Ximena Alfaro M.. 3 febrero
Carlos Alvarado se promueve como el representante de una nueva generación de políticos. Caricatura: Alex Núñez para La Nación
Carlos Alvarado se promueve como el representante de una nueva generación de políticos. Caricatura: Alex Núñez para La Nación

El condominio donde vive Carlos Alvarado parece tranquilo. Solo dos niños que juegan bola en la zona verde del lugar rompen a ratos el silencio; uno de ellos es su hijo Gabriel, de cuatro años y medio. Las risas de ambos se filtran por el balcón de la casa, en Santa Ana, un jueves con pronóstico de frente frío.

Carlos Andrés Alvarado Quesada es su nombre completo. Creció en el barrio La Favorita en Pavas, San José. Mide 1,74 centímetros de estatura y ha dejado de fumar dos veces. Es el candidato oficialista, un debutante en las elecciones presidenciales del 4 de febrero.

De pequeño, era el catcher o receptor de un equipo de béisbol. El catcher es el único jugador con una visión de campo opuesta a la de sus compañeros, además se caracteriza por ser un gran observador y estratega. También disfrutaba de coleccionar tarjetas con los rostros y estadísticas de sus jugadores favoritos para armar partidos en su cuarto, a puerta cerrada y en solitario. Dice que desde entonces ha sido una persona callada, introspectiva y reservada.

“Queda algún grado de timidez. Alguna gente lo confunde con seriedad; otra gente lo confunde con arrogancia. Cuando llego a una fiesta, no soy el que va y saluda. Sobre todo cuando uno es nuevo, no soy el que se hace ver”, dice Alvarado con un tono pausado.

Acumula cuatro años de experiencia en cargos públicos. Se estrenó al inicio de este gobierno, cuando fue designado presidente ejecutivo del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) con el rango de ministro de Desarrollo Humano e Inclusión Social. Dos años después, tuvo a su cargo la cartera de Trabajo, un puesto que dejó a inicios del 2017 para inscribirse como precandidato en la convención interna de su partido, la cual ganó con holgura sin él mismo esperarlo.

La última encuesta de la Universidad de Costa Rica (UCR) sobre intención de voto lo coloca en segundo lugar, en un empate técnico con el liberacionista Antonio Álvarez Desanti, el socialcristiano Rodolfo Piza; y Juan Diego Castro, aspirante del Partido Integración Nacional (PIN).

No solo es la primera vez en la contienda que el aspirante oficialista pasa de tener un apoyo del 6% de los entrevistados a un 10,6%., sino que también es la primera vez que ve abrirse una hendija en la puerta para meterse en una eventual segunda ronda.

Por ello, en los últimos días intensificó su discurso como el representante de una nueva generación de políticos que le pide campo a los líderes tradicionales. Promete modernizar al país y mantener la iniciativa de cambio impulsada por el presidente, Luis Guillermo Solís. Además, quiere dedicar esfuerzos a unir más a su partido.

Carlos Alvarado con 11 meses en brazos de su mamá, Adelia Quesada, en las afueras de su casa en Pavas.
Carlos Alvarado con 11 meses en brazos de su mamá, Adelia Quesada, en las afueras de su casa en Pavas.
Hemingway, rock y periodismo

Proviene de una familia de clase media distante de la política y afín a los números: su papá, un tío y uno de sus hermanos son ingenieros; su abuelo fue electricista. Estudió en la Escuela Angloamericana y una vez lo eligieron como presidente de la sección. Estaba en sexto grado.

“Creo que fue una coalición, porque no querían que otra persona ganara, entonces me impulsaron a mí. Espero que eso no sea una referencia de lo que pase ahora”, comenta entre risas.

Asistió al colegio Saint Francis. Aunque le iba bien en las materias, no era de los alumnos muy empeñados en el estudio. En esa época también descubrió una pasión que todavía lo acompaña: la literatura. Leyó El Viejo y el mar, de Ernest Hemingway, y descubrió otro mundo desde las letras. Fue aquí cuando supo que quería ser escritor.

