
La violencia no cesa en los centros educativos. En las últimas semanas casi una decena de amenazas de tiroteos han obligado a suspender lecciones en diferentes instituciones y un caso ocurrido en Pérez Zeledón conmocionó al país por su aparente trasfondo.
El 21 de abril, un video mostró cómo después de que un alumno, de 14 años, recibió un golpe en la cabeza, sacó un arma blanca de la parte trasera de su pantalón y caminó detrás del adolescente que le pegó. La madre del colegial armado afirmó que no justificaba la acción de su hijo, pero reveló que el estudiante habría estado sufriendo bullying e incluso asaltos dentro del Liceo Unesco en Pérez Zeledón.
Según la mujer, su hijo habría sido víctima de quemaduras con un cigarro y cortaduras con una navaja y amenazas de muerte.
Aunque no se convirtió en un hecho más grave, el caso de Pérez Zeledón recordó la situación ocurrida en Liberia, en marzo, cuando un estudiante del IPEC de aquella ciudad asesinó con un arma blanca a un compañero.
Frente a tan preocupantes acontecimientos, surge la pregunta ¿qué se puede hacer para evitar que se repita un caso como el de Liberia?
Óscar Valverde Cerros, director Ejecutivo de Paniamor y psicólogo, enfatizó en que lo que se vive en los centros educativos es una expresión de lo que se experimenta en un país, que además de ser cada vez más violento, naturaliza la violencia.
Incluso, aseveró Cerros, hay “figuras políticas de gran investidura” que gestionan conflictos y diferencias de manera violenta.
Para Valverde, es un hecho que la violencia puede estar relacionada con el crimen organizado y narcotráfico y en el caso de Pérez Zeledón; sin embargo, los actos violentos están vinculados, sobre todo, con la desigualdad estructural.
En hechos como el de Pérez Zeledón, en el cual el estudiante que sacó el arma blanca habría sido víctima de bullying sin aparente intervención del centro educativo, el psicólogo resaltó que el sistema muchas veces le falla a los estudiantes.
“Son chicos y chicas que tienen, quién sabe cuánto tiempo pasándola mal porque están siendo víctimas de violencia de sus pares y no hubo un sistema ni que lo identificara y si lo identificó, que lo pudiera detener. Y por tanto tampoco ha habido un sistema que logre (hacer algo), y no solamente estoy hablando del sistema educativo como el centro educativo, porque digamos en el sistema participamos las familias y las comunidades”, comentó.
La Nación consultó desde el 23 de abril al MEP sobre si el Liceo Unesco había detectado que el estudiante del incidente con el cuchillo era víctima de acoso escolar, pero al cierre de esta nota no se tuvo respuesta.
En criterio del director de Paniamor, para evitar que ocurran actos de extrema violencia en los centros educativos, es necesario que se reduzca las desigualdades sociales y económicas que generan tensión en las familias y sobre todo en la niñez y adolescencia. También, consideró vital que deje de naturalizarse la violencia.
A esto agregó la necesidad de seguir trabajando contra el bullying, tomando en cuenta a las familias, desde los centros educativos e inculcar la corresponsabilidad cuando algún estudiante sufre acoso o maltratos en las escuelas o colegios.
“Y finalmente, el tema del desarrollo de habilidades emocionales y socioemocionales, de gestión de conflictos, de gestión de emociones para que los chicos puedan autorregular su conducta”, agregó.
Advirtió de que un niño en un entorno precarizado tendrá siempre más dificultades para autorregularse si su círculo es hostil.
Cifra preocupantes de violencia estudiantil
Solo en el 2025, la Fiscalía Penal Juvenil recibió 5.313 denuncias por casos de violencia dentro de centros educativos. En el 2024, fueron 3.798, es decir hubo un crecimiento del 40%; del 2026 aún no hay datos.
Entretanto, datos de la Contraloría de Derechos Estudiantiles del Ministerio de Educación Pública (MEP) señalan que en el 2025 hubo 16 situaciones relacionadas con estudiantes portando armas de fuego o armas blancas dentro de los centros educativos. En lo que va de este año se han detectado cuatro.
La Nación solicitó una posición del ministro Leonardo Sánchez Hernández así como acciones precisas para reducir el riesgo de otro crimen, pero al cierre de esta publicación no se había recibido respues

Padres angustiados por violencia estudiantil
De acuerdo con la versión de la madre en el caso de Pérez Zeledón, el centro educativo conocía que al menos dos estudiantes molestaban a su hijo, pero la institución no actuó, aunque aún no había trascendido el supuesto maltrato físico del que era víctima.
