¿Cuáles son las principales preocupaciones diarias de una lideresa empresarial en Costa Rica? ¿Cómo hacen para empujar a más mujeres a la cima y dialogar con hombres para asegurarse de que los méritos femeninos sean tomados en cuenta?
Estos fueron algunos temas expuestos en un foro de La Nación que reunió a tres líderes en diferentes campos y se transmitió este viernes 6 de marzo en el canal de YouTube de La Nación. Las participantes fueron:
- Carla Coghi Rivera, presidenta del Consejo de Deloitte Spanish Latin America,
- Marcela Araya Fonseca, gerenta senior de Ingeniería de Procesos de Boston Scientific, y
- Marianne Hütt Cabezas, directora de mercadeo de Banco Promérica
Liderar y tomar decisiones
Desde sus distintos ámbitos, ellas saben que no tienen el mismo escenario que quienes estuvieron décadas antes e, incluso, las aguas en las que navegan hoy son diferentes de las que encontraron en sus inicios.
“Estamos aquí porque muchas mujeres lo hicieron posible. Hay una frase en inglés que dice que estamos sobre sus hombros, y así es”, dijo Hütt.
Coghi habló de que sus abuelas vivían en una época en la que el liderazgo era de la puerta del hogar para adentro, y que esto las hacía depender económicamente de sus esposos. La generación de su mamá ya tenía más acceso a educación universitaria, pero se veía hacia carreras puntuales, como Educación o Enfermería, pero se les culpaba de dejar el cuido de sus hijos en manos de otros.
“Nuestro reto fue crecer en estructuras hechas para hombres y por hombres. Yo fui la primera socia mujer, viví la soledad de ser la única mujer de la sala de juntas”, destacó.
Araya indicó que ha visto ese cambio en estos años. Cuando llegó por primera vez a una clase de ingeniería, vio que solo había dos mujeres más. Al inicio de su carrera tuvo que actuar mucho en solitario, hasta que comenzó a ver a otras que pasaban por lo mismo: “Vi mujeres que podían ayudarme y que se sentían igual que yo. Navegar las brechas y los retos con más mujeres nos hace más fuertes”.
Hütt apuntó que en ocasiones hay una disonancia entre ser una mujer “cíclica” y la necesidad de que, hacia afuera, el desempeño debe ser siempre igual: “Yo navego y surfeo en diferentes cambios de mi ciclo hormonal, y eso me encanta, porque veo diferencias incluso al hacer deporte, pero en el trabajo debo siempre ser igual. Eso es de las cosas que más me retan como mujer, pretender que hacia afuera todo está igual cuando adentro sigue igual”.
Coghi complementó: “Y no debemos reprimirlo. En mi oficina todos saben que yo estoy en el periodo de menopausia. Y que a doña Carla a veces le dan calores que ella no puede controlar. El tema del aire acondicionado yo lo tengo que regular, porque quienes estamos pasando por este proceso saben lo incómodo que es. Somos una bomba de hormonas que florecen y no podemos controlarlo. Eso es parte de ser mujer”.
Ella relató que en este momento hay paridad entre hombres y mujeres en la firma donde trabajan, pero que hay un quiebre en el momento de casarse o tener hijos, en donde anteriormente se veían desventajas. Por eso, han buscado igualar las condiciones.
Araya complementó: “También tuve que tomar decisiones de mis prioridades de vida cuando fui mamá. Se postergaron algunas cosas profesionales. Pero fue decir: ‘hoy no, pero tal vez mañana sí’”.
Hütt añadió que al liderar también es importante calibrar la autoexigencia y permitirse ser vulnerable al adquirir nuevas habilidades.
Ser mujer más allá del trabajo
¿Qué es lo que más les gusta de ser mujeres? Coghi habló de la intuición, que le ayuda tanto en terrenos personales como profesionales.