Dice que comprar libros es una adicción para él. La biblioteca que está en la sala de su casa está colmada de ellos. Aquí habitan, entre retratos familiares y pequeñas esculturas, ejemplares de La Metamorfosis, de Franz de Kafka; A Sangre Fría, de Truman Capote; y Margarita, está linda la mar, del nicaragüense Sergio Ramírez.

Además de la devoción por los libros, la música fue otro de los gustos que adquirió en la juventud. En el colegio formó su primera banda con otros cuatro compañeros, todos influenciados por agrupaciones como Metallica, Nirvana y Guns N’ Roses.

Este pasatiempo lo mantuvo en la universidad, pues en esa época integró el grupo Dramática, de rock progresivo. Los muchachos se presentaban en la semana universitaria o en bares de San José. Ahora se juntan para dar conciertos en las bodas de personas cercanas. Incluso, él mismo tocó en la fiesta de su matrimonio.

Carlos Alvarado saluda a su hijo Gabriel, de 4 años y medio. Su casa se ubica en Santa Ana. Foto: Jorge Castillo
Carlos Alvarado saluda a su hijo Gabriel, de 4 años y medio. Su casa se ubica en Santa Ana. Foto: Jorge Castillo

Corría 1998, cuando ingresó a la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica (UCR). Creyó que el periodismo podría ser un camino apropiado para consolidarse como escritor, pero más bien le provocó una contrariedad: le gustaba, pero no le satisfacía.

“Lo que me conflictuó del ejercicio periodístico es que uno está expuesto a la realidad, a la información, y a un montón de cosas, pero no las puede cambiar, entonces era un poco frustrante. Me permitía señalar, pero no podía actuar”, explica.

Escribió en el Semanario Universidad durante dos años, mientras era estudiante. Luego de graduarse, fue freelance para el periódico Ojo y estuvo un corto tiempo en el equipo de investigación de Repretel.

Carlos Alvarado recuerda que su activación política despertó en la universidad. Estaba en clases, cuando algunas personas ingresaron a su aula para alertar a los estudiantes acerca de que muy pronto se avalaría un supuesto proyecto para privatizar al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE). Unos minutos después, estaba en la calle con otros compañeros manifestándose, frente al parque Kennedy, en San Pedro, Montes de Oca. Tenía 20 años y usaba el pelo largo.

"Si le hubiesen preguntado hace un tiempo a mi mamá qué es lo que a mí no me gusta, mi mamá hubiera respondido que hablar. A mí no me gusta estar sentado y hablar y hablar sin propósito".

Como el periodismo no lo terminaba de entusiasmar, en vez de hacer una licenciatura en esa misma carrera, optó por empezar una maestría en Ciencias Políticas. Fue una etapa significativa, en la que cultivó semillas que parecen haber germinado en los últimos tiempos.

En estas aulas conoció a Harold Villegas, un profesor que en ese momento era asesor de la diputada del PAC, Margarita Penón, y que más adelante se convertiría en uno de sus mejores amigos.

Villegas también sería su compañero, en el 2016, como viceministro de la cartera de Trabajo. Sin embargo, debió renunciar al puesto luego de que se conoció que participó en una fiesta con licor en un edificio público.

Luis Guillermo Solís fue otro de sus profesores. Le dio el curso de Historia de Centroamérica y el Caribe.

El reclamo de Ottón Solís

En el 2003, Carlos Alvarado tenía 23 años. Colaboraba en prensa en el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo), y trabaja de vez en cuando en el diario Ojo. En ese momento, tuvo la idea de proponer para ese diario una entrevista con Ottón Solís, uno de los fundadores del PAC y entonces diputado de la primera facción legislativa del partido.

Lo impresionó la contundencia con la que Solís dio sus repuestas. “Era diferente a todo lo que yo creía de un político”, afirma. Sus preguntas estaban enfocadas en las divisiones que empezaban a resquebrajar a la agrupación en el Congreso.

