Irene Rodríguez. 5 marzo
Para el demógrafo Luis Rosero, uno de los factores que ha mantenido estable el comportamiento de la pandemia en Costa Rica es el uso de mascarillas. Sin embargo, según su criterio, esta medida debió recomendarse desde antes. Fotografía: Rafael Pacheco
Para el demógrafo Luis Rosero, uno de los factores que ha mantenido estable el comportamiento de la pandemia en Costa Rica es el uso de mascarillas. Sin embargo, según su criterio, esta medida debió recomendarse desde antes. Fotografía: Rafael Pacheco

¿Cómo le fue a Costa Rica durante su primer año en la lucha contra la covid-19? Si se le pregunta al demógrafo Luis Rosero Bixby, dirá que los indicadores más importantes para determinarlo están relacionados con los fallecimientos.

“Podemos medir la severidad de la pandemia si vemos cómo se han comportado las muertes en diferentes circunstancias”, manifestó el investigador del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica (CCP-UCR), la tarde de este jueves, durante una charla virtual.

Hay dos valores clave para entender el comportamiento de los decesos.

El primero es la letalidad, que es el porcentaje de personas que se infectan con el virus y fallecen. En Costa Rica, la letalidad de la covid-19 es de un 1,37%. Es decir, ha fallecido el 1,37% de las personas reportadas con la enfermedad.

El segundo es la mortalidad, que se define como la cantidad de muertes en un lugar en relación con su número de habitantes. En territorio nacional, la mortalidad por covid-19 durante estos 12 meses ha sido de 538 por cada millón de habitantes.

¿Qué quiere decir esto? Para ejemplificar, Rosero comparó la mortalidad de Costa Rica con la de los otros países de Iberoamérica: todos los de habla española y portuguesa de América y el Caribe, así como España y Portugal.

El análisis tomó en cuenta 20 países. De ellos, Costa Rica está dentro de los cinco con menor mortalidad; ocupa el quinto lugar.

Los cinco con menor mortalidad son Cuba, con 20 decesos por millón de habitantes; Uruguay, con 150; República Dominicana, con 350; El Salvador, 370, y Costa Rica, con 538 por millón de habitantes.

“Costa Rica está en el grupo de los cinco mejores con menor mortalidad acumulada. En resumidas cuentas: en el país la severidad ha sido menor que en el resto de Latinoamérica. Lo hemos hecho bien, pero podríamos haberlo hecho mejor, como lo demuestran los datos de Cuba y Uruguay”, aseguró el científico.

Si se toma en cuenta solo el 2021, Costa Rica tiene el tercer lugar con menos mortalidad, luego de Cuba y Uruguay.

La situación es muy diferente en los cinco con mayor mortalidad: México, con 1.800 por millón de habitantes; Perú, 1.620; Panamá, 1.500; Colombia, 1.350, y Bolivia, 1.340.

“Si nos comparamos con México, Perú o Panamá, la mortalidad de Costa Rica es la tercera parte o menos. Es un logro importante”, recalcó Rosero.

Impacto a lo largo del tiempo

Rosero destaca cuatro momentos en el comportamiento de los fallecimientos este año.

1. De marzo a mediados de junio: la pandemia estuvo contenida, el número de muertes era casi nulo y transcurrían semanas sin ninguna.

2. De julio a mediados de octubre: se da la mayor expansión de la pandemia medida por la mortalidad. “La curva de mortalidad asciende rápidamente”, observó Rosero.

3. De mediados de octubre a finales de enero: un periodo de máxima mortalidad con “algunos valles”, cuando se estuvo entre 300 y 500 defunciones por mes, entre 10 y 20 por día.

4. Febrero y marzo: contracción, los decesos caen a menos de ocho al día.

“Costa Rica fue muy exitosa hasta julio, mientras que otros países tenían tasas elevadas. Cuando se dio un ascenso de muertes, no fue tan empinado como en otros países”, expuso el especialista.

Por edades
Las hospitalizaciones se mantuvieron en números superiores a 600 entre octubre y diciembre, para luego bajar. Este jueves se reportaron 237. Fotografía: Roberto Carlos Sánchez
Las hospitalizaciones se mantuvieron en números superiores a 600 entre octubre y diciembre, para luego bajar. Este jueves se reportaron 237. Fotografía: Roberto Carlos Sánchez

Tanto en la letalidad como en la mortalidad, cuanto mayor la edad, mayores las muertes.

