Irene Rodríguez. 9 noviembre
Las infecciones por la bacteria del neumococo son de las que más han bajado después de la introducción de las vacunas. Fotografía: Archivo
Las infecciones por la bacteria del neumococo son de las que más han bajado después de la introducción de las vacunas. Fotografía: Archivo

La resistencia a los antibióticos es uno de los grandes desafíos modernos. Esto debido a bacterias que, en su lucha por sobrevivir, se vuelven más fuertes que los medicamentos que las combaten.

En esa batalla sin tregua, la medicina ha encontrado como aliadas a las vacunas. ¿Por qué? Si un sistema de salud adopta una política pública de vacunación contra determinado patógeno, las infecciones se reducirán en gran medida.

Así habrá menos bacterias que realmente impacten la salud de las personas. Y, en los pocos casos en que lo hagan, será más probable que funcione un único tratamiento y no se tenga que recurrir a más. Lo anterior, reducirá las posibilidades de que se genere una resistencia a los fármacos disponibles.

La explicación parece lógica, pero es ahora cuando los científicos la están viendo como parte de la estrategia.

Este fue uno de los temas desarrollados durante el Congreso Médico Nacional, que se realizó esta semana en el Hotel Crown Plaza. En esta ponencia, la infectóloga pediatra y exministra de salud María Luisa Ávila, habló de cómo, aunque las vacunas no son la única solución, sí dan una luz de esperanza.

“La resistencia a los antimicrobianos es un problema muy serio. Se calcula que para el 2050 van a morir más personas porque no se encontró un medicamento capaz de combatir la fuerza desarrollada por algunos microorganismos”, manifestó Ávila a La Nación.

Ávila aseguró que en Costa Rica la vacunación sí ha permitido minimizar este problema de la resistencia y ofreció ejemplos.

“El neumococo (bacteria que causa neumonía, otitis y otras complicaciones respiratorias) iba para arriba. Y los tratamientos cada vez eran más fuertes. Desde que se introdujo la vacuna, las infecciones bajaron. Ahora, las que llegan, las tratamos con algo tan simple como la penicilina y ya no se ven las complicaciones que se veían antes en los pacientes”, señaló la especialista.

Lo que Ávila afirma no es antojadizo y los datos de eficacia para bajar la resistencia a los medicamentos no se ven solo en nuestro país. Una publicación en la revista Nature Medicine en enero pasado, enfatizó que el aumento en la cobertura de la vacunación contra el neumococo bajó, en el mundo, en un 47% el uso de antibióticos y la resistencia a la penicilina se redujo en un 62%.

“Por ejemplo, si se vacunara a todos los niños del planeta contra la infección por Streptococcus pneumoniae, (una bacteria que puede causar neumonías, meningitis e infecciones del oído medio) se podrían evitar anualmente alrededor de 11 millones de días de tratamiento con antibióticos”, cita la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su sitio de Internet.

El asunto va más allá. Es posible que vacunas que no han sido diseñadas para prevenir infecciones contra bacterias también jueguen un papel en la reducción de la resistencia. Por ejemplo, la vacuna contra la gripe.

Si bien la gripe no se trata con antibióticos (porque es un virus y los antibióticos no tratan infecciones virales), las vacunas antigripales no solo previenen esta enfermedad, sino que también disminuyen la probabilidad de infecciones bacterianas secundarias, como neumonía y otitis media.

Entonces, al prevenir las infecciones bacterianas secundarias también se reduce el uso de antibióticos.

Además, esto disminuye el hecho de que las personas usen antibióticos de manera incorrecta o se los automediquen, para tratar las infecciones causadas por virus.

Fármacos en desarrollo aumentan esperanzas

Hay otras vacunas que, aunque en este momento están en fase experimental y aún falta tiempo para su aprobación, podrían –en unos años– ayudar a combatir esta temida resistencia.

La razón es que muchos de estos productos en estudio buscan atacar directamente a bacterias en las que se utiliza gran cantidad de antibióticos y cuya resistencia es cada vez mayor.

Un ejemplo es la Clostridium difficile, una bacteria que acaparó titulares en Costa Rica en el 2009, cuando se registró un brote en el Hospital de San Juan de Dios y que acabó con la vida de 17 personas. Esta bacteria, que se caracteriza por causar diarreas, males digestivos y deshidratación, es una de las que más resistencia a antibióticos presenta.

Sin embargo, ya hay una vacuna en fase III de desarrollo (la última antes de su aprobación). Incluso, Costa Rica es uno de los países donde esa vacuna se está probando.

Lo mismo sucede con vacunas contra otras bacterias que se están analizando, como la de tuberculosis. La bacteria causante de esta enfermedad también es de las que más resistente se ha vuelto a los tratamientos, y no se vislumbran nuevos antibióticos que la dobleguen.

Otras vacunas que están en desarrollo previenen de infecciones de bacterias como Staphylococcus aureus y Streptococcus, que resultan mortales ante el poder que están adquiriendo.

Desde nuestra trinchera

Además de las bacterias, algunos hongos y parásitos también han desarrollado resistencia a los medicamentos que se usan para combatirlos. ¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que este problema se haga cada vez más grande? Tome nota.

1. Ingerir un antibiótico sin receta, no completar el tratamiento asignado por el médico o terminarlo de repente, son malas prácticas que deben evitarse a toda costa.

2. No acepte un antibiótico de una persona que no sea un médico. Estos fármacos solo pueden venderse con receta médica. Tampoco le sugiera a otra persona que tome algún medicamento contra determinado tipo de síntoma.

3. Si por alguna razón le sobra medicamento, no lo bote en un basurero ni lo tire por el desagüe. La única forma en que un antibiótico (e, idealmente, cualquier otro tipo de fármaco) puede desecharse es con ayuda de un profesional, por lo que la recomendación de oro es llevar los sobrantes a la farmacia.