Irene Rodríguez. 21 junio
Esta fotografía revela parte del trabajo de campo realizado en la zona norte del país. Foto: CCSS
Esta fotografía revela parte del trabajo de campo realizado en la zona norte del país. Foto: CCSS

“En estos momentos estamos en una segunda ola pandémica”.

El anuncio lo hizo el ministro de Salud, Daniel Salas, el 8 de junio, a tres meses de la llegada del primer caso de covid-19 a Costa Rica.

A la largo de estos días, los especialistas del Ministerio de Salud y a Caja Costarricense de Seguro de Social (CCSS) advierten que esta oleada es muy diferente. Primero, se ensaña, principalmente, con los habitantes más pobres del país. Segundo, crece aceleradamente. Tercero: obligó a cambiar la estrategia de ataque.

“Esta segunda ola tiene características muy particulares, es una población más vulnerable. Sus características son mucho más focalizadas y diferentes de las que presentó la primera ola y está más concentrada en el sector en trabajadores del sector agrícola, del sector de empacadoras, del sector de construcción”, dijo el ministro Salas.

“Si los empresarios de esas áreas no se comprometen, no trabajan con nosotros, esto no podemos llevarlo adelante”, advirtió.

Para Guiselle Guzmán, jefa del Área de Salud Colectiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), las diferencias de esta segunda ola la convierten en un gran reto.

“La primera ola comenzó con gente que venía de aeropuertos. Tenían otro nivel educativo, otras posibilidades económicas”.

“Con la segunda ola, no es un ‘está en Guanacaste’ o que ‘ahora está en la zona norte’. El asunto es que estas personas tienen otro tipo de actividad, una que jamás va a ser teletrabajable. Esas personas se movilizan de lugar según donde haya trabajo, que es donde hay comida”, agregó.

Otra característica de esta segunda ola es que los contagios han crecido de forma más rápida.

Lo dicen las cifras: el país duró 83 días para llegar a 1.000 casos el 28 de mayo. Los otros 1.000 los sumó en tan solo 22 días, el 19 de junio, cuando el ministro detalló que contabilizaban 2.058 enfermos.

En la primera curva de la enfermedad se daban 10 o 20 casos diarios, muy raramente subían de los 35. Para esta ola, difícilmente bajan de los 50 y el 19 de junio se escuchó el récord de 119. Este sábado, fueron 69.

En la primera tuvo un tope en los 564 casos activos, pero en la actual la cifra se duplicó. A este sábado, había 1.101 personas aún enfermas.

San Carlos y San Ramón están a la cabeza. En el primer cantón hay 161 enfermos y en el segundo 111. Le siguen San José (84), Heredia (82), Alajuelita (50), Upala (50), Los Chiles (47), Alajuela (45), Pococí (39), Desamparados (36), Nicoya (36), Puntarenas (26) y Limón (22).

La mayoría de estas regiones aparecen con baja calificación en el Índice de Desarrollo Social Cantonal. San Carlos, por ejemplo, tiene un índice de 44, donde el 100 de Escazú es el mejor. San Ramón (63), Nicoya (42), Puntarenas (40), Pococí (36), Upala (28), Limón (26) y Los Chiles (22).

Desamparados y Alajuelita son zonas con buen desarrollo humano: 72 y 69, respectivamente. Pero, allí conviven familias de diferentes condiciones sociales.

Las características de los nuevos grupos poblacionales a los que ataca el virus hacen que sea más difícil el aislamiento.

En la primera ola, los grupos familiares no superaban las cinco personas. Ahora, afecta a personas que habitan en viviendas compartidas.

“En la primera ola si acaso se contagiaba la gente de la casa. Con esta segunda ola, por las características de trabajo y de vivienda se puede dar origen a 20 o 30 casos”, especificó Guzmán.

A esto se le suman casos en zonas urbanas, donde las personas no han dejado de enfermar y tienen características más similares a las de la primera ola.

“(Esta ola) no está en términos de una transmisión comunitaria ampliada, donde ya hay transmisión difusa, ya hay transmisión intensa; pero siempre existe una transmisión mayoritaria en ciertas zonas”, destacó Daniel Salas.

“Estos son casos que, desde que los identificamos desde antes como contactos, se les pide cuarentena y se les da seguimiento, entonces ya sabemos de dónde podrían salir. Es decir, muchos de los casos que están saliendo nuevos y que se oyen en las conferencias de prensa ya estaban en aislamiento”, agregó.

Esta ola sí tiene un pico más empinado que representa un desafío para las autoridades y especialistas de salud, quienes modificaron su estrategia.

“Estamos corriendo a buscar los casos, y, como dicen ‘el que busca, encuentra'. La cantidad de casos lo que quiere decir es que estamos trabajando para encontrarlos. Si yo no trabajo de esta forma se me acumulan los casos y cuando nos damos cuenta colapsan los hospitales”, indicó Melvin Anchía, epidemiólogo de la región Huetar Norte.

De un lado a otro

Guiselle Guzmán, jefa del Área de Salud Colectiva de la CCSS, detalló más sobre el tipo de población que encuentran afectada, pues no solo se trata de trabajadores que migran de un sitio a otro.

“También son personas con menos acceso a agua potable, algunas no tienen, otras solo un tubito para varias personas. También son gente con mucho mayor riesgo en caso de lluvias, de las que requieren de albergues en situación de inundaciones”, especificó Guzmán.

Se suma la dinámica social en las regiones transfronterizas, que es muy diferente de la que muchos josefinos o vallecentralinos imaginan.