“Una persona de 90 años o más tiene más del 30% de probabilidad de fallecer si se le diagnostica covid-19”, precisó Rosero.

“Los menores de 40 tienen una letalidad casi nula (...); el aumento comienza a partir de los 70 años”, añadió.

Para él, el problema con la letalidad es que no todos los casos de covid-19 se toman en cuenta, porque no todos se reportan. Esto es difícil con los leves y asintomáticos.

En cuanto a la mortalidad, un 2% de los mayores de 90 años ha fallecido por covid-19. Esto también baja según la edad: por debajo de los 50 años, es menos del 0,1%.

De los perecimientos, el 30% se da en mayores de 80 años. Solo un 10% se ve en menores de 40.

“Esto es importante: nos dice que cuando se vacunen todas las personas mayores de 58 años, se podría evitar el 80% de las muertes. Con solo vacunar a todos los mayores de 80 años ya se podría evitar el 30%”, afirmó Rosero.

Curva de casos reportados

Costa Rica ha tenido una evolución particular en comparación con otras naciones.

“Si no se hubiera hecho nada, ni se hubieran tomado medidas, la curva habría subido muy rápido y hubiéramos tenido, en cuestión de dos o tres meses, 16.000 casos al día. Esto hubiera sido catastrófico, hubiéramos tenido unas 20.000 muertes en tres o cuatro meses”, ejemplificó Rosero.

“La curva que realmente tuvimos, con todas las medidas, llegó a un pico cercano a 1.500 casos en setiembre”, recordó.

La ola aquí se caracterizó por un aumento a partir de junio y una meseta que alcanzó su pico en setiembre. Dicho máximo tuvo forma de meseta sostenida y bajó abruptamente en enero.

“La curva de Costa Rica es peculiar. Nosotros hemos tenido una sola ola, otros países han tenido dos y tres”, añadió Rosero.

La oleada de infecciones en el país vino de manera tardía, situación que el especialista califica como “muy buena”, pues dio tiempo para preparar los hospitales.

Velocidad de transmisión

La tasa de contagio, o tasa R, ha tenido un comportamiento fluctuante.

Esta representa a cuántas personas podría infectar, en promedio, un portador del virus. Si es igual a 1, las infecciones se mantienen constantes; si es mayor a 1, los casos irán en ascenso, y si es menor a 1 bajarán.

“Es como el velocímetro del carro; no me dice cuánto llevo ni cuánto me falta por llegar, pero sí la velocidad”, puntualizó Rosero.

Al inicio, la tasa estuvo por encima de 2, pero rápidamente se impusieron restricciones y esto logró bajarla por debajo de 1.

Conforme se levantaron las medidas y se perdió la trazabilidad de casos, la tasa R volvió a subir. En mayo volvió a superar la unidad.

Las recomendaciones de uso de mascarillas volvieron a bajar el índice a finales de junio.

Volvió a subir en setiembre, pero poco después se hizo obligatoria la mascarilla en todos los espacios cerrados. En octubre volvió a descender.

Finalmente, este enero se registró la mayor baja.

“Nuestro problema fue que permitimos que la tasa se mantuviera por encima de 1 por mucho tiempo, porque perdimos trazabilidad de casos y porque tardamos mucho en recomendar las mascarillas”, subrayó.

A futuro

¿Qué pasará en este segundo año de pandemia? En el futuro inmediato, Rosero prevé que el país se estabilizará en torno a los 300 casos diarios y no se bajará más.

El especialista no descarta olas durante este 2021, pero no con tanto impacto.

¿Llegaremos a la inmunidad este año? Esta se obtendría si se imuniza al 80% de la población (cuatro millones), ya sea por vacunación o por infección natural.

Rosero se mantiene cauto, pues mucho depende de la velocidad en el proceso de inoculación.

“Si se logra tener un buen ritmo de vacunación, si se hace un enorme esfuerzo, en el segundo semestre deberíamos estar vacunando 150.000 dosis semanales, con eso podríamos tener una inmunidad colectiva a finales de año”, concluyó.