Arturo Pardo V.. 26 noviembre, 2018
El desperdicio de comida genera un impacto negativo en la economía (por ingresos que dejan de percibirse o costos relacionados con las pérdidas) y en la sociedad, por la mala distribución de alimentos y la ausencia de alimentos que se requieren. Foto: Shutterstock
El desperdicio de comida genera un impacto negativo en la economía (por ingresos que dejan de percibirse o costos relacionados con las pérdidas) y en la sociedad, por la mala distribución de alimentos y la ausencia de alimentos que se requieren. Foto: Shutterstock

En promedio, una persona desperdicia 223 kg de alimentos por año. Se sabe que, con la cantidad de alimentos que se desperdician en Latinoamérica en un año, en puntos de venta, podría alimentarse a 36 millones de personas, lo cual es superior al número de personas con hambre en la región.

Para poner esto en mejor contexto, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Banco Mundial, desde esta zona se desaprovecha alrededor del 15% de sus alimentos disponibles.

Por si fuera poco, los alimentos desaprovechados tienen una huella hídrica de 250 km3; es decir el agua que se necesita para la producción en etapas como riego, procesamiento, lavado de producto y separación.

Estos números, por sí solos, parecen señales de alarma y un llamado de acción, pues en lo que se desaprovecha podría encontrarse la solución para una problemática urgente.

¿A dónde está el desperdicio?

Cuando pensamos en alimento desaprovechado, probablemente nos remitamos a la comida que teníamos en la refrigeradora y se nos puso mala antes de comerla, o a lo que dejamos en el plato sobre nuestra mesa en el restaurante que, sabemos, será echado a la basura. Sin embargo, en realidad este proceso de desaprovechamiento ocurre en diferentes etapas, desde la producción, hasta la distribución y el almacenaje.

Los perjuicios se hacen tangibles en la economía (por ingresos que dejan de percibirse o costos relacionados con las pérdidas), la sociedad, por la mala distribución de alimentos y la ausencia de alimentos que se requieren, así como en el ambiente, por la disposición de estos alimentos que no llegan a ser consumidos y deben ser tratados.

En nuestro país, hay contribuciones importantes en la misión de frenar el desperdicio de alimentos a nivel internacional y fortalecer los sistemas alimentarios sostenibles.

Desde el 2014, la Escuela de Agronegocios del Tecnológico de Costa Rica (TEC) coordina la Red Costarricense para la Disminución de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en un trabajo en conjunto con la FAO.

El esfuerzo mancomunado se ha tocado de diferentes formas, por ejemplo, con la elaboración de documentos de política pública, los diagnósticos de desperdicios en comedores institucionales y macrocadenas de producción, la guía de desperdicio para cocinas, así como capacitaciones relacionadas con esto.

A esto se suman trabajos de sensibilización y comunicación, por ejemplo, en la participación del Conversatorio Nacional Cero Desperdicio de Alimentos. Otros aportes son en la parte técnica, de investigación e innovación.

Laura Brenes Peralta, docente e investigadora de la Escuela de Agronegocios, así como coordinadora de la Red Costarricense para la Disminución de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos asegura que Costa Rica va avanzando como pionera en la región, en la búsqueda de determinación de las causas de este desperdicio, la misión de comprender aspectos de la cuantificación de las pérdidas y de la búsqueda de soluciones.

“Los beneficios de reducir el desperdicio implica una menor huella ambiental durante la producción y consumo de alimentos. También significa una mayor eficiencia productiva y competitividad a nivel de las empresas que tienen que ver con la producción y distribución de alimentos, así como un apoyo a la disponibilidad de alimentos para la población”, asegura.

Si la participación de nuestro país ha tomado un papel modelo a nivel de la región, en parte, es por el esfuerzo en conjunto en el que participan actores como la academia, el sector público, el sector productivo o privado y la iniciativa ciudadana.

Actualmente, desde el TEC se está manejando la revisión del Código Internacional de Conducta para la Prevención y Reducción de Pérdida y Desperdicios de Alimentos. Este documento funcionará aportando un marco de referencia para la gestión de pérdida de desperdicios de alimentos, así como para mejorar las prácticas de manejo durante el ciclo de vida de los alimentos.

De acuerdo a los avances que tenga, el comité de agricultura de la FAO acordó acoger esta propuesta para que se trabaje en la adopción del código. Este es un código voluntario, que incluye sugerencias para prevenir y disminuir el desperdicio de alimentos.