Alberto Morales Bejarano. 5 septiembre

Para considerar que un adolescente disfruta de salud integral, debe reunir algunas condiciones básicas: gozar de un sentido positivo de identidad y autoestima; sólidas relaciones con la familia y los compañeros; ausencia de violencia, discriminación y consumo de cualquier tipo de drogas; oportunidad de aprender y ser productivo; capacidad de disponer de recursos culturales para potenciar al máximo su desarrollo y de las oportunidades de tomar decisiones; cultivar valores y cimentar las aptitudes sociales; y preocupación por la justicia mediante actividades colectivas.

También, debe tener un proceso de pubertad saludable, dormir lo suficiente, disponer de agua potable, respirar aire limpio, no sufrir lesiones, seguir una alimentación nutritiva y practicar deportes. En la adolescencia, se construye la salud sexual, que comprende la prevención de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, así como de los embarazos precoces o no deseados y los abortos peligrosos, y un proceso de aproximación a las relaciones sexuales desde la información, protección, respeto y consentimiento.

Las acciones urgen y el Consejo de la Niñez y la Adolescencia no debería ser único responsable de ejecutar coordinadamente acciones por tanto tiempo procrastinadas. El tiempo juega en contra.

Registros. El documento Aceleración mundial de las medidas para promover la salud de los adolescentes, de la Organización Panamericana de la Salud, enfatiza que para las Naciones Unidas, en palabras del secretario general, “los adolescentes son fundamentales para todo lo que deseamos lograr y para el éxito general de la Agenda 2030”. Invertir en la salud de los jóvenes implica un triple dividendo: para ellos mismos, para su futura vida adulta y para la generación venidera.

Desgraciadamente, en Costa Rica no tenemos ese grado de claridad y compromiso. Recientes encuestas confirman el abandono de esta población, el cual se extiende, en nuestro caso, a jóvenes de hasta al menos 30 años de edad.

En relación con la educación, el Sétimo Informe del Estado de la Educación, documenta que la matrícula en educación secundaria creció durante el período 2011-2018; sin embargo, 53.000 adolescentes entre los 12 y 16 años se encuentran fuera del sistema educativo. De acuerdo con el informe, el 8 % de quienes deberían asistir al tercer ciclo no lo hacen; a esto se suma un 23 % que debería estar cursando la educación diversificada. Además, solo el 28 % de las personas de 25 a 34 años ha tenido un logro universitario.

Otra de las revelaciones del informe radica en que los centros de educación secundaria más cercanos a los lugares donde se localizan eventos delictivos, como incautaciones de drogas u homicidios, presentan mayores niveles de exclusión.

Por otro lado, la V Encuesta Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población de Educación Secundaria, realizada el año pasado por el IAFA, encontró que la edad de inicio del consumo de alcohol bajó de los 14 a los 12 años de edad. Según esa encuesta, 27 % de las personas adolescentes admitieron haber consumido alcohol en el último mes. En el 2015, ese porcentaje era de 19,5 %.

Adicionalmente, aparece un problema que va en aumento en el mundo: el consumo de medicamentos opioides. En total, un 9,6 % indicó haberlos usado en los anteriores 30 días, mientras que un 6,3 % lo usó también en ese lapso, pero sin prescripción médica.

Esos valores superaron a los correspondientes a los medicamentos estimulantes y a los tranquilizantes, por los cuales ya se había preguntado en encuestas previas.

Las jóvenes. La Encuesta de Mujeres, Niñez y Adolescencia (EMNA), del INEC, Unicef y Ministerio de Salud, realizada en el 2018, dentro de un extenso e importante diagnóstico, muestra datos reveladores, entre ellos: 13,1 % de las mujeres entre 20 y 24 años tuvieron un nacido vivo antes de los 18, el 48,1 % identificó correctamente las formas de prevenir la transmisión del VIH y el 42,1 % informó que su pareja usó el condón la última vez que tuvo relaciones sexuales.

Además, se señaló que 49 % de las personas menores de 14 años viven en entornos violentos y 37 % de niños, niñas y adolescentes son pobres.

Estos factores, y otros más que quedan por mencionar, constituyen la tormenta perfecta para que esta población esté en franca desventaja y que esta situación atente contra el desarrollo humano de una nación.

Las acciones urgen y el Consejo de la Niñez y la Adolescencia, conformado por representantes de todas las instituciones gubernamentales relacionadas con niñez y adolescencia y que también cuenta con representación de organizaciones no gubernamentales y el sector privado, no debería ser único responsable de ejecutar coordinadamente acciones por tanto tiempo procrastinadas. El tiempo juega en contra.

El autor es médico pediatra.