Ricardo González. 15 marzo

La normativa legal y reglamentaria que regula la materia fiscal y también la estructura de la Administración Tributaria han tenido enormes cambios en los últimos años. La presión de los impuestos sobre los contribuyentes ha crecido y también se han multiplicado las obligaciones formales a través de multiplicidad de nuevas declaraciones que deben presentarse periódicamente.

En estas circunstancias y a partir de lo que ya se está observando en la realidad económica del país, se plantea no un dilema sino un “trilema” fiscal en cuanto al futuro del sistema tributario y financiero en general, pues el fuerte roce entre las normas tributarias y la reacción de los contribuyentes podría desembocar en uno de los tres siguientes escenarios. Una primera posibilidad, ante el fuerte efecto de los impuestos sobre los contribuyentes, es que el sistema llegue a anular las leyes, como podría ser el caso en que un fallo de la Sala Constitucional determine que la presión fiscal sobre los empresarios (que es cercana al 60% de la renta neta) resulta inconstitucional y en consecuencia se anulen una o varias leyes impositivas.

Un segundo escenario es lo contrario, que las leyes resulten tan fuertes que terminen por destruir al sistema, lo que sucedería si los empresarios e inversionistas llegan finalmente a considerar que resulta imposible realizar negocios en el país por la excesiva presión de los impuestos. Si eso pasa, se daría el cierre de negocios y fuga de la inversión, provocando una contracción de la economía y consecuente disminución de ingresos para el Estado, que posiblemente no podría pagar sus obligaciones.

Una tercera opción es que llegue a coexistir un fortísimo sistema tributario y a la vez una enorme evasión de impuestos. Un punto de comparación, guardando las distancias, es Brasil, país que tiene la mayor cantidad de leyes de protección ambiental y a la vez la mayor cantidad de infracciones ambientales del mundo.

¿Será que Costa Rica se puede convertir en un país repleto de leyes fiscales que una gran parte de los contribuyentes no cumple y con ello se recarga aún más a los contribuyentes que sí cumplen sus obligaciones? Un sistema tributario demasiado fuerte puede llevar a mayores grados de incumplimiento y evasión. ¿Usted qué opina?