
Washington. El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), Jerome Powell, ha asegurado que la economía del país norteamericano se encuentra en un “punto de inflexión” debido a las cada vez mejores perspectivas y la reapertura gradual en casi todo el territorio.
Durante su participación en un acto organizado por The Economic Club of Washington, Powell argumentó que la campaña de vacunación, la política fiscal y la aceleración de la reapertura por la eliminación de restricciones están empujando al alza la economía del país.
No obstante, Powell también ha alertado de que Estados Unidos todavía se enfrenta a posibles riesgos a la baja, como un retraso en las vacunas o que la pandemia genere un nuevo incremento en casos por las nuevas variantes surgidas.
En cualquier caso, el titula del banco central estadounidense estimó que el país se está adentrando en un periodo de “crecimiento más rápido y mayor creación de empleo”.
El banquero central repitió que la FED no tiene previsto subir tasas de interés hasta que se cumplan tres condiciones: que la recuperación del mercado laboral se haya completado, que la inflación haya llegado al 2% y que esté en camino de superar ese 2% durante un tiempo.
“Buscamos que la inflación esté moderadamente por encima del 2% durante cierto tiempo”, explicó Powell, atribuyendo esta decisión a que los precios han estado varios años creciendo por debajo del objetivo del banco central.
El Presidente de la FED también mencionó que el nivel actual de la deuda de Estados Unidos es sostenible, pero la trayectoria a largo plazo no, por lo que deberá encarrilarse cuando la economía se recupere de la pandemia.
“La deuda crece significativamente más rápido que la economía y es por definición insostenible...”, manifestó. A futuro, sin embargo, el nivel actual de la deuda es muy sostenible”, dijo Powell.
“No es por el momento la principal preocupación, pero se trata de una preocupación importante sobre la cual deberemos, creo, ocuparnos nuevamente cuando la economía está sólida”, concluyó.
La deuda pública estadounidense alcanza los $23 billones. Pero las tasas de interés muy bajas permitieron reducirla en $41.000 millones durante los seis primeros meses del actual ejercicio fiscal.