La madre también cuestionó cómo el colegio no se percató de que su hijo llevó un cuchillo de ese tamaño, que en apariencia habría tomado de su colección de objetos de manga para poder pelar cables en las clases de Artes Industriales.
Otra madre de familia narró que ese liceo hay un detector de metales que ha estado fuera de funcionamiento. Las familias, dijo, sienten temor de enviar a sus hijos a estudiar.
Igualmente, preocupan las señales de presencia del crimen organizado: dos madres aseguraron a La Nación que en el Liceo Unesco hay alumnos cobrando un peaje a los estudiantes más jóvenes.
Incluso, en una circular, el colegio se refirió al tema e invitó a las familias a dialogar con los hijos y a denunciar cualquier situación de este tipo.
La mamá del alumno de 14 años afirmó que a él lo han asaltado dentro del centro educativo y que lo amenazaron con desquitarse con su familia, pues tenían respaldo “de la chusma”, si el adolescente contaba lo que estaba viviendo.

Reforzar prevención contra violencia
En marzo, Leonardo Sánchez Hernández, ministro de Educación, había reconocido la necesidad de reforzar el trabajo de prevención del MEP.
Esto, dijo, a pesar de que aunque los alumnos solo pasan el 12% del día en las aulas y que los centros educativos no pueden solventar las problemáticas que ellos traen de su casa y su entorno social.
“Necesitamos que los centros educativos sean, después de la casa, el segundo lugar seguro para un estudiante. Si un lugar no es seguro, al docente se le dificulta dar clases, y al estudiante aprender. Yo creo que nadie aprende con miedo”, comentó.
Entre las medidas para mitigar la violencia, adelantó en aquel momento, colocarían cámaras con inteligencia artificial en 500 centros educativos ubicados en zonas con mayor incidencia de violencia, y contratarían 400 guardas de seguridad.
Sánchez aseguró, además, que continuarían con medidas como la revisión de bultos, aunque esta medida es aleatoria y ocurren una vez por semana.
Además, a pesar de su implementación, es claro que sigue se siguen introduciendo armas en los centros educativos.
Pocos días después del incidente del arma blanca en el Liceo Unesco, se hizo una larga fila mientras revisaban los salveques de todos los estudiantes.
Señales de alerta
Una madre de un estudiante del Liceo Unesco, a quien llamaremos Fabiola para resguardar su identidad, se refirió al temor que experimentan las familias de centros educativos en los que han ocurrido incidentes de violencia. En su criterio, en el colegio de Pérez Zeledón no han sabido manejar las diferentes situaciones que se han presentado.
“Con mi hijo hemos establecido señales de alerta y acuerdos claros sobre cómo actuar ante una emergencia. Él sabe que debe estar atento a comportamientos sospechosos, a señales inusuales entre compañeros y a rutas de salida. También hemos definido cómo comunicarnos en caso de una situación real”, comentó la madre.
Agregó que esto es un reflejo de la preocupación con la que viven y señaló que en su familia tienen temor de enviar al estudiante a la institución.
“No sentimos la confianza de que el colegio pueda garantizar plenamente su seguridad”, afirmó.
Fabiola contó que han vivido momentos de mucha incertidumbre, como el ocurrido el 22 de abril, cuando avisaron a los padres de familia que en cinco minuto suspenderían lecciones por motivos de seguridad: a los estudiantes los evacuaron hacia el gimnasio y por medio de grupos de Whatsapp los alumnos se enteraron de que se trataba de una amenaza de tiroteo. Incluso circularon fotografías del mensaje escrito en el tanque de un sanitario.
Cuando los padres llegaron por sus hijos no podían llevarlos a sus casas porque, según dice, los mantenían en el gimnasio y les decían que se trataba de un simulacro.
“Sin embargo, los estudiantes ya habían visto imágenes de la amenaza escrita en los baños, lo que generaba una evidente contradicción. (...) El hecho de que la institución esté revisando bultos en la entrada refleja que sí existe una preocupación real por la seguridad. Entonces, el mensaje contradictorio hacia los estudiantes al decirles que fue un simulacro genera desconfianza y temor”, lamentó y reclamó el accionar del colegio.
