La flota vehicular registró un aumento de casi 60% en 10 años y las presas ya no solo impactan las rutas de la Gran Área Metropolitana, sino que prolongan los tiempos de viaje de los costarricenses en arterias claves de todo el país.
De acuerdo con el último Estudio de Movilidad Segura de Grupo Purdy y el Centro para la Sostenibilidad Urbana (CPSU), con base a datos del Seguro Obligatorio Automotor, entre el 2013 y el 2024, el parque vehicular pasó de 1,2 millones a 1,9 millones, siendo los vehículos particulares los que representan la mayor parte de la flota, alcanzando 1.176.452 vehículos de ese tipo para el cierre del 2024. Al cierre del 2025, la cifra superaba ya los 1,2 millones de carros.
No obstante, las motocicletas registraron el mayor incremento relativo con un crecimiento de 6% en el periodo citado, mientras que los taxis fueron el único segmento que más bien decreció con un -2% de la flota.
“Este incremento confirma un proceso de motorización continua en el país, asociado a factores como el deterioro relativo del transporte público, la expansión de la infraestructura orientada al automóvil particular y el aumento del poder adquisitivo de los hogares”, explica el análisis.
Además, señala que el aumento en los vehículos particulares, implica una mayor exposición al riesgo.
“Más vehículos particulares y, sobre todo, más motocicletas en circulación incrementan la probabilidad de siniestros, agravan los conflictos en entornos urbanos congestionados y plantean mayores desafíos para gestionar las velocidades y la convivencia con personas usuarias vulnerables”.
Además de la disminución en la flota de taxis, también destaca que los autobuses de servicio público, así como las busetas y microbuses de servicios especiales, tuvieron 0% de crecimiento en el periodo analizado, por lo que se advirtió que ese estancamiento limita la capacidad de absorber viajes para ofrecer alternativas seguras a los vehículos privados.
Más presas
El aumento en la flota vehicular, sumado al poco crecimiento que ha tenido en la última década la infraestructura vial, se traduce en congestionamientos que desbordan la capacidad de las carreteras incluso fuera del GAM.
Según el mismo estudio, datos del Programa Estado de la Nación revelan que hasta el 2023 la congestión vial mantuvo niveles similares a los registrados antes de la pandemia; no obstante, de ese año en adelante registró incrementos de hasta 32% respecto al periodo “pre-pandemia”.
En el documento se agrega que los cantones con condiciones más críticas de saturación vial son Tibás, San José (centro), Flores, San Pablo de Heredia, Montes de Oca, Goicoechea y Curridabat, los cuales alcanzan niveles de saturación que oscilan entre el 80% y el 90% de su red vial en horas pico.
Fuera de la GAM también se identifican seis cantones con condiciones similares a las áreas más congestionadas del centro del país: San Mateo, Naranjo, Orotina, Grecia, Sarchí y Palmares. En estos lugares, la saturación se sitúa entre el 55% y el 66% de las vías disponibles en las horas pico.
Arturo Steinvorth, coordinador del Área de Movilidad y Transporte Sostenible del CPSU, explicó que la medición analizó mediante datos de la aplicación waze, cómo se saturan distintas áreas a lo largo de las horas. Estos cálculos contemplaron carreteras de la red vial nacional y cantonal.
Asimismo, el informe destaca que en algunos sectores ya no existen las llamadas “horas valle”, es decir las presas son constantes a lo largo del día, además, durante la noche el tráfico se mantiene elevado debido al flujo asociado a gimnasios, restaurantes y otros comercios.
Adicionalmente, se señala que también ha habido un cambio en la distribución de los congestionamientos, pues mientras en 2019 afectaba principalmente tramos completos de rutas intercantonales, desde el 2024 se concentra en puntos específicos dentro de los distritos.
“Este comportamiento podría explicarse por transformaciones recientes en los patrones de movilidad, como el aumento del teletrabajo y de horarios laborales flexibles. También influyen las obras de mantenimiento y ampliación vial, tanto dentro como fuera de la GAM, que aunque mejoran la infraestructura en el largo plazo, generan presiones temporales sobre la congestión”, agrega.
A esto se suman otros factores como el clima, que provoca cierres parciales en puentes o carreteras claves como la ruta 32, cuyos cierres representan pérdidas de hasta $1 millón diarios.
En el mismo documento se agrega que datos de la OCDE estiman que el congestionamiento vial en la GAM representa alrededor del 4% del Producto Interno Bruto (PIB), precisamente por la pérdida de productividad asociada a los desplazamientos diarios entre cantones.
Steinvorth agregó que si se considera el impacto en otros temas como salud pública por contaminación y siniestralidad, las pérdidas podrían llegar al 10% del PIB.
Finalmente, en el análisis de la competitividad en el que se consideró el atraso promedio en carretera, de acuerdo con los segundos que se tardan para recorrer cada 100 metros, también se registraron aumentos.
Ese indicador que se calificó como “tiempo de vida perdido” pasó de 2,8 minutos por cada 100 metros de congestión en el 2022 a 3,2 minutos por cada 100 metros en el 2025.
