AP, AP. 6 noviembre, 2019
Miembros de la familia LeBarón observaron -el martes 5 de noviembre del 2019- uno de los vehículos donde viajaban varios de los muertos en el ataque armado en el norte del estado de Sonora.
Miembros de la familia LeBarón observaron -el martes 5 de noviembre del 2019- uno de los vehículos donde viajaban varios de los muertos en el ataque armado en el norte del estado de Sonora.

Colonia Le Barón, México. Cuando hombres armados de un cartel del narcotráfico comenzaron a disparar contra mujeres y niños estadounidenses en el norte de México, el Ejército y la Guardia Nacional de México y la Policía estatal de Sonora no estaban ahí para protegerlos. Tardaron alrededor de ocho horas solo para llegar al sitio del ataque.

Para los residentes y otras personas, el ataque parecía demostrar una vez más que el gobierno ha perdido el control de amplias zonas del país ante los narcotraficantes.

“El país está sufriendo mucho por la violencia”, dijo William Stubbs, un productor de nueces y alfalfa que es miembro de un comité de seguridad de la Colonia LeBarón, una localidad con una población mayoritariamente estadounidense. “La ves por todas partes. Y no está mejorando. Está empeorando”.

La falta de fuerzas de seguridad en zonas rurales como los estados de Chihuahua y Sonora alguna vez provocó que los residentes con doble nacionalidad –estadounidense y mexicana– de sitios como la Colonia LeBarón formaran sus propios cuerpos de defensa civil.

Stubbs indicó que luego del asesinato en el 2009 del activista contra el crimen Benjamín LeBarón, los residentes se turnaban todas las noches durante dos años para tomar posición con binoculares de alta potencia y vigilar desde la “L” del letrero de “LeBarón” que está en una ladera sobre el poblado.

Desde entonces, comentó, los carteles han abandonado LeBarón y el municipio de Galeana, ubicado a unos pocos kilómetros al norte. Pero afirmó que han visto que los carteles se han vuelto más fuertes en las últimas dos décadas, y que las comunidades aledañas en las montañas son objeto de violencia y extorsión de las organizaciones de narcotraficantes.

Esta semana, señaló, los militares le dijeron que la localidad de Zaragoza había sido abandonada en un 50%.

El general Homero Mendoza, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional, manifestó el miércoles que la emboscada perpetrada el lunes, en la que murieron tres mujeres y seis niños –todos estadounidenses–, comenzó a las 9:40 a. m., pero que las unidades del Ejército más cercanas al sitio estaban en la ciudad fronteriza de Agua Prieta, a unos 160 kilómetros de distancia.

Los soldados no partieron hacia la escena del ataque hasta las 2:30 p. m. y llegaron a las 6:15 p. m., mientras cinco niños que habían sobrevivido se escondían en las montañas con heridas de bala.

Estado ausente

“Hay zonas donde el Estado es muy frágil”, expuso Alejandro Hope, analista de seguridad de México.

El presidente Andrés Manuel López Obrador creó la Guardia Nacional luego de que asumió el cargo en diciembre del año pasado para ayudar a las fuerzas de seguridad, pero sus 70.000 elementos tienen que cubrir un extenso territorio.

Esta es la finca La Mora, en el estado de Sonora, propiedad de la familia LaBarón.
Esta es la finca La Mora, en el estado de Sonora, propiedad de la familia LaBarón.

“El instrumento central de la política de este gobierno, que es la Guardia Nacional, no está donde debe de estar”, manifestó Hope y señaló que los estados de Sonora y Chihuahua, que cubren 420.000 kilómetros cuadrados entre los dos, solo tienen 4.100 elementos de la Guardia Nacional estacionados allí –alrededor de un oficial por cada 100 kilómetros cuadrados–.“Los deben poner en la sierra, allí no están”, agregó.

También se han planteado inquietudes sobre si el Ejército puede hacer su trabajo aun estando presente.

El 17 de octubre, los soldados se vieron obligados a liberar a un hijo del narcotraficante mexicano Joaquín el Chapo Guzmán, para evitar un mayor derramamiento de sangre luego de que los hombres armados del cartel de Sinaloa se desplegaron en la ciudad de Culiacán tras su detención.

La Colonia LeBarón es un sitio en el que hay una clara influencia estadounidense por cualquier lado al que se mire: hay camionetas con placas de California, Idaho, Colorado, Washington, y clientes angloparlantes comiendo hamburguesas en Ray’s Restaurant, Coffee & Grill. Muchos de los residentes con doble nacionalidad nacieron ahí y sus familias han estado en ese sitio por décadas.

Stubbs pronosticó que algunas personas mudarán a sus familias a Estados Unidos por temor, pero que eventualmente regresarán, tal como ocurrió después del asesinato del 2009.

Agentes de la Guardia Nacional patrullaban cerca de Bavispe, en la frontera entre los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua, este miércoles 6 de noviembre del 2019.
Agentes de la Guardia Nacional patrullaban cerca de Bavispe, en la frontera entre los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua, este miércoles 6 de noviembre del 2019.

También calificó de dudosa la estrategia de seguridad de “abrazos, no balazos” de López Obrador para tratar de resolver los problemas sociales subyacentes en lugar de combatir a los carteles del narcotráfico con las fuerzas militares.

“Estoy realmente impactado de su forma de pensar. Eso no va a resolver los problemas”, manifestó.

A expensas de los narcos

Los residentes saben que no pueden pelear contra los carteles por su propia cuenta.

“No somos expertos militares, ni de guerra, ni de armas”, declaró Stubbs. “Somos agricultores y tenemos familias numerosas e increíbles. Definitivamente, queremos que nuestras familias sean pacíficas”.

Las autoridades mexicanas dijeron que los atacantes pudieron haber confundido las camionetas de los residentes con las que utiliza una organización criminal rival. El cartel de Juárez y su brazo armado, conocido como “La Línea”, están librando una despiadada guerra territorial contra una facción del cartel de Sinaloa conocida como “Salazar”.

“Esa fue la percepción que tuvimos, que en el último de los casos, las personas que agredieron a los ocupantes dejaron ir a los menores. Luego entonces, podemos establecer alguna premisa: que no fue una agresión directa” contra las familias, comentó el general Mendoza.

Esteban LeBarón, familiar de los nueve asesinados el lunes 4 de noviembre del 2019, recogí granadas en la finca La Mora, propiedad de la familia, en el estado mexicano de Sonora.
Esteban LeBarón, familiar de los nueve asesinados el lunes 4 de noviembre del 2019, recogí granadas en la finca La Mora, propiedad de la familia, en el estado mexicano de Sonora.

La mayoría de las víctimas vivían a unos 110 kilómetros al sur de Douglas, Arizona, en la comunidad de La Mora, la cual se fundó hace décadas por una rama de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Muchos de los residentes de La Mora se identifican como “mormones”, pero no están afiliados a la Iglesia. Varios están relacionados con la familia extendida LeBarón.

Se presume que los asesinos son miembros de La Línea, cuyos sicarios entraron al territorio del cartel de Sinaloa en la víspera y establecieron un puesto de avanzada armado en una colina cerca de La Mora y una emboscada carretera arriba. El cartel de Juárez aparentemente quería evitar que los hombres del cartel de Sinaloa ingresaran a su territorio en el estado de Chihuahua.

Fue hacia el lugar donde estaba este grupo armado que las mujeres estadounidenses se adentraron.