
Imponerse un horario de vigilia o levantarse a las 5 sin respetar las necesidades individuales de descanso podría generar efectos negativos en la salud. Esta práctica deriva en un déficit crónico de sueño según explicó la neuróloga Celia García Malo.
García Malo, coordinadora de la Sociedad Española de Neurología (SEN), indicó que la privación de sueño impacta la energía diaria. Además, afecta de forma directa la regulación metabólica y el sistema inmunológico.
La especialista señaló que levantarse a esa hora no es un hábito saludable por sí mismo. El bienestar depende de la hora de acostarse y de la biología de cada individuo.
El cronotipo es fundamental en este proceso. Este concepto define la predisposición biológica a estar más activo en ciertas horas del día. Cerca de un 50% de las personas presenta un ritmo estándar.
Forzar cambios bruscos contra el ritmo biológico puede provocar insomnio. También disminuye la calidad del descanso y afecta la salud mental. Este patrón surge por factores genéticos y no por falta de disciplina.
Dormir menos de 6 horas de forma habitual aumenta hasta un 30% el riesgo de deterioro cognitivo. La falta de descanso se asocia con enfermedades como el alzheimer y la depresión.
El déficit de sueño incrementa el riesgo cardiovascular. Favorece la resistencia a la insulina y contribuye al aumento de peso. Durante la noche, el cerebro elimina sustancias neurotóxicas y consolida la memoria.
La neuróloga indica que la productividad no depende de la hora de levantarse. La clave reside en la calidad del descanso y su adecuación al cronotipo personal. Adoptar tendencias virales sin respaldo científico resulta perjudicial para el organismo.
La SEN recomendó abordar cualquier dificultad como la somnolencia diurna desde un enfoque médico. Una evaluación individualizada permite identificar causas subyacentes y establecer el tratamiento adecuado.