Algunos de sus libros junto a un retrato familiar y un reconocimiento que recibió de Uruk Editores por la publicación de su última novela 'Temporada en Brighton', en el 2016. Foto: Jorge Castillo
Algunos de sus libros junto a un retrato familiar y un reconocimiento que recibió de Uruk Editores por la publicación de su última novela 'Temporada en Brighton', en el 2016. Foto: Jorge Castillo

“Me preguntó sobre qué opinaba de los diputados del PAC y yo le hice una lista, supongo que de todos los diputados. La cosa es que él nada más puso unos nombres en la publicación, y una diputada se resintió tremendamente conmigo, porque no estaba incluida. La diputada se puso tan enojada que me hizo cartas por escrito, me dijo que eso era de la política tradicional. Fue una cosa increíble”, rememora Ottón Solís.

El disgusto de la diputada motivó a Solís a llamar a Alvarado para hacerle el reclamo sobre por qué no incorporó todos los nombres que él había mencionado en la publicación. “Me respondió que eso no se estilaba, que solo había citado algunos nombres a manera de ejemplo. Y bueno, tenía razón”.

Solís también recuerda al joven entrevistador como respetuoso, pero a la vez irreverente.

Una curiosidad es que poco tiempo después también le hizo una entrevista a Luis Guillermo Solís, quien ocupaba el cargo como secretario general del Partido Liberación Nacional (PLN) y que en el 2005 se acercó al PAC luego de renunciar a ese puesto.

En ese año, las circunstancias hicieron coincidir a Alvarado con dos candidatos presidenciales del PAC, sin saber que él sería el tercero.

El acercamiento al PAC

La fracción legislativa del PAC se dividió en el 2004 y esto dio paso para que se abriera una plaza de periodista. Harold Villegas recomendó a Alvarado con la diputada Margarita Penón y le presentó unos trabajos que el joven había escrito sobre el tema fiscal, mientras era estudiante de Ciencias Políticas.

Cuenta que a la legisladora le parecieron atinados sus análisis y eso lo motivó a concursar por el puesto. Acudió a la entrevista de trabajo que estuvo a cargo de la entonces diputada Epsy Campbell, quien ahora lo acompaña en la papeleta como candidata a la vicepresidencia de la República y también Alejandra Mora, hoy ministra de la Condición de la Mujer.

“Me sorprendió positivamente, porque era un muchacho con la claridad de que quería trabajar los temas políticos y con una buena pluma. Ya había hecho algunos trabajos, me acuerdo que le había hecho una entrevista a Ottón Solís que me había gustado mucho. Fue un hombre que me pareció sencillo y me gustó que fuera joven y entendiera tan bien el panorama político”, cuenta Campbell.

A partir de ese momento, se desempeñó como asesor de prensa de la bancada del partido. Eso marcó el inicio de una década en la que conoció el teje y maneje de la política, pero desde la barrera.

Ottón Solís decidió lanzarse por segunda vez como candidato presidencial en el 2006. Ya había perdido en su primer intento en las elecciones del 2002, al quedar en el tercer puesto por detrás de Rolando Araya, del PLN, y Abel Pacheco, del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), ganador de los comicios.

La segunda batalla de Solís fue contra Óscar Arias. En ese momento, Carlos Alvarado decidió meterse de lleno en la campaña para apoyarlo. Su memoria lo lleva al set donde se grabó el anuncio de las máscaras de Solís y Arias en un ring. Su memoria trae de nuevo a Alberto Cañas diciendo que cómo era posible que hicieran ese comercial.

Fue un momento de ilusión para los seguidores del PAC, que creían que su partido podría vencer al expresidente liberacionista, pero Solís perdió de nuevo y esta vez por una diferencia de escasos 18.000 votos.

Luego de la derrota, Alvarado continuó trabajando en la Asamblea Legislativa, pero ya no como encargado de prensa, sino como jefe de Despacho del diputado Alberto Salom, quien ahora es el rector de la Universidad Nacional. Ese año, también finalizó los estudios en Ciencias Políticas y publicó Cornelius Brown, su primera novela, que fue galardonada con el premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica.

(Video) Perfil: Carlos Alvarado

El cargo como asesor de Salom lo ocupó apenas por unos meses, porque decidió irse a trabajar a Francia como profesor de la enseñanza del idioma español durante un año.

En el 2007, Costa Rica ardía en un clima de polarización. El país estaba dividido entre el sí y el no, entre los que apoyaban el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y entre quienes no lo hacían. El 7 de octubre de ese año se efectuaría un referendo para tomar la decisión histórica.

