El país pagó en un año $65,7 millones (poco más de ¢35.400 millones) en atender a personas cuya salud se desmejoró como consecuencia de la gran contaminación provocada por los autos.
La principal fuente de esa polución es la flotilla privada, que creció 914% entre 1980 y el 2014.
Esos $65,7 millones corresponden solo al 2009, año en que el país tuvo pérdidas económicas por congestión vehicular calculadas en un 3% de su producto interno bruto (PIB). El dato forma parte del Vigesimoprimer Informe del Estado de la Nación.
Según el documento, el año pasado, circularon en el país 1.399.238 automotores. Más de un 73% son de uso particular y carga liviana.
Cada año, la flotilla total crece entre un 5% y un 7% y es la principal fuente de contaminación, con un 56% del aporte de gases de efecto invernadero (GEI), confirma un estudio del Laboratorio de Análisis Ambiental, de la Universidad Nacional (UNA), citado por el Estado de la Nación.

A nivel broncopulmonar, la contaminación más importante proviene de aquellos autos que usan combustibles como diésel.
Gases como el monóxido de carbono, que no se ve ni se huele, tiene potencial de generar una sustancia que altera radicalmente el sistema nervioso.
Ineficiente. La ausencia de un sistema de transporte público eficiente ha provocado que casi la mitad de los hogares de la Gran Área Metropolitana (GAM) tenga un carro particular, asegura el informe.
Mientras crece el uso del automotor privado, disminuye el de autobús: a inicios de los años 90, viajar en bus representaba el 75% de los traslados motorizados; en el 2007 fue un 63% y en el 2008 bajó a un 54%.
Muchos de quienes compran vehículo lo hacen bajo la falsa premisa de que ahorrarán tiempo en sus traslados.
A la hora de la verdad, pasan a engrosar las interminables presas, invirtiendo de dos a cuatro horas diarias frente al volante.
“Llego agotada, estresada, de mal humor. Yo soy de Naranjo y desde el peaje, Fanal, Cañales, aeropuerto, Real Cariari, Los Arcos (el trayecto) es realmente desgastante. Estoy en mi carro cuatro horas de mi día, cuenta Frescia Chinchilla.
Según el documento, “se carece de alternativas de transporte público eficientes y armonizadas, que potencien la movilidad y optimicen los tiempos de viaje, disminuyan los costos de operación vehicular, la contaminación ambiental, la factura petrolera y el tiempo laboral perdido por los usuarios”.
El viceministro de Transportes, Sebastián Urbina, admitió el problema. “El reporte del Estado de la Nación no nos agarra por sorpresa y sin planes. Sabemos que hay que promover la importación de mejores vehículos y reforzar el control de emisiones”, dijo el funcionario.
Urbina asegura que el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) está trabajando con sus similares de Salud y Ambiente en este asunto.
