Presas interminables, horas detrás del volante o en el asiento del bus... la historia se repite por la mañana, por la tarde y, en algunos casos, durante todo el día. Las rutas alternas ya no son un escape porque también están colapsadas. Salir más temprano tampoco supone una ventaja en muchas ocasiones.
El caos vial se ha apoderado del área metropolitana de San José desde hace varios años. Las causas son tan distintas como las rutas que eligen a diario miles de usuarios que se desplazan a lugares de trabajo, de estudio y otras actividades.
Las posibles soluciones incluyen propuestas de transporte público, carriles adicionales, túneles o niveles, cuyos proyectos desde hace años permanecen engavetados.
La Nación conversó con expertos y usuarios para conocer y actualizar el “mapa de calor” de los congestionamientos que asfixian cada vez más a los conductores. Este es el listado que recopilamos:
1.Autopista General Cañas: Esta ruta, utilizada actualmente por más de 100.000 vehículos diarios, es la que presenta las peores condiciones de transitabilidad, principalmente en el sentido Alajuela-San José, en el tramo entre el Conservatorio Castella y el Monumento al Agua, donde es posible encontrar congestionamientos casi a cualquier hora del día.
Mario Durán Ortiz, ingeniero civil y consultor en transporte urbano y electromovilidad, asegura que en este punto el problema obedece principalmente al “estrangulamiento” que se genera en el Monumento al Agua, y que, a su vez, ocasiona un efecto de cola en la autopista General Cañas.
2. Ruta 27 entre el peaje de Escazú y La Sabana: Aquí el problema se produce, principalmente, por el cuello que se forma al pasar de más de una decena de carriles en las casetas de cobro, a tres y luego solo a dos.
3. Intercambio de Circunvalación con la ruta 27: El problema de embotellamiento lo enfrentan, sobre todo, quienes viajan desde Hatillo y Desamparados hacia Escazú.
4. El ingreso a Heredia: En este punto hay “caos vial” durante casi todo el día. Además, presenta una de las condiciones más complejas porque debe absorber todo el flujo vehicular proveniente de áreas como San Pablo y la Valencia. Pese a esta realidad, ha tenido nulas intervenciones en los últimos años y, además, los conductores deben lidiar con el paso del tren.
5. De La Galera hacia Curridabat: En ese punto del este de la capital se construyó recientemente un túnel para redistribuir los flujos vehiculares, pero el problema surge cuando los vehículos que viajan desde Tres Ríos o la autopista Florencio del Castillo pasan con cierta fluidez por ese cruce, pero se topan con los semáforos ubicados cerca del cruce conocido como Los Figueres.
6. Cuellos de botella de la ruta 32: En el norte de San José sufren los conductores tanto en la salida de la Circunvalación como después del puente del Saprissa, debido a que dicha estructura dispone de dos carriles que se reducen metros más adelante a solo uno.
En menor medida, pero con congestionamientos recurrentes, también figuran otras rutas y radiales clave, como el tramo entre San Pedro de Montes de Oca y Curridabat hasta Plaza del Sol, la radial de Lindora, la radial de Heredia, el corredor entre Heredia y la Valencia, la vía de Santo Domingo a Tibás, la Circunvalación norte y la carretera vieja a Escazú.
De acuerdo con el último Informe Nacional de Competitividad (INC), en promedio los conductores tardan 190 segundos (3,2 minutos) para recorrer 100 metros. Hace tres años, el promedio era de 2,8 minutos.
En los sitios más críticos se puede tardar hasta 7 minutos para completar esa distancia. Ese trayecto debería tomar 7,2 segundos a una velocidad moderada de 50 kilómetros por hora.
Ese mismo documento advierte de que la peor condición vial se concentra en la Gran Área Metropolitana (GAM).
Causas, efectos y ¿soluciones?
Antes de hablar de posibles soluciones, es importante indicar que las alternativas son tan variadas como las causas y que, según las propuestas conocidas del gobierno, no se contemplan intervenciones para todas las rutas antes citadas.
