El desequilibrio regresó al fondo de pensiones del Banco Nacional después de que los administradores del régimen redujeron, el año pasado, la cotización de los trabajadores del 7% al 5% de su salario.
El resultado fue la creación de un millonario hueco actuarial de ¢45.233 millones, según la más reciente Valuación Actuarial del Fondo de Garantías y Jubilaciones del Banco Nacional, con datos al 31 de diciembre del 2022.
El informe, entregado a la entidad financiera estatal en febrero anterior, implica un retroceso comparado con el superávit de ¢12.505 millones registrado en el estudio del año pasado.
Dicho análisis recomendó, para enfrentar el deterioro, evaluar la creación de una tasa de cotización especial para los jubilados actuales y futuros del sistema cuyo porcentaje debería establecerse según la cotización de la persona, cuando trabajó, y el beneficio de pensión recibido.
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Carlos Chavarría, gerente del Fondo, dijo que las posibles reformas siempre se valoran con base en los resultados de los informes actuariales.
Pero no precisó si analizan o rechazaron la propuesta hecha en el informe hecho por el actuario-matemático, Rodrigo Arias López.
En los tres estudios previos al actual también se propuso la creación de un aporte para pensionados. Sin embargo, el banco público se ha negado a incorporarlo.
La cuantía mensual de los 1.611 jubilados casi triplica el beneficio otorgado por el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Al cierre del año pasado, la pensión promedio en el banco estatal era de ¢807.537; mientras que en la de la Caja ascendió a ¢300.000, es decir, 2,6 veces menor que el beneficio otorgado por este sistema.
La cotización a este régimen especial es equivalente al 15% de la planilla pagada anualmente. El Banco Nacional contribuye con el equivalente al 10%, es decir, ¢8.757 millones en el 2022, y los trabajadores el 5%, lo cual significaron ¢4.812 millones.
El régimen contaba con 5.316 trabajadores activos al cierre del año pasado.
A diciembre del 2022, el régimen de jubilaciones del Banco Nacional contaba con una reserva de ¢191.560 millones. Este sistema especial se creó en 1953 con la promulgación de la Ley Orgánica del Sistema Bancario Nacional.
Golpe a reserva
El estudio actuarial muestra que la reducción en aporte del trabajador provoca el desequilibrio en la reserva del fondo del Banco Nacional.
“Es pertinente recordar que, en 2022, con el fin de reducir inequidades intergeneracionales y tomando en cuenta los resultados del estudio del 2021, el Órgano de Dirección del Fondo redujo la tasa de contribución sobre los salarios de un 17% a un 15%, lo que equivale a una reducción de ¢15.634 millones en los activos actuariales”, se recalca en el informe.
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En el escenario cerrado, es decir, sin prever la incorporación de nuevos cotizantes, los ingresos serán insuficientes para pagar pensiones en el 2037.
A partir de ese momento se comenzará a tomar dinero de la reserva hasta que esta se agota en el 2052, según la proyección del estudio.
Chavarría recalcó que el sistema también fue afectado por otros factores coyunturales del mercado.
El aumento de tasas de interés en las inversiones y la baja en el tipo de cambio dispararon el gasto financiero del Fondo. En el 2022, este rubro ascendió a ¢22.825 millones, mientras que en el año previo fue de ¢6.774 millones.
Una parte de esa erogación debió a que este régimen permite a las personas llevarse la totalidad de sus recursos en caso de que termine la relación laboral con el BNCR. Por lo tanto, se obliga la liquidación de inversiones y esto causa un efecto negativo si esos activos se encuentran pasando por un periodo de baja valoración.
El informe recomendó una mayor diversificación de la cartera de inversiones de tal forma que se reduzca la alta concentración en títulos de Gobierno.
Sistema desigual
Las dificultades en el fondo de pensiones del Banco Nacional se originan a raíz de las condiciones en que fueron entregados los beneficios para un grupo de menos de 900 personas.
El beneficio otorgado a esas personas fue muy superior a la contribución realizada durante su vida laboral.
Las condiciones favorables se redujeron en reformas hechas en años anteriores. Sin embargo, el peso de quienes obtuvieron una jubilación ventajosa aún provoca una desigualdad intergeneracional, según el estudio actuarial.
“En términos generales existen (...) diferencias en cuanto a los beneficios y condiciones entre diferentes poblaciones de activos y pensionados, entre ellas la ausencia de cotización de los pensionados e inequidad en los aportes de los trabajadores activos y futuras generaciones, respecto a quienes se pensionaron con mayores beneficios”, se destaca en la valuación actuarial.
Una de las principales razones de la inequidad fue que, en el 2003, se estableció vía reglamento que quien tuviera 10 años de cotizar al régimen, hasta ese momento, mantiene el derecho jubilarse a los 55 años, para las mujeres; y a los 57 años para los hombres, cuando cumplan 20 años de permanencia en el sistema.
También conservaron la forma de cálculo del monto de la pensión. El monto máximo es el 71,5% del salario de referencia al retiro.
En contraste, quienes laboran actualmente en el Banco Nacional tendrán derecho al retiro hasta cuando alcancen la edad de jubilación del IVM. A partir de enero del 2024, las mujeres podrán retirarse a los 63 años y los hombres a los 65 años.
El monto de la pensión es el equivalente al 25% del salario de referencia de los últimos 25 años del empleado.
Además, el fondo cuenta con un tope de pensión de ¢4,4 millones.

