Educación

Dos exalumnas más cuentan traumas por presuntas agresiones de otros estudiantes en Colegio Calasanz

Supuestas víctimas y sus madres relataron historias de exposición a pornografía y ‘bullying’; critican accionar de autoridades de centro educativo

Lucía Campos, de 17 años, y otra joven identificada como Amanda, de 19, denunciaron presuntos casos de exposición a pornografía y bullying, durante su etapa académica en el Colegio Calasanz, en San Pedro de Montes de Oca, San José.

Ambas sumaron sus relatos a la denuncia pública realizada por otra exalumna de apellidos Cruz Carrillo, quien aseguró que la administración del colegio religioso encubrió a sus supuestos agresores, evitando una denuncia penal.

Luego de conocerse su caso, la dirección general del Colegio Calasanz emitió un comunicado rechazando “categóricamente” el supuesto encubrimiento. Según la institución, la decisión de no presentar una denuncia la tomó la familia de Cruz.

Esas historias se dan a conocer luego de que, una cuenta de red social, aparentemente administrada por alumnas actuales de ese centro educativo, publicaran una fotografía con carteles que denuncian supuestos encubrimientos de abusos.

Exalumnas de ese centro crearon la etiqueta #MePasóEnElCalasanz para denunciar presuntos actos de violencia sexual, acoso, misoginia y machismo, vividos durante su paso por el Calasanz.

En segundo grado

Campos indicó que cuando tenía 8 años y cursaba segundo grado, un estudiante de sexto la forzó a ver pornografía.

“Cuando le conté a mis profesores y a las psicólogas me dijeron que cómo era posible, que él era un buen muchacho, que no se lo podían creer.

“La solución de ellos era que él me pidiera perdón. Me pusieron cara a cara frente a mi agresor y me hicieron revivir todos esos momentos, para que él se disculpara”, aseguró Lucía.

En 2014, los padres de Lucía presentaron una denuncia penal en contra del estudiante, quien continuaba en el centro educativo.

Fue en ese momento, según Lucía, cuando el entonces director les solicitó abandonar el centro educativo.

“El colegio no quería que presentáramos la denuncia. Yo me quedé ahí dos años más, él también. Cuando pusimos la denuncia, el director nos solicitó ‘cordialmente’ que nos retiráramos de la institución a mí y a mi familia, porque eso se estaba volviendo un problema que ellos no podían manejar”, aseguró la joven.

Según su madre, ese proceso judicial terminó en una conciliación con los padres del menor implicado.

“La lucha de nosotros no fue contra el chico, él era una víctima más. Nuestra hija vino a romper una cadena de abusos, este chico había sido abusado por otro chico que había sido abusado.

“Buscamos que recibiera atención, pero sobre todo, que saliera del colegio, porque él permanecía ahí y había constantes cruces. En este caso era establecer un alejamiento obligatorio”, afirmó la mujer.

‘Bullying’

Amanda, por su parte, habló de hechos ocurridos en 2014.

Según contó la joven, también en compañía de su madre, un año antes había tenido una relación sentimental con un muchacho, quien la agredía emocional y psicológicamente.

“Me empezó a decir que sí salía conmigo y me trataría bien si yo le mandaba videos. Yo le mandé estos videos, pero yo ni siquiera sabía lo que estaba haciendo. Él me decía qué hacer, me decía que buscara en Internet qué hacer, me decía que hiciera como en las películas”, aseguró.

De acuerdo con Amanda, el joven habría abusado de su confianza para compartir, sin su consentimiento, las imágenes entre sus amigos.

La entonces niña de 12 años comenzó a extrañarse por actos de acoso y bullying por parte de otros compañeros, hasta que se dio cuenta que el video había sido compartido.

“Tuve que terminar encerrada en el baño del colegio. No podía caminar un solo paso sin que una persona que pasara a la par me insultara, hiciera algún comentario de mi cuerpo o de lo que había hecho. Me decían que daba asco, que me matara”, aseguró la joven.

La joven guardó silencio asustada por lo que ocurría. Fueron sus compañeras quienes notificaron a los profesores lo que sucedía.

“Hablaron conmigo y empezaron a cuestionarme el porqué mandaba esas cosas, que a quién se las mandaba y que iban a hablar con mi mamá. Ella estaba desconsolada con la profesora guía, la psicóloga de primaria y la de secundaria.

“Solo me decían que me iba a pedir perdón, que todo el mundo lo iba a olvidar. Cuando intentamos denunciar nos dijeron que eso no era necesario, que eso solo iba a hacer más alboroto, que lo dejara pasar, que nada más me iba a pedir perdón y que yo lo iba a olvidar.