Hütt también habló de la intuición, pero también de la capacidad de combinarla con el pensamiento técnico y estratégico: “Si a ese conocimiento técnico que ya tengo le sumo la intuición, las decisiones se convierten en unas más reafirmadas. La intuición no cambia el pensamiento racional, pero me da seguridad”.
Araya habló de cómo también ese poder de ponerse tristes, de indignarse por las injusticias a otras mujeres, las ayuda a luchar juntas.
Sin embargo, también luchan con otras cosas.
“A veces hemos tomado decisiones de millones de dólares en el trabajo y la pregunta que ‘me saca’ es ‘¿y hoy qué hay de cenar en la noche?’. Ni idea, el trabajo nos consume. Y no he visto a compañeros hombres a los que les pregunten eso", dijo Coghi.
Hütt respondió: “El otro día escuché una frase que decía: ‘Imagínense qué haríamos todas si tuviéramos una esposa en casa’. Lo poderosas que somos”.
En medio de esto, todas sacan tiempo para el deporte: Coghi hace senderismo, Araya corre maratones y Hütt hace ciclismo de montaña.
Ser impulso de nuevas generaciones
Coghi indicó que su compromiso con las nuevas generaciones es que encuentren un terreno más justo que el que ellas hallaron con las brechas que les tocó abrir.
Para Araya, el impulso debe comenzar en las niñas. Desde su trabajo, efectúa actividades con menores de 7 a 9 años para enamorarlas de carreras en las diferentes ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) para que las consideren como una opción de vida. Sembrar vocaciones científicas a edades más tempranas es un aliciente, aseguró.
Hütt, quien antes de su carrera en la banca tuvo una carrera científica ligada a la industria farmacéutica, indicó que la mentoría es “crucial y clave”. Habló del impulso de su profesora de Matemáticas y cómo la retaba a mejorar; marcó su vida y también la impulsó para ver las necesidades de otras mujeres.
El machismo en los negocios
Aunque las tres son conscientes de que el machismo se ha reducido, de algún modo u otro siguen luchando con él, aunque no siempre los hombres que lo ejercen sean conscientes de ello.
Hütt sostuvo que muchas veces escucha lo que dicen, desde dónde lo dicen, para acompañar ese cambio de actitudes, porque no necesariamente derivan de una mala intención. Esto ayuda a generar cambios.
Para Araya, visualizarse en ingeniería todavía es una brecha para muchas mujeres. “Aunque ha mejorado el indicador de mujeres en ciencias, todavía seguimos viendo mujeres que lo piensan dos veces antes de estudiar una carrera de ciencias”.
“A mí me causa indignación que algo dicho por una mujer en un tono normal sea tomado como que yo lo dije de forma agresiva, pero si lo dice un hombre, dicen que es una opinión con criterio. Es lo mismo, pero a la mujer se nos juzga diferente. Nos dicen ‘esa es la vieja loca’, pero uno no oye que digan ‘ese es un viejo loco’”, agregó Coghi.
Y en esa línea coincidió Hütt: “Las mismas decisiones se interpretan distinto dependiendo de quién tome la decisión. Y ahí sí he sentido una diferencia importante. Un hombre es decidido y reafirmado. Una mujer es ‘mala’. A uno le atribuyen una mala intención, cuando tiene el mismo fundamento, con los mismos datos respaldándola”.
El rol de los hombres como aliados
Ellas coincidieron en que también los hombres deben ser aliados para abrirle campo a las mujeres, porque muchas decisiones de a quién dar el liderazgo también pasan por los hombros de ellos, y contar con ellos para el impulso femenino sigue siendo necesario.
“Yo quiero hablar de mis mentores hombres”, precisó Hütt. “Mis abuelos hombres me inspiraron mucho, los dos médicos, y siempre me inspiraron y me hicieron ver que era posible. Nunca sentí que fuera diferente, no sentí que las mujeres pertenecieran a un espacio diferente. Y en la vida profesional he tenido hombres que me inspiraron, y ellos pueden trabajar para que no haya diferenciadores”.
