Irene Rodríguez. 27 septiembre
El estrés es una respuesta normal del cuerpo ante momentos de mucha tensión, pero si este se acumula de forma crónica puede pasarle la factura al cuerpo, el corazón sería de los órganos que más sufren.
El estrés es una respuesta normal del cuerpo ante momentos de mucha tensión, pero si este se acumula de forma crónica puede pasarle la factura al cuerpo, el corazón sería de los órganos que más sufren.

La vida nos cambió drásticamente desde marzo pasado, cuando llegaron los primeros casos de covid-19.

A muchos los mandaron a trabajar a sus casas. Los estudiantes fueron enviados a casa, y esto lleva a problemas cotidianos que antes no se veían: dificultades mayores de conexión a Internet, más tareas domésticas, el convivir más tiempo bajo un mismo techo sin la facilidad de salir a despejarse como se tenía antes.

También hay quienes experimentan miedo a contagiarse (o a complicarse, en caso de que ya tengan la enfermedad), preocupación por las personas de la familia de más riesgo.

Y a esto se le unen problemas económicos, miedo a perder el trabajo, desempleo, reducciones de jornada laboral e incertidumbre para mantener el hogar.

Todo esto genera estrés y puede, eventualmente, desencadenar daños en el corazón, y ese es precisamente uno de los mensajes que la Asociación Costarricense de Cardiología (Acocar) tiene para el día Mundial del Corazón, que se celebra este martes 29 de setiembre.

“La población no solo se está enfrentando con una enfermedad nueva, si no con una nueva forma de vida y este cambio puede generar estrés. Es un doble reto, vivir con el virus y con las nuevas reglas del juego”, comentó la cardióloga Gabriela Castillo.

“No podemos trabajar en función de lo que éramos antes, ni exigirnos a nivel personal lo que antes nos exigíamos, debemos cumplir con nuestro trabajo sí, pero en las demás áreas de la vida no exigirnos tan fuertemente, no estamos bajo las mismas condiciones”, añadió.

Daniel Quesada, cardiólogo y presidente de Asocar, indica que hay dos vías en las que el estrés afecta el corazón.

“Está el daño causado a través del tiempo, poco a poco, y el que se da de forma más rápida, aunque esto no quiere decir que sea inmediata. Esto es más común en personas con personalidad tipo A, que siempre andan en carreras, se preocupan mucho, son más coléricos, tienen una baja tolerancia a la frustración”, expresó el especialista.

En el caso de las personas que ya tienen una cardiopatía, los efectos del estrés pueden ser mayores, dado que el órgano ya está debilitado.

“En estas personas, además, saberse que son de alto riesgo por ser cardiópatas les aumenta la ansiedad”, manifestó Castillo.

Esto es especialmente importante, dado que las enfermedades cardiovasculares se mantienen como principal causa de muerte en el país, el año pasado cobraron unas 6.000 vidas.

¿Cómo daña el estrés al corazón?

Según Castillo, el estrés nos activa nuestras funciones de alerta para cuando nos encontramos ante un peligro.

“El corazón es una bomba, y su bombeo de sangre va relacionado a lo que el cuerpo necesita. Cuando estamos ante estrés se liberan muchas hormonas. El cuerpo siente que viene una situación de la que se tiene que defender, entonces se pone a trabajar más”, expresó.

Quesada complementa: “el estrés crónico, cuando se mantiene durante bastante tiempo, afecta aún más”.

Pero para el especialista hay algo que va más allá: “las tensiones también generan cambios conductuales en el estilo de vida que repercuten en la salud del corazón; hacen que uno no coma bien, que coma más comidas ‘chatarra’ y menos alimentos saludables, que uno no se ejercite, y todo esto impacta en la salud del corazón y de todo el cuerpo”.

La literatura científica también habla de afectaciones de las emociones en la salud del corazón.

En el 2014, un estudio de la Universidad de Pittsburgh, publicado en la revista Biological Psychiatry, señaló que las emociones negativas (estrés, tristeza, ansiedad, ira, nerviosismo) aumentan el nivel de sustancias químicas inflamatorias en el organismo. Estas aumentan el riesgo de arteriosclerosis –mal en el que una placa de colesterol, grasa y calcio se forma en las arterias y dificulta el paso de la sangre–.

Antes de eso, en el 2008, una investigación del Colegio Universitario de Londres, divulgada en la revista The Lancet, señaló que quienes poseen niveles muy altos de estrés laboral, sufren ataques de ansiedad o pánico o son depresivos, tienden a canalizar emociones a través de comida, licor y sedentarismo, lo que también sube el riesgo de infarto o derrame cerebral.

Posteriormente, en 2017, científicos de la Universidad de Múnich en Alemania y el Centro Alemán para la Salud Ambiental hallaron que la carga hormonal que se activa cuando los niveles de estrés, depresión o ansiedad son muy altos y constantes en el tiempo, es elevada. Estos descubrimientos se publicaron en la revista Atherosclerosis.

Ese mismo año, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard notaron que la gente con niveles muy altos de estrés, tenían inflamación en la aorta y médula ósea. Entre más crónico era el estrés, mayor era la inflamación en estas áreas. Los resultados se publicaron en la revista The Lancet.

¿A qué se debe? Los científicos presumen que, en periodos de estrés, la amígdala puede enviar a la médula espinal órdenes para que produzca mayor cantidad de glóbulos blancos, lo que podría causar mayor inflamación en la aorta. Esto, a su vez, dificultaría el paso de sangre, favoreciendo la posibilidad de infarto o derrame cerebral.

¿Cómo controlar la tensión?

Los especialistas son conscientes de que la solución no es tan fácil como decirle a las personas “no se estrese” o “no se deprima”, pues es algo que no está en control del individuo.

“Es buscar formas de manejar el estrés”, enfatizó Quesada.

“El ejercicio ayuda mucho, moverse, mantenerse activos de forma constante en algo que nos guste. También buscar distracciones que le ayuden al cuerpo a relajarse, hacer algo que nos gusta. Y dormir bien. Dormir lo adecuado es vital para la salud del corazón”, agregó.

Para Castillo hay una regla de oro: “no se ponga plazos con esta nueva normalidad. Cuando esto comenzó decíamos ‘es un par de meses nada más', luego se comenzaron a aumentar, si nos estamos poniendo plazos esto va a aumentar la ansiedad”.

Y añadió: “trabajar en función de lo que éramos antes nos hace daño”.

Para Quesada, si estamos de teletrabajo, también es importante delimitar los espacios del hogar para trabajo y para la recreación y para el descanso.

Dedicar tiempo a las personas queridas, aunque sea a través de reuniones virtuales, y dedicarse tiempo a uno mismo también es clave, de acuerdo con los profesionales.

Para ayudar con este propósito la Asocar tendrá este martes 29 de setiembre, en su sitio de Facebook, una jornada de diferentes transmisiones en vivo con consejos de cómo cuidar el corazón.