Salud

Feminicidios: Mariana disfrazó la violencia que sufría con trabajo, lectura y sonrisas

Entre enero y mayo de este año, 10 mujeres perdieron la vida a manos de sus parejas, esposos, novios o por el simple hecho de ser mujer. Esa condición las convirtió en los rostros de las 10 víctimas de feminicidio que registra el país. Mariana Leiva Fernández fue una de ellas.

A Mariana la asesinaron con un cuchillo dentro su casa ubicada en barrio Capulín de Liberia, Guanacaste. Luego, le prendieron fuego. Para cuando llegaron los bomberos, ella tenía el 40% del dorso quemado.

Su esposo, Ronaldi Sequeira Duarte, confesó el crimen.

Mariana, de 36 años, era una ingeniera industrial graduada del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR). Le encantaba leer y amaba viajar, tanto que llegó a vivir un año en India en el 2008.

Coleccionaba plantas y adoraba los caballos y los perros.

Según la descripción de personas muy cercanas, siempre sonreía y parecía dueña de sus decisiones. Era ordenada, planificadora; del tipo que todo lo anota. Era una empresaria exitosa.

Incluso tenía dos trabajos, pues aparte de ejercer como ingeniera, se encargaba del mantenimiento y la vigilancia de la operación de maquinaria agrícola propiedad de su papá. En esas labores, ayudaba a los peones a manejar las facturas, pues muchos no sabían leer ni escribir.

Ella, en cambio, tenía decenas de libros y guardaba tanto respeto por la palabra escrita que nunca los rayaba. Cuando hacía anotaciones sobre sus lecturas, estas quedaban sobre las hojas de un cuaderno que luego metía entre las páginas del libro.

Escribía con trazo firme y armonioso y sin tachones, porque los detestaba, recuerda su hermana Andrea.

Desde pequeña se aficionó a los topes y cabalgatas, lo hacía con la propiedad de quien acumula años preparando monturas y aprendiendo de la cultura ecuestre.

Orgullosa de las costumbres y tradiciones guanacastecas, disfrutaba instruir a sus amigos de San José sobre la diferencia entre un tope y un desfile de caballistas, hablar del traje típico y las comidas de su provincia, aparte de declamar las decenas de bombas que sabía.

Todo eso terminó para Mariana a manos de quien le prometió ante una altar protegerla, amarla y respetarla.

El pasado 24 de mayo, se inició el juicio contra el sospechoso. Justo antes de iniciar, los defensores de Duarte Sequeira intentaron que el proceso se tramitara por la vía ordinaria en vez de la de flagrancia; un procedimiento más breve que el habitual y que se aplicó en este caso porque el hombre se entregó.

Para ellos, debía tomarse el camino más largo porque podría existir prueba que requería mayor revisión, como, por ejemplo, determinar si el día en que el hombre mató a Mariana actuó bajo los efectos de una droga o alcohol.

La Fiscalía tiene una visión distinta del asunto.

El fiscal a cargo también manifestó ese 24 de mayo que la defensa de Sequeira Duarte solicitaba realizar un estudio de cuotas obrero patronales porque sugerían que el ciclo de violencia lo sufría él y no Mariana, bajo el argumento de que ella aportaba más dinero al hogar y esto causaba fricciones.

"Aquí aflora el término de machismo donde se sostiene que el hombre es, por naturaleza, superior a la mujer y eso nos quieren decir los defensores: que como Ronaldi aportaba menos al hogar, entonces era la persona ofendida", manifestó Ricardo Quirós, jefe de la Fiscalía de Liberia.

Quirós agregó que la defensa pedía dejar constancia, mediante un estudio de ingresos, de que ella era una "exitosa profesional" y que él no y que, por ello, el sospechosos se sentía agredido y eso desembocaba en violencia doméstica.

“Eso nos quiere decir la defensa cuando pide esta prueba. Aquí lo que está claro es que él no soporta que la mujer pueda ganar más que el hombre, ni que estudie y se supere. Eso es lo que no está soportando y eso es la génesis de este delito: él no soportó que ella tuviera una posición económica superior. Ella estudió, él no”, aseguró Quirós.

Juan Fernando Lara Salas

Juan Fernando Lara S.

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, infraestructura, energía y telecomunicaciones.

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