No obstante, se estima que proyectos de gran magnitud como el tren eléctrico o el corredor San José-San Ramón podrían tener un efecto indirecto en varias zonas a la vez.
El INC cita como principal causa del congestionamiento vial el aumento sin tregua de la flota vehicular y la desproporción entre la velocidad con la que se incrementa el parque automotor y el desarrollo de infraestructura.
Según datos del Instituto Nacional de Seguros (INS), al cierre del 2025 el país registró un total de 2.087.356 vehículos cubiertos con el Seguro Obligatorio Automotor (SOA), es decir, un incremento del 9,1% respecto a los 1.913.266 del año previo.
De la mano del aumento de carros en las calles, llega otro disparador para el caos vial: los accidentes de tránsito. Según los mismos datos del SOA, en el 2025 se registraron 46.949 accidentes que significaron un aumento de 15,7% respecto al 2024.
Henry Hernández, ingeniero de la Unidad de Seguridad Vial y Transporte del Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme), aseguró que el aumento en la compra de carros no es solo atribuible a la ausencia de transporte público eficaz, sino a cuestiones sociales y aspiracionales.
Hernández, además, sostuvo que el país ha postergado decisiones durante décadas y que esa falta de continuidad explica por qué algunas obras entran en operación con una capacidad limitada frente a una demanda que ya ha crecido.
Ambos expertos coinciden en que si bien es necesario recuperar la inversión en infraestructura, la ampliación de vías por sí sola no resolverá la congestión.
El ingeniero del Lanamme agregó que es necesario priorizar el transporte público mediante la sectorización de rutas de autobús, una mejor articulación con el tren, información para los pasajeros, infraestructura para trasbordos y carriles exclusivos o reversibles en corredores de alta demanda. El propósito, según señaló, debe ser que el viajar en bus deje de ser una opción lenta e incierta frente al vehículo particular.
El vocero del Lanamme advirtió de que es urgente actualizar los estudios de origen y destino de la Gran Área Metropolitana (GAM). A esa información debe sumarse una política de desarrollo urbano orientada al transporte público. Es decir, promover vivienda, empleo, comercio y servicios cerca de estaciones ferroviarias, terminales y corredores de alta capacidad, para reducir distancias y dependencia del automóvil.
Actualmente, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) apuesta a tres grandes obras cuya inversión supera los $2.000 millones: el tren eléctrico, la ampliación de la carretera a San Ramón y la ampliación de la vía a Cartago.
En los tres casos, la estimación es que los procesos de licitación avancen durante los primeros meses del próximo año y que las obras se inicien entre finales del 2027 y el 2028. Las etapas constructivas se extenderían por al menos cuatro años, lo que se traduciría en una mayor presión sobre la red vial.
El plan que en el pasado se conoció como sectorización para ordenar el transporte público en el área metropolitana también entró recientemente en una nueva fase de revisión, por lo que no hay plazos determinados sobre cuándo podría verse su impacto en la reducción del caos vial en el centro de la capital.
La intención del MOPT es que dicho modelo ahora opere de la mano del futuro tren eléctrico, bautizado con el nombre de Tibu, como eje central del sistema.
A estos grandes proyectos se suman obras puntuales que están en etapas más preliminares, como el túnel de San Pedro de Montes de Oca, un túnel en la Y Griega, tres intercambios en el tramo urbano de la ruta 32, un cuarto nivel para la intersección de la ruta 32 con Circunvalación y una obra similar en la intersección de Guadalupe.
En los últimos años, también se ha mencionado la ampliación de la ruta 27, pero sobre ese plan no se han conocido más detalles que una supuesta negociación del gobierno con la concesionaria y la intención de ampliar, en una primera fase, solo la mitad del recorrido.
También quedan a la espera la radial a Heredia y la ampliación de la radial de Lindora, las cuales se encuentran en un portafolio de proyectos que deberán no solo superar fases de factibilidad, sino también esperar que haya recursos.
