exclusiva de Liberia.
La CCSS ha reconocido que estos servicios y los de Urgencias en todo el país enfrentan saturación por la demanda, que no solo es mayor si no también más compleja.
Hospitales como el San Juan de Dios y el San Rafael de Alajuela, enfrentan periódicamente crisis que los obligan a solicitar ayuda a otros centros de su red de referencia.
Un informe de la Defensoría de los Habitantes, del 2016, detectó múltiples problemas en los servicios de Emergencias, especialmente de los hospitales josefinos.
Estos problemas, en diferente magnitud, se repiten en centros regionales y periféricos, como el de Liberia.
Entre las dificultades que halló la Defensoría y que aún se mantienen están el hacinamiento, la falta de camillas, las escenas recurrentes de pacientes “internados” en sillas, pasillos saturados, y la presencia del fenómeno denominado bording: pacientes en emergencias que ya fueron diagnosticados y con tratamiento pero ante la falta de camas no es posible internarlos.
También detectaron ausencia de protocolos de atención en los servicios de emergencias de forma uniforme para todos los establecimientos de la CCSS, y un deficiente funcionamiento en red, situación que la CCSS ha procurado corregir en el último año con la intervención de un equipo de especialistas dedicado a buscar mejoras en estos servicios.