“Muy tontamente pensaba que tal vez tenían razón y que lo iban a olvidar, pero el bullying nunca paró. Mis cinco años de colegio fueron una tortura.

A él solo le pidieron disculparse, recuerda. Sufrió mucho cuando lo pusieron en su misma clase, en décimo año.

Amanda asegura que todavía guarda pruebas que incriminarían al joven. A raíz de estas denuncias, asegura que analiza, junto a su familia, si presentan un proceso penal contra el muchacho.

Según dice, él se hizo popular entre grupos de amigos a costas del material compartido, que incluso trascendió ese centro educativo y llegó hasta otros colegios.

La administración del Colegio Calasanz aseguró que, en estos casos, su participación es “eminentemente coyuntural” debido a que, según dijeron, los hechos ocurrieron “fuera del ámbito académico”.

“Lamentamos profundamente las situaciones presentadas con ambos casos, pues se trata de menores que fueron expuestos a un material y circunstancias, no apta para ellos y ajenos a esta institución, sin la supervisión de sus responsables, lo cual se sale del control de esta entidad, que los recibe con el fin de educarles y enseñarles procurándoles el mejor ambiente”, señalaron ante consultas de La Nación.

Rechazo de ayuda

Las madres de ambas jóvenes denunciantes reprocharon el accionar del Departamento de Psicología de la institución, pues, según ellas, ocultaron información, cometieron omisiones y rechazaron ofrecimientos de capacitación para enfrentar futuros problemas similares.

La madre de Amanda aseguró que las psicólogas del centro educativo le habrían ocultado información cuando se enteró de la situación que atravesaba su hija.

“Cuando tuvimos la reunión inicial con las psicólogas, ellas nos mintieron sobre el contenido de los videos. Plantearon que era una cosa diferente a lo que en realidad era, omitieron información fundamental sobre el tipo de acto que se estaba cometiendo”, dijo la mujer.

Aunque pensaron en plantear una denuncia en el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), dijo la madre, recibieron un criterio poco alentador.

“En ese momento la institucionalidad en la materia era otra. Fue uno de los primeros casos e incluso en el OIJ se nos dijo que era un caso muy difícil, porque teníamos que demostrar de cuál celular salió todo, en lugar de partir del derecho a la defensa de la víctima. La niña estaba tan traumatizada que vimos muy difícil entablar un proceso judicial en esas condiciones de tanta misoginia y de violencia institucional”, afirmó la mujer.

La madre de Lucía, por su parte, consideró que el accionar de ese departamento fue “superdesilusionante”.

“Uno como padre no tiene la menor idea de cómo manejar un tema como estos y espera que el colegio sea la guía y el apoyo, en vez del enemigo.

“La lucha de nosotros no fue contra el chico, el chico era una víctima más de abuso. Mi hija supo hablar, supo decir, supo parar. El tema era cómo atender esa problemática y ahí es donde tenía que intervenir el colegio y los profesionales que se supone están capacitados. Ni supieron, ni quisieron, ni les importó”, aseguró la progenitora.

Tanto ella como su esposo ofrecieron un programa de capacitación al personal docente, con psicólogos capacitados en la atención de violencia sexual. Sin embargo, según dijo la madre, la invitación fue rechazada.

En su caso aseguró que no entablaron acciones legales contra el colegio, porque eso no habría solucionado los problemas de su hija. “Lo que más nos interesaba era lo que resolviera su trauma”.

“Nosotros tenemos claro que son personas muy puntuales, no es el sistema educativo Calasanz, no es el colegio como tal, no es un problema de colegios católicos o religiosos, no son todos los docentes. Específicamente psicólogas que mal asesoraron a docentes y al director, además del mal manejo entre ellos mismos”, afirmó.

Al respecto, el centro educativo aseguró que en caso de que se presenten este tipo de hechos se cumplen los protocolos establecidos.

“Quisiéramos enfatizar que este colegio quiere respetar los debidos procesos, procedimientos en relación con estos casos. Esta nueva dirección del colegio continuará con sus puertas abiertas y se pone a la disposición de las familias para seguirles acompañando en las acciones que decidan ejercer”.

Según dijeron, la administración se toma “con seriedad y responsabilidad” estas denuncias para “diagnosticar las acciones pasadas con el objetivo de valorar oportunidades de mejora”.

Juan Diego Córdoba González

Juan Diego Córdoba González

Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Estudiante de la Maestría en Comunicación y Mercadeo. Periodista de la mesa de Sociedad y Servicios de La Nación.

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