Irene Rodríguez. 17 septiembre
El uso de las redes sociales en sí mismo no es malo, según los investigadores, el problema se da cuando se sobrepasan las tres horas al día. Foto: iStock
El uso de las redes sociales en sí mismo no es malo, según los investigadores, el problema se da cuando se sobrepasan las tres horas al día. Foto: iStock

El uso de redes sociales por más de tres horas al día en los adolescentes aumenta el riesgo de episodios de depresión, ansiedad y soledad. Así lo señala un estudio realizado con 6.595 jóvenes estadounidenses que tenían entre 12 y 15 años al inicio del reporte.

“Las redes sociales no son malas en sí mismas. Pueden representar una forma de comunicación muy útil para los adolescentes, un espacio de expresión, el problema se da cuando su uso se convierte en algo sistemático y los jóvenes las utilizan todos los días del mundo y por más de tres horas”, dijo en entrevista Kira Rihem, una de las investigadoras.

Ramin Motjatabai, su compañero de trabajo, agregó: "el tiempo que muchos jóvenes utilizan en estar pendientes de sus redes sociales es tiempo que le roban a otras actividades muy necesarias para su edad, como tener contacto cara a cara con su familia, con sus amigos, sentir abrazos, reírse, realizar actividad física y tener contacto con la naturaleza.

Los resultados de esta investigación, realizada por la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, fueron publicados en la más reciente edición de la revista JAMA Psychiatry.

¿Cómo se hizo el estudio?

Para llegar a estas conclusiones, Rihem y Motjatabai utilizaron los datos de una investigación mayor de la cual ellos participan: el Estudio de Tabaco y Salud en la Población (PATH).

Primero tomaron en cuenta a todos los adolescentes participantes y eliminaron de la muestra a quienes ya tenían algún tipo de trastorno mental diagnosticado antes del inicio del estudio.

Las pesquisas tuvieron tres fases: en el 2014, en el 2015 y en el 2016. En la segunda y tercer fase, los científicos volvían a buscar a los participantes de la primera fase para ver sus cambios en el tiempo en cuanto a actitudes y prácticas de uso de redes sociales. La salud mental y emocional se evaluaba antes de la primera fase (cuando se descartaron los jóvenes con algún trastorno mental) y en la última fase (para ver si el uso de redes sociales tuvo un impacto).

A todos se les preguntó, en cada una de las visitas, si tenían cuentas en redes sociales (en cuántas y en cuáles), qué tipo de uso les daban, durante cuánto tiempo al día.

En la última fase se les hicieron pruebas psicológicas para medir cómo estaba su salud mental en dos tipos de manifestaciones: las internas y las externas.

“Las manifestaciones internas tienen que ver con cómo actúa a lo interno nuestra salud mental: si tenemos episodios de depresión, ansiedad, soledad y autopercepción”, explicó Motjatabai.

“Y las manifestaciones externas tienen que ver con nuestra relación con las otras personas: romper reglas, violencia física hacia terceros, gritarle a alguien más, el causar caos en sitios públicos”, añadió el especialista.

El análisis de datos se hizo entre enero y mayo de 2019.

¿Qué vieron los investigadores?

Llamó la atención que el 16,8% dijo no utilizar estas redes del todo, al punto de que cerca de la mitad de este subgrupo ni siquiera había creado cuenta de usuarios.

Por su parte, el 12,3% admitía utilizar de tres a seis horas al día y el 8,4% reportaba más de seis horas.

Las redes sociales más utilizadas fueron TikTok y Snapchat y las menos Facebook y Twitter, que son más comunes en adultos y adultos jóvenes.

Cuando se analizó quiénes tenían algún tipo de desbalance en su salud mental o emocional, del total de la muestra, el 40,3% tenía algún tipo de manifestación en su salud mental: el 9,1% tuvo problemas con manifestaciones internas, el 14% de manifestaciones externas y el 17,7% de ambos.