“La gente cree que las fronteras son sitios de separación, pero la gente que vive ahí no vive separada. Hay quienes viven en un país y trabajan en el otro y se pasan de un país al otro el mismo día. O hay nicaragüenses que llevan en territorio tico más de 30 años y siempre han trabajado aquí, se casaron y tuvieron hijos y nietos aquí”, añadió.

Además, el trabajo define cómo vive y dónde vive. Esa situación ha sido un elemento determinante en los contagios de en últimas semanas.

“Los casos pueden comenzar en una empacadora, que tiene una forma de trabajo en donde las personas están cerca una de la otra, pero además, cada caso tiene su familia, vive con más personas, hay vecinos que muchas veces tienen una dinámica de entrar y salir de las casas donde hay un caso, también a ellos hay que buscarlos, tamizarlos, para poder contener la enfermedad lo más posible”, explicó Melvin Anchía, encargado de coordinar el trabajo de campo epidemiológico en San Carlos.

Esta ola se ‘surfea’ diferente
Equipos de CCSS y otras entidades realizan un intenso trabajo de campo en la zona norte, en busca de casos de covid-19. Foto: Cortesía CCSS
Equipos de CCSS y otras entidades realizan un intenso trabajo de campo en la zona norte, en busca de casos de covid-19. Foto: Cortesía CCSS

“Con las olas pandémicas es como con el surf: hay que saber manejarlas para que no nos boten cuando estamos en lo alto”, expresó la pediatra infectóloga y exministra de Salud María Luisa Ávila, quien lideró las acciones con la anterior pandemia de AH1N1 en 2009 y 2010.

Ávila indica que en este momento con la covid-19 hubo que hacer un cambio de estrategia para “surfear”.

“Hasta ahora vamos surféandola bien”, afirmó.

¿Cuál es la diferencia de esta estrategia? Para los especialistas consultados, el control no se logra esperando a que los casos lleguen.

Aunque haya vigilancia en Ebáis o centros de salud, muchas personas no llegan a estos lugares porque no tienen seguro y se encuentran en el país de manera irregular.

Por esa raźon, los funcionarios van a los lugares de trabajo donde hay casos positivos y tamizan la mayor cantidad de gente posible.

Para Guiselle Guzmán, el secreto de Costa Rica está en la atención primaria con los asistentes técnicos de atención (ATAP) y con el seguimiento a nivel de Ebáis y clínicas.

“Abordo, aíslo, vigilo y doy seguimiento. No me puedo dar cuenta de si hay riesgo si no lo busco. Por ejemplo, tengo a un equipo de gente que viene saliendo de la Trocha (fronteriza), ahí había un caso dio positivo, pero generó contactos, hay que buscarlos y darles seguimiento”, explicó Anchía.

Con él coincide Guzmán: “en un barrido de casos, donde vamos y hacemos 100 pruebas en sitios donde ya hay positivos, puede ser que nos encontremos 32 casos, de los cuales tal vez solo 12 tenían síntomas. Estamos buscando activamente los casos sin esperar a que lleguen a nosotros. Estas personas tienen otro contexto social, no todos tienen seguro, entonces si se sienten enfermos más bien se esconden, lo que necesitamos es buscarlos para que no transmitan más la enfermedad”.

De esta forma es como han salido muchos de los casos de esta segunda ola, gracias a que se fueron a buscar y no esperaron a que llegaran a centros de salud.

“Si nos esperamos a que nos lleguen es posible que nos lleguen ya directo a hospitalizarse”, dijo Anchía.

Precisamente, por la detección en empresas es que Daniel Salas ha sido tan enfático en las responsabilidad de los empresarios sobre las condiciones que ofrecen a sus trabajadores, en aspectos tan básicos como la disponibilidad de agua y jabón, además como espacios ventilados.

Los principales focos de esta segunda ola han estado en San Carlos, principalmente La Fortuna, Peñas Blancas de San Ramón y más recientemente Los Chiles, donde esta semana se encontraron 36 enfermos vinculados a una piñera.

Un equipo encabezado por el ministro de Seguridad, Michael Soto, recorre la zona norte y hasta este jueves habían cerrado 13 empresas por incumplimientos sanitarios.

Precisamente, este sábado, la CCSS hizo un recuento de lo que ha encontrado en un rastreo de 120 fincas agrícolas donde evaluó a 1.556 trabajadores. De ellos, 426 (27%) no tienen seguro. Se trata de 233 costarricenses y 193 extranjeros.

Por ejemplo, descubrió que 34 patronos no aseguran a sus empleados.

No solo en Costa Rica

Las características de una segunda ola que golpea a los más vulnerables no es exclusiva de nuestro país.

Esto sucedió, por ejemplo, en Singapur. A finales de abril brotes en los dormitorios donde viven trabajadores (en su mayoría, extranjeros) encendió las alarmas. Estos lugares consisten de cuartos con camarotes en donde duermen varias personas. En un virus tan contagioso, la transmisión fue rápida. El repunte logró controlarse, pero esta población sigue siendo la más vulnerable al contagio.

Lo mismo vive Uruguay en la zona fronteriza con Brasil.

“El coronavirus está llegando a más gente que ya estaba empobrecida. Este grupo está en riesgo económico y de salud. Son vendedores ambulantes e informales que comían lo que podían comprar con lo que conseguían en el día. Cuando vuelven a casa después de exponerse durante el día, viven con un gran número de personas en la misma casa pequeña y precaria”, describe Rafael Cruz, relacionista internacional al medio uruguayo RFI.

En Estados Unidos, aunque no han salido de la primera ola, también se han dado brotes en empresas de maquilas en las que los trabajadores tienen una situación social difícil.