Marvin Barquero. 14 enero
Los porcicultores afirman que el mejoramiento genético y avances en alimentación permiten competir con las importaciones de Estados Unidos. Pero distorsiones en el mercado mundial, como el cese actual de compras de cerdo estadounidense por parte de China, causan trastornos adicionales. Foto: Carlos González
Los porcicultores afirman que el mejoramiento genético y avances en alimentación permiten competir con las importaciones de Estados Unidos. Pero distorsiones en el mercado mundial, como el cese actual de compras de cerdo estadounidense por parte de China, causan trastornos adicionales. Foto: Carlos González

Desde el 1.° de enero pasado, las carnes de res y cerdo están en libre comercio con Estados Unidos, lo cual significa que no se deben pagar aranceles o impuestos de entrada para importar, en cumplimiento de los acuerdos del Tratado de Libre Comercio (TLC).

El pacto con los estadounidenses se fijó con un plazo de 15 años para eliminar los impuestos de entrada a estos productos, mientras que las llamadas partes negras del pollo (muslos y otros) se liberalizarán el 1.° de enero del 2022 (17 años) y el arroz y los lácteos, el 1.° de enero del 2025 (20 años).

Esos cuatro productos agropecuarios siempre fueron protegidos en las negociaciones comerciales, pero los estadounidenses exigieron eliminar paulatinamente los impuestos. Chile y Canadá también lograron apertura en el caso del cerdo, mientras que la papa y la cebolla fueron los únicos productos excluidos del libre comercio.

La situación puede acarrear efecto en los precios finales al consumidor, aunque los distribuidores advierten de que eso dependerá de las cotizaciones internacionales, las cuales actualmente están altas.

En lo relativo al cerdo y a la res, el impacto es un poco diferente en cada caso, consideraron esos sectores productivos. En el primer caso se puede sentir más porque las importaciones de carne de cerdo estaban protegidas con 45% de arancel cuando se negoció el TLC. La carne bovina, en cambio, tuvo siempre una protección mucho menor, del 15%, lo cual reduce el efecto.

La reducción paulatina de los aranceles se refleja, también, en un incremento sostenido de las importaciones. Las compras de carne de cerdo al exterior pasaron de 4.995 toneladas, en el 2013, a 10.875 toneladas, en el 2018 , según el portal estadístico de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer).

Los datos finales del 2019 no han cerrado, pero el acumulado entre enero y setiembre de este año reflejan un fuerte aumento, pues las compras se situaron en 19.831 toneladas, de acuerdo con esta misma fuente.

Hasta el 2017, la mayor parte de las importaciones de este alimento (60%) provenían de Chile. Ya en el 2018, Estados Unidos pasó a liderar con 48% de las compras hechas por Costa Rica, y Chile le siguió en ese año, con 44%. En el acumulado de enero a setiembre del 2019 (último disponible) las compras de carne de cerdo en Estados Unidos representaron 53,5% del total y las de Chile fueron 46%.

El consumo total de esta carne en el país se estima en unas 76.000 toneladas anuales.

Las importaciones de carne bovina se incrementaron de 3.728 toneladas en el 2013 a 7.627 toneladas en el 2018. Este último año se presentó un descenso respecto a las 9.525 toneladas registradas en el 2016.

Desgravación de productos protegidos

En el TLC con Estados Unidos se acordó eliminar aranceles a productos agropecuarios tradicionalmente protegidos.

FUENTEs: comex y procomer.    || w. s. / LA NACIÓN.

Efectos en el mercado

Rómulo Chaves, presidente de la Cámara Costarricense de Porcicultores, explicó que se importa de Estados Unidos posta de cerdo, chuleta y costilla, los tres cortes de más demanda y, por tanto, más fáciles de vender.

El ingreso de carne de res es un poco diferente, pues se traen de Estados Unido cortes de muy alta calidad, con más componente de grasa que el producto local y para un mercado muy especializado y de alto poder adquisitivo, explicó Luis Diego Obando, director ejecutivo de la Corporación de Fomento Ganadero (Corfoga).

Esos cortes de bovino se clasifican entre los Prime (máxima calidad según la clasificación estadounidense) y los Choice (los que siguen en los niveles de calidad). “Hace 10 años había que viajar a Estados Unidos para encontrar un corte de estos; hoy las cadenas de supermercados y otros comercios los importan para clientes de alto ingreso u hoteles de alto nivel”, comentó Obando.

Algunas empresas importadoras de cerdo, comentó Chaves, traen la posta como la base para la fabricación de embutidos, por lo que el mercado de este producto también puede ser impactado. Reveló que una empresa importa la posta únicamente para tener materia prima en su planta de embutidos.

Según los datos de la Cámara de Porcicultores, la principal firma importadora de cerdo es la Corporación de Compañías Agroindustriales, que forma parte de Walmart de México y Centroamérica, con una participación del 31% del total. La segunda es Sigma Alimentos, empresa de origen mexicano que entre sus divisiones cuenta con una de embutidos, y tiene 24% del mercado, de acuerdo con los datos al 2019.

La tercera importadora es Carnes Castillo CS, S. A., la cual importó 8,5% de las compras totales.

Mariela Pacheco, subgerente de Asuntos Corporativos de Walmart, aseguró que las importaciones permiten satisfacer las necesidades de abastecimiento para los diferentes formatos, debido a que el mercado local no es autosuficiente, a pesar de que la empresa siempre compra y apoya al productor nacional.

Consultada acerca del efecto en un posible menor precio detalló: “No necesariamente es así. El faltante de proteína mundial ha provocado un aumento en los costos de las carnes en el mercado nacional”.

En tanto, Luis Fernando Solís, presidente de la Asociación Nacional de Carniceros, consideró que las importaciones sí tienen efecto en reducción de precios, pero está focalizado en quienes compran directamente en el exterior o en cadenas que adquieren lo traído por empresas importadoras.

Las carnicerías pequeñas, en tanto, sufren el embate, pues no pueden adquirir producto importado y deben comprar el ganado a precios locales, lo cual les resta competitividad, aseguró Solís. Agregó que para los negocios pequeños el principal problema lo presentan, no obstante, las importaciones desde Nicaragua.

Según Chaves, las empresas grandes realizaron inversiones en mejoramiento genético y en alimentación de los animales para prepararse y afrontar esta apertura comercial. Aseguró que el rendimiento medido en cantidad de kilos logrados por medio de cada cerda (incluye a sus crías) pasó de 2.100 kilos, hace 10 años, a un poco más de 2.800 kilos actualmente.

Ese avance implicó una inversión de unos $4.000 por cada cerda. En total, se estima que los porcicultores costarricenses invirtieron, al menos, $45 millones en esta preparación, según las cifras de la cámara del sector.

Ese gremio estima que empresarios pequeños y muchos de subsistencia salieron de la actividad, pues no era rentable hacer las inversiones. Hace 10 años se estimaba en 50.000 la cantidad de porcicultores y hoy no llega a los 45.000, señaló Chaves.