Tras analizar esta situación con base en el uso de redes sociales, se vio que el riesgo de manifestaciones internas eran más del doble en quienes usaban estas formas de comunicación más de tres horas al día.

Esto no sucedió cuando solo se midieron las manifestaciones externas. Pero, al estudiar a quienes tenían manifestaciones de los dos tipos (tanto internas como externas a la vez) los investigadores notaron que el riesgo también aumentaba si el uso de las redes sociales era mayor.

Los investigadores no vieron diferencia según el sexo de la persona, tanto hombres como mujeres presentaban las mismas condiciones.

Posibles motivos
Los mundos perfectos que muchas personas simulan en sus perfiles de redes sociales pueden ser un factor que genera síntomas depresivos y ansiosos en adolescentes. Foto: 123rf.
Los mundos perfectos que muchas personas simulan en sus perfiles de redes sociales pueden ser un factor que genera síntomas depresivos y ansiosos en adolescentes. Foto: 123rf.

Los investigadores fueron enfáticos en que este estudio no buscó motivos específicos por los cuales los jóvenes con mayor uso de redes sociales son más proclives a depresión, ansiedad y soledad.

No obstante, sí dan algunas posibilidades de lo que puede ocurrir.

“El tiempo que se pasa en redes sociales puede aumentar el riesgo de experimentar ciberbullying, lo que está relacionado con síntomas depresivos. También puede exponer a los adolescentes al mundo que otras personas muestran en las que recrean una vida perfecta, lo que podría motivar comparaciones y dar una mala respuesta ante la imagen corporal. La falta de interacción cara a cara debido al uso de medios digitales también puede contribuir con síntomas de ansiedad y depresión”, cita el documento en JAMA Psychiatry.

Motjatabai complementa: “para algunos jóvenes la comparación constante con sus amigos o el ver que los otros participan de actividades donde ellos no fueron invitados puede motivar reacciones de ansiedad o depresión”.

Para Carina Castro Fumero, neuropsicóloga pediátrica costarricense, lo concluido en este estudio pone en evidencia que el cerebro adolescente aún está en desarrollo y esto lo puede hacer más vulnerable.

“Es importante recordar que el cerebro de los adolescentes esta en un contaste proceso de maduración. En este proceso las áreas de la corteza prefrontal son las protagonistas. El desarrollo de estas áreas finaliza alrededor de los 20 años, pero son zonas vitales, ya que son las encargadas del desarrollo del autocontrol, el razonamiento, la planeación, la regulación emocional, la planificación entre otras. Por todas estas razones el cerebro del adolescente es mucho mas vulnerable a todo lo que lo exponemos y en este caso a la tecnología”, destacó Castro.

¿Qué pueden hacer las familias?

Según Castro, son muchas las estrategias que las familias pueden tener para que los adolescentes no se expongan más tiempo de la cuenta a las redes sociales y a la tecnología.

“Es de gran importancia conversar con ellos sobre la seguridad online. Explicarles sobre el impacto y la huella digital que dejan cada vez que suben una foto de ellos, pero también cada vez que exponen su seguridad personal por medio de intercambio de información”.

Y añadió: “recordemos que nosotros somos un modelo para ellos y que van a imitar nuestra conducta. Debemos profesar con el ejemplo pero además demostrarles que tenemos control y que no tenemos la necesidad de tener siempre el teléfono encima”.

La especialista concluye en que el limitar el uso de la tecnología para que los adolescentes se expongan menos tres horas al día a las redes sociales es necesario, pero esto es solo parte de la ecuación.

“Lo mas importante es no perder los tiempos en familia, la comunicación, los paseos libres de tecnología y los espacios de unión. Únicamente estos momentos son los que les van a permitir a los adolescentes desarrollar una adecuada autoestima y unas buenas habilidades sociales, herramientas fundamentales para afrontar los desafíos de la vida”, concluyó.