Conflictos

Serbia refuerza sus vínculos con Rusia a través del gas

A lo largo de las últimas décadas, el país balcánico concedió a Moscú casi un monopolio sobre su sector energético construyendo gasoductos destinados a importar exclusivamente el gas ruso

Belgrado. Mientras la mayoría de Europa intenta aislar a Moscú y prescindir mal que bien de sus energías fósiles, Serbia estrecha relaciones con Rusia con un acuerdo por el gas.

El país balcánico de siete millones de habitantes es candidato a entrar a la Unión Europea (UE) desde hace diez años, pero mantiene una relación cercana con el Kremlin. Y aunque Belgrado condenó la invasión de Ucrania a finales de febrero, rechaza sumarse a las sanciones occidentales contra Moscú.

Ahora, Serbia obtuvo un acuerdo “muy favorable” para el suministro de gas ruso durante tres años, anunció el presidente Aleksandar Vucic tras una llamada telefónica con su homólogo ruso Vladimir Putin el domingo.

El Kremlin se limitó a decir que Moscú “continuará suministrando gas natural a Serbia sin interrupción”, pero Vucic aseguró que se trataba “de lejos del mejor acuerdo en Europa”. “Tendremos un invierno seguro en materia de abastecimiento de gas”, afirmó, pronosticando una factura entre 10 y 12 menor que en otras partes de Europa.

Los países europeos acordaron tras largas transacciones esta semana un embargo sobre gran parte de las importaciones de petróleo ruso para secar la financiación de la guerra.

El bloque quiere también reducir su dependencia del gas, pero la perspectiva de un embargo total sobre este hidrocarburo parece lejana a pesar de que Moscú cortó su suministro a varios países europeos.

Bruselas condenó el acuerdo energético con Moscú y advirtió a Serbia “no reforzar más sus vínculos con Rusia”. “Los países candidatos, incluida Serbia, deben alinear progresivamente sus políticas hacia países terceros con las políticas y posiciones de la UE, incluyendo las medidas restrictivas”, dijo el portavoz de la Comisión Europea, Peter Stano.

Oficialmente, Belgrado se fija el acceso a la UE como una prioridad, pero evita cualquier medida antirrusa, mientras los medios progubernamentales difunden mensajes que podrían haber sido escritos por el Kremlin.

El canciller ruso Serguéi Lavrov es esperado a principios de la semana próxima en Belgrado, según el ministerio ruso de Relaciones Exteriores. Recientemente, Lavrov dijo a periodistas serbios que Rusia está “segura” de que el país balcánico “continuará tomando decisiones inteligentes”.

Responsables serbios acusan a Occidente de presionar a Belgrado para que se sume a las sanciones y algunos hablan incluso de abandonar la candidatura a la UE.

“Es como si se hubieran pasado la última década preparando a la sociedad no para un ingreso a la UE, sino a una alianza con Moscú”, dijo a AFP Srdjan Cvijic, del grupo BiEPAG (Grupo de Asesoría Política Balcanes en Europa).

Aunque los detalles del acuerdo no se revelaron, “siempre hay una ‘cláusula fraternal’ inherente a precios favorables, que no figura en el contrato pero que implica a arreglos o a concesiones políticas”, juzgó Goran Vasiv, especialista de energías en la Universidad Novi Sad.

Las autoridades serbias desmienten que el suministro de gas a precio de amigo sea una “recompensa”. “Todos aquellos que nos acusan de no imponer sanciones a Rusia debido a un acuerdo sobre el gas deberían sentir vergüenza”, dijo la primera ministra Ana Brnabic. “Si no imponemos sanciones contra Rusia, es por principios”.

Belgrado reconoce a Moscú no haber reconocido Kosovo, su antigua provincia, y destaca los vínculos históricos y culturales con el “gran hermano” ruso.

Pero de hecho, Serbia no tenía margen de maniobra. El antiguo contrato de suministro de gas ruso, con tarifas también preferenciales, iba a expirar sin una alternativa viable para Belgrado en un futuro cercano.

A lo largo de las últimas décadas, el país balcánico concedió a Moscú casi un monopolio sobre su sector energético construyendo gasoductos destinados a importar exclusivamente el gas ruso.

En el 2008, el año de la declaración de independencia de Kosovo, Belgrado vendió una mayoría de NIS, su compañía de gas y petróleo, al gigante ruso Gazprom, una decisión ampliamente percibida como el precio a pagar por el veto de Moscú en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a su antigua provincia.

“Es evidente que durante todo este tiempo, hemos tenido un grupo de presión bien organizado que ha defendido el monopolio y continúa haciéndolo”, añadió Vasiv.

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