Ángela Ávalos. 16 mayo

El Hospital San Juan de Dios mantiene aislados a cinco pacientes a quienes se les detectó la bacteria Clostridium difficile.

Según informó el centro médico en un boletín de prensa, estos enfermos permanecen en un salón creado especialmente para estos casos desde mayo del año anterior.

Un sexto paciente tiene la bacteria, pero se encuentra aislado en otra área del hospital, informó Manuel Villalobos Zúñiga, jefe del servicio de Infectología. Otro más fue dado de alta este martes.

Todos ellos están estables, confirmó Villalobos a La Nación.

Al ubicar a estas personas en una sola unidad, aseguró el hospital, se disminuye el riesgo de infección para otros internados. El San Juan de Dios presenta entre 2 y 6 casos por semana de este microorganismo.

La Clostridium difficile es la misma bacteria que ocasionó ahí un brote con alta mortalidad en el 2009, el cual dejó, al menos, 17 muertos.

En el 2009, el San Juan de Dios fue epicentro de un brote de Clostridium que dejó, al menos, 17 muertos.
En el 2009, el San Juan de Dios fue epicentro de un brote de Clostridium que dejó, al menos, 17 muertos.

Esta bacteria tiene predilección por los pacientes de edad avanzada, con enfermedades de fondo, operaciones recientes y que reciben tratamiento con antibióticos.

El principal síntoma que causa son diarreas abundantes y dolores abdominales.

La Clostridium se reproduce por medio de esporas. Su vía de transmisión es por contacto directo ano-mano-boca o por el contacto con superficies contaminadas con la bacteria.

"Estamos teniendo de dos a seis casos semanales, esa es la realidad, no nos hemos salido del canal endémico. Esa unidad ha sido suficiente. La situación no se nos ha salido de control", aseguró Villalobos.

Crisis del 2009

Hace nueve años, varios hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) registraron brotes importantes de esa bacteria. El principal foco fue el San Juan de Dios.

En ese entonces, se identificó la cepa NAP-1 como la causante y a la cual se le llegó a llamar "la super bacteria", por ser la que produce los cuadros más graves por Clostridium.

Villalobos explicó que el brote causado por la NAP-1 "fue un factor determinante para fortalecer las medidas preventivas, diagnósticas y de tratamiento".

Según el médico, a diferencia del 2009, en la actualidad existe un avance importante en las pruebas diagnósticas que les permite tener un mejor control de los casos.

Este hospital fue el primero en innovar con el trasplante de heces como una de las acciones terapéuticas para tratar infectados por Clostridium difficile.

También tiene un Programa de Optimización de Antibióticos (PROA), pues el abuso de este tipo de medicamentos es una de las causas para afectar la flora intestinal y facilitar la infección por Clostridium a pacientes que son más susceptibles a enfermar por esta causa.

"Las bacterias cada vez se vuelven más resistentes a los antimicrobianos y por esta razón se debe fortalecer el seguimiento. Tal es el caso de la bacteria Clostridium difficile que causa diarrea aguda, dolores abdominales, cólicos y fiebre. Esta infección suele producirse durante o después de que un paciente ha sido sometido a tratamiento con antibióticos, indicados para tratar otra infección.

"Las personas hospitalizadas tienen condiciones de salud que los hacen más vulnerables, tienen mayor riesgo los adultos mayores, diabéticos, y aquellos pacientes que con las defensas disminuidas como los pacientes con VIH o cáncer, pacientes desnutridos y los pacientes de cirugía", explicó el especialista en el comunicado de prensa.

El infectólogo resaltó que la diarrea por Clostridium no es exclusiva de los hospitales, también hay casos que se generan en la comunidad.

Eventos del 2018

Aunque las infecciones asociadas a la atención en salud (IASS) son frecuentes y normales en los hospitales, desde el finales del año pasado varios centros de la CCSS han protagonizado eventos de infección importantes.

En diciembre, la maternidad y la unidad de cuidado intensivo neonatal del Hospital Calderón Guardia fue cerrada durante varias semanas por varios casos de Serratia liquefaciens en recién nacidos.

La CCSS tuvo que invertir ahí casi ¢400 millones en la remodelación para mejorar las condiciones de bioseguridad y disminuir el riesgo de contagio. Al mismo tiempo, se vio obligada a activar toda su red de hospitales para dar apoyo a la atención de los recién nacidos y parturientas del Calderón.

También el Hospital San Vicente de Paúl, en Heredia, informó en abril de varios pacientes infectados por otro tipo de Serratia en el servicio de recién nacidos, y de dos casos de Streptococcus pyogenes: una mujer que falleció poco después de parir, y el cirujano que la operó en un intento por salvar su vida.

El Ministerio de Salud se vio obligado a exigir al personal de salud mayor cuidado con prácticas básicas para cortar la transmisión de microorganismos patógenos; principalmente el lavado de manos.

Ahí trabajan en preparar una norma que tiene como medida estrella ordenar al personal sanitario supervisar activamente la higiene de manos, y no solo cuando aparecen personas infectadas con virus, bacterias y otros agentes patógenos.