Semanas antes de la consulta popular, Alvarado regresó de su estadía en Francia para unirse a la campaña contra el TLC. Harold Villegas y Elizabeth Fonseca, en ese momento diputada, le pidieron que volviera para que se integrara a las filas opositoras. El referendo lo ganó el bando del sí y Alvarado tomó el resultado casi como un fracaso personal, algo que lo hizo caer en un sinsentido.

“Fue literalmente como regresar al 2004. Yo volví y me sentí como cuando empecé. Era asesor de prensa nada más que en otra Asamblea y después de una derrota. Fue sombrío, no tenía ninguna perspectiva clara. Entonces empecé a pensar que qué iba a hacer con mi vida”, relata.

Aunque ya había tenido la oportunidad de trabajar en otro país, una de las cosas que deseaba y aún no había podido concretar era estudiar en el exterior. Así que, sin muchas pretensiones de éxito, concursó por la beca Chevening que concede la Embajada de Reino Unido. Ganó la beca a la Universidad Sussex y se mudó en el 2008 a la ciudad de Brighton para sacar la maestría en Estudios del Desarrollo.

Cuando finalizó sus estudios, en el 2009, regresó a Costa Rica para integrarse a la nueva campaña de Ottón Solís como asesor. Acabó en un escenario similar al que había vivido tres años atrás: campaña electoral, Ottón Solís, candidato; Ottón Solís, derrotado. La aspirante del PLN, Laura Chinchilla, triunfó en las elecciones presidenciales del 2010 y el fundador del PAC anunció que nunca más volvería a postularse a unos comicios.

Vida en Panamá

Desesperanzado, Alvarado decidió irse cuatro meses a Panamá. Allí trabajaba Claudia Dobles Camargo, su novia desde el colegio y actual esposa, en la dirección de una firma de arquitectos.

Fue un tiempo en el que solo se dedicó a escribir. Quería demostrarse a sí mismo que podía trabajar como escritor, así que consumió sus horas en investigar la época durante la que el gobierno de Costa Rica confiscó propiedades de alemanes e italianos en la Segunda Guerra Mundial. Así nació su segunda novela: Las Posesiones.

Tenía planes de casarse con Claudia en diciembre del 2010, pero necesitaba dinero. Entonces aceptó la oferta del diputado Juan Carlos Mendoza, actual embajador de Costa Rica ante Naciones Unidas, para regresar como periodista de la bancada del PAC en la Asamblea Legislativa. Estuvo solo seis meses en el Congreso, pues luego de casarse, Claudia y él, se radicaron en Panamá.

En el país vecino empezó a laborar en la empresa Procter and Gamble, en el Departamento de Iniciativas Comerciales. Tuvo dos meses libres entre el momento en que empezó a vivir allí y el inicio del trabajo con la firma. Ese tiempo lo invirtió en escribir Temporada en Brighton, su último libro.

A pesar de que tenía una buena vida, no se sentía tan contento. El trabajo en la compañía no lo terminaba de cautivar.

En Panamá coincidía de vez en cuando con Luis Guillermo Solís, quien era director de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).

Paralalelo a esto, el PAC se mostraba cada vez más fracturado por el florecimiento de nuevas corrientes. Un grupo de partidarios se alió para darse a la tarea de buscar un líder que representara al Partido en las elecciones del 2014.

Alvarado está ligado al PAC desde que tenía 23 años. El primer cargo que asumió fue como asesor de prensa en el Congreso. Foto: Jorge Castillo
Alvarado está ligado al PAC desde que tenía 23 años. El primer cargo que asumió fue como asesor de prensa en el Congreso. Foto: Jorge Castillo

A la distancia, Carlos Alvarado formaba parte de ese equipo, que tenía en la mira a Luis Guillermo Solís. Alberto Salom le hizo la oferta a Solís, y él la aceptó.

Su hijo, Gabriel, nació en Panamá en el 2013. Tenía apenas 15 días de nacido cuando Luis Guillermo Solís ganó las elecciones internas del partido y Alvarado decidió regresar a Costa Rica. En el 2014, ocupó el cargo de jefe de Comunicación en la campaña del actual presidente.

