Método de investigación se prueba en el país para medir efectividad de técnica en el trópico

Por: Michelle Soto 3 abril, 2017

La saliva dejada por el jaguar, cuando este se alimenta de las tortugas verdes (Chelonia mydas) que llegan a desovar al Parque Nacional Tortuguero, es aprovechada por los investigadores para conocer genéticamente a estos felinos.

Tortuguero es el escenario de un proyecto piloto liderado por las organizaciones Coastal Jaguar Conservation y Panthera, las cuales trabajan en conjunto con el Laboratorio de Genética de la Conservación de la Universidad de Costa Rica (UCR) y con la investigadora estadounidense Claudia Wultsch.

El objetivo del estudio es probar esta novedosa técnica en el trópico.

"Las muestras de saliva ya se habían utilizado para estudiar otros animales como lobos y osos en zonas templadas, pero en los trópicos esta sería la primera vez que se emplea. Es que la saliva se degrada muy rápido debido a la lluvia, la temperatura y la sal", explicó Stephanny Arroyo, investigadora de Coastal Jaguar Conservation.

De hecho, la recolecta de la muestra es una carrera contra el tiempo. Solo se toma saliva de tortugas que fueron depredadas en menos de 24 horas, ya que después de ese tiempo, el ADN puede degradarse por factores ambientales o contaminarse cuando otros animales carroñeros, como zopilotes, llegan a alimentarse.

Jaguar depredando una tortuga verde en el Parque Nacional Tortuguero.
Jaguar depredando una tortuga verde en el Parque Nacional Tortuguero.

Durante el 2016, los investigadores recolectaron 31 muestras. Ese año se contabilizaron 405 tortugas depredadas por jaguares (Panthera onca), principalmente de las especies verde (400 individuos) aunque también se registraron carey (dos quelonios) y baula (tres ejemplares).

"Vale aclarar que el jaguar no es considerado una amenaza para las tortugas marinas, ya que depreda menos del 3% de la población total que anida en el parque nacional", destacó Arroyo.

A partir de la saliva que el depredador deja en su presa, los investigadores buscan identificar la especie del carnívoro (ya sea felino u otro tipo de carnívoro), su sexo e incluso podrían individualizarlo para saber si es el mismo animal implicado en varios ataques.

"La idea es llegar al punto de identificar al animal responsable por la mordida así como otros que llegan a aprovechar los restos", detalló Arroyo.

De funcionar, esta técnica sería empleada como método de investigación en los casos de depredación de ganado en fincas agropecuarias.

"Si se da un ataque a ganado, la saliva nos podrá decir si realmente fue un jaguar, un puma o un coyote. También se podría saber si es el mismo animal que está atacando en un área determinada e incluso si es macho o hembra. La saliva tiene mucho potencial como herramienta para manejo", comentó Arroyo.

¿De dónde se extrae el ADN de los jaguares que viven en Tortuguero?
¿De dónde se extrae el ADN de los jaguares que viven en Tortuguero?
Rastreando el ADN de los jaguares

Desde el 2010, los investigadores y sus asistentes recorren, una vez a la semana, los 28,9 kilómetros de playa en Tortuguero. Mientras uno va buscando excretas, otro cuenta rastros de tortugas y huellas de felino. Una tercera persona cuenta tortugas depredadas y la cuarta toma la muestra de saliva.

Las excretas, los tejidos y el pelo que se encuentre, se recolecta cuidadosamente porque a partir de estos materiales se puede extraer el ADN de los animales. Incluso, los investigadores recurren a sangre de felinos atropellados para terminar de armar el rompecabeza genético de ciertas regiones.

Para tomar la muestra de saliva, lo primero que hace el investigador es identificar la mordedura o la herida que queda en la tortuga tras la depredación. Con un hisopo de algodón, previamente mojado en alcohol y secado por 10 segundos, se limpia. "Eso sí, con cuidado de que no se impregne de la sangre del animal", advirtió Arroyo.

Por cada mordida, los biólogos toman dos muestras. Estas se almacenan, individualmente, en un sobre de papel.

Ese material se envía tal cual al Laboratorio de Genética de la Conservación. Allí, la investigadora Sofía Soto realiza la extracción de ADN y prepara el material para enviarlo a Claudia Wultsch, quien finalmente ejecuta el análisis genético.

Con ese monitoreo genético, los investigadores esperan obtener información sobre conectividad (lugares por donde se desplazan los felinos), enfermedades (genéticas o no) y ecología (por ejemplo: uso de hábitat y presas de las que se están alimentando).

"Todas las muestras de ADN, tanto excretas como tejido, sangre y saliva, nos permitirá estudiar la diversidad genética de las poblaciones de jaguares para ver si esas poblaciones están aisladas o conectadas", explicó Arroyo.

Los primeros resultados a partir de saliva se esperan para finales del 2017.