Incursión en la política

A escasos días de que Solís anunciara su gabinete y mientras le estaba dando de comer a Gabriel, recibió una llamada del presidente electo. Solís le preguntó si quería encargarse de la presidencia ejecutiva del IMAS y él no dudó en aceptar. A partir de ese momento, Carlos Alvarado dejó de ser un asesor externo del PAC y, desde entonces, forma parte de la alta esfera del partido. Cruzó la barrera.

Sobre su trabajo en Panamá: "Hacía plata, vendía lavaplatos y aromatizantes y no me iba mal, pero no estaba tan contento".

En marzo del 2016, el presidente le pidió que asumiera el Ministerio de Trabajo ante la renuncia de Víctor Morales Mora. Por esa misma fecha, ya algunos compañeros del partido se le habían acercado para intentar persuadirlo de que se inscribiera en la convención interna del PAC.

La decisión de postularse como precandidato la tomó en noviembre del 2016. Dos meses después, dimitió como jerarca de Trabajo y dio a conocer sus pretensiones presidenciales.

De su trabajo en el IMAS se atribuye parte del logro de la reducción de la pobreza en casi dos puntos porcentuales entre el 2014 y el 2016 y de su paso por Trabajo considera exitosas las renegociaciones de las convenciones colectivas de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva) y el Banco de Costa Rica (BCR).

Como candidato le ha correspondido enfrentar críticas hacia su partido por la investigación del cemento chino, uno de los casos más sonados de corrupción del país que se gestionó en el actual gobierno y en el que están implicados funcionarios de los tres poderes de la República.

"Yo no era un chiquito que cantaba a los seis años el Himno Nacional sintiéndose presidente".

Asimismo, ha hecho ataques a la administración de Luis Guillermo Solís por las decisiones tomadas en relación con la cuestionada importación del cemento chino.

Sus simpatizantes le reconocen propuestas sociales, como la apertura hacia un matrimonio igualitario, así como las educativas y ambientales. Sus detractores le cuestionan su intención de recaudar más impuestos en un contexto de crisis fiscal.

Destaca como lo más difícil de la campaña, la decisión de mantener en la papeleta al candidato a diputado Wélmer Ramos, ante las múltiples peticiones que ha tenido para removerlo. La Comisión Investigadora de Créditos Bancarios acusó a Ramos de aceptar presiones de Casa Presidencial para que, en el proceso de apertura del duopolio del cemento, se tomaran acciones en beneficio del importador Juan Carlos Bolaños.

Sin embargo, admite que las presiones no se deben al tema del cemento chino. Más bien están relacionadas a que Ramos no comparte la agenda para la población LGTBI que él propone.

Defiende su decisión de sostener a Ramos, porque cree en la unidad pese a las diferencias y considera que si fuera presidente no puede pretender que todas las personas piensen como él.

Ottón Solís le regaló un sombrero a Carlos Alvarado durante la conferencia de prensa en la que el fundador del PAC anunció que se metería de lleno en la campaña del candidato. Foto: Albert Marín
Ottón Solís le regaló un sombrero a Carlos Alvarado durante la conferencia de prensa en la que el fundador del PAC anunció que se metería de lleno en la campaña del candidato. Foto: Albert Marín

Asumirse como político le implicó librar una lucha personal importante, ya que sus padres le habían advertido desde niño que la política era algo “malo”. De hecho, dice que ellos hubiesen preferido que ahora no estuviera involucrado en la campaña, pero afirma que se lo han tomado con paciencia y le han dado su apoyo.

“Mi familia mayoritariamente hubiese deseado que no me involucrara, pero más por protegerme. Yo creo que es ahí donde me reconozco, que (la política) es algo que está en mí, pero no lo asumo como una misión personal. Aunque yo no era un chiquito que cantaba a los seis años el Himno Nacional sintiéndose presidente, jamás”, asegura.

Es enero del 2018. Ottón Solís aparece al lado de Carlos Alvarado en un spot publicitario, ambos en primer plano. Esta vez Alvarado no está detrás de las cámaras. Al final del video, Solís le pasa a Alvarado su sombrero que está sobre una mesa. Alvarado lo toma y hace a ponérselo, como quien sabe que ahora el papel protagonista